Archivo - Mosquito portador del virus del Nilo Occidental (VNO). - JUNTA DE ANDALUCÍA - Archivo
MADRID 23 Oct. (EUROPA PRESS) -
La Asociación Nacional de Empresas de Sanidad Ambiental (ANECPLA) considera fundamental reforzar la coordinación entre las autoridades sanitarias, los servicios de sanidad animal y los profesionales de la Sanidad Ambiental, desde un enfoque integral de prevención y control, para mejorar la vigilancia de los insectos vectores tras el primer caso humano del virus Shamonda.
"Este primer caso humano es una señal que debemos tomar en serio desde el punto de vista científico y preventivo, pero sin caer en alarmismos. Todavía hay cuestiones importantes por esclarecer y es fundamental que las decisiones se apoyen en la evidencia disponible y en la evolución de las investigaciones", señala Manuel García Howlett, director general de ANECPLA.
El virus Shamonda afecta principalmente al ganado bovino, aunque también se ha detectado en ovejas y cabras. Su transmisión entre animales se asocia a la picadura de pequeños insectos del género Culicoides, conocidos como jejenes. No se trata, por tanto, de los mosquitos más habituales en el entorno urbano, sino de otros dípteros hematófagos cuya actividad y distribución dependen, entre otros factores, de la especie, la localización y las condiciones meteorológicas.
El patógeno se detectó por primera vez en animales de granja en Europa durante el verano de 2026 y desde entonces se ha identificado en explotaciones ganaderas de distintos países europeos, entre ellos España. La identificación de una infección humana supone un nuevo escenario que requiere investigación, aunque por sí sola no demuestra que exista transmisión sostenida entre personas ni un riesgo generalizado para la población.
"La vigilancia de los vectores es una pieza esencial de la prevención. Para anticiparnos a posibles riesgos necesitamos conocer qué especies están presentes, dónde se encuentran, cuál es su actividad y qué patógenos pueden transmitir. Esa información permite orientar las medidas de control y actuar de forma proporcionada, en función del riesgo real", explica García Howlett.
En este sentido, ANECPLA recuerda que la gestión de los vectores debe basarse en criterios técnicos, vigilancia continuada y medidas adaptadas a cada entorno. La detección precoz, el seguimiento entomológico y la intervención profesional cuando esté indicada permiten mejorar la capacidad de respuesta ante situaciones emergentes.
Para ANECPLA, la principal lección de este episodio es la necesidad de abordar los riesgos sanitarios desde una perspectiva global. La salud humana, la sanidad animal y el medio ambiente están interrelacionados, por lo que la colaboración entre los distintos ámbitos resulta esencial para detectar cambios, compartir información y adoptar medidas preventivas eficaces.
"Los riesgos emergentes no entienden de fronteras entre disciplinas. La salud ambiental debe formar parte de una estrategia coordinada con la salud pública y la sanidad animal. Solo mediante la colaboración, el intercambio de información y el trabajo de profesionales especializados podremos mejorar nuestra capacidad de anticipación y respuesta", afirma Manuel García Howlett.