Las agresiones a enfermeras se duplican en ocho años, con 3.285 notificadas en 2025

Archivo - Imagen de recurso violencia en el ámbito sanitario.
Archivo - Imagen de recurso violencia en el ámbito sanitario. - ISTOCK - Archivo
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Publicado: jueves, 15 octubre 2026 18:29

MADRID 15 Oct. (EUROPA PRESS) -

El Observatorio Nacional de Agresiones a Enfermeras y Enfermeros, del Consejo General de Enfermería, ha registrado 3.285 agresiones durante 2025, más del doble de las notificadas hace ocho años, en 2017, cuando se puso en marcha el observatorio y se comunicaron 1.593.

Así se ha expuesto durante la mesa 'Cuidar a quienes cuidan: estrategias frente a la violencia en el ámbito sanitario', celebrada en el marco del XLII Congreso de la Sociedad Española de Calidad Asistencial (SECA), que se desarrolla en Gijón (Asturias) hasta este viernes.

En la sesión han intervenido el jefe del Servicio de Prevención de Riesgos Laborales del Consorci Sanitari Alt Penedès i Garraf, Genís Cervantes Ortega; el secretario general del Consejo General de Enfermería, Diego Ayuso Murillo; y el inspector Miguel Ángel Gil Ruiz, jefe de la Unidad Territorial de Seguridad Privada de la Comisaría Local de Gijón, perteneciente a la Brigada de Seguridad Ciudadana.

Los participantes han apuntado que las cifras de agresiones en el ámbito de la enfermería son, en realidad, mayores a las expuestas y que esta infrarrepresentación es consecuencia de que muchos profesionales no informan de la agresión por miedo, ansiedad o tendencia a normalizar determinados comportamientos.

Según los datos expuestos, el 77 por ciento de las agresiones registradas entre los profesionales de enfermería son verbales y el 23 por ciento, físicas. Las Urgencias hospitalarias concentran una parte importante de los incidentes, aunque también se producen en Atención Primaria (AP) y en la asistencia domiciliaria.

Entre los factores que desencadenan estos episodios se han señalado la insatisfacción con la atención recibida, los tiempos de espera, las demoras asistenciales y la diferencia entre las expectativas de los pacientes y las prestaciones que puede ofrecer el sistema sanitario.

Durante el debate se ha puesto de manifiesto la necesidad de homogeneizar los sistemas de registro y compartir información entre administraciones y organizaciones sanitarias, con el objetivo de contar con datos fiables para identificar los entornos de mayor riesgo, diseñar medidas preventivas y evaluar su eficacia.

CÓMO IMPACTA LA VIOLENCIA EN LOS TRABAJADORES

Uno de los temas abordados ha sido el impacto que tiene la violencia en la salud emocional de los trabajadores y en las propias organizaciones sanitarias. En este sentido, se han presentado resultados preliminares de un estudio multicéntrico impulsado por el Consorci Sanitari Alt Penedès i Garraf, en el que participan siete grupos hospitalarios públicos que reúnen a unos 10.000 profesionales.

A partir de los datos de 489 encuestas, se ha observado que los profesionales que han experimentado situaciones de violencia presentan peores indicadores de bienestar laboral y mayores efectos negativos asociados al trabajo. Estas consecuencias se intensifican a medida que aumenta la gravedad percibida de los episodios.

Los participantes en el debate han hecho hincapié en que el impacto de las agresiones no debe medirse solo por el número de lesiones físicas o bajas laborales que provocan, sino que se deben considerar las consecuencias psicológicas, las posibles alteraciones en la relación con los pacientes o su influencia en la toma de decisiones profesionales.

Con el objetivo de evitar la violencia, los ponentes han expuesto que los profesionales sanitarios pueden tender a aceptar demandas asistenciales no justificadas. Asimismo, han apuntado al incremento del deseo de cambiar de servicio o centro de trabajo.

ABORDAJE DEL PROBLEMA

Por todo ello, han subrayado la necesidad de abordar la violencia como un problema de seguridad laboral, salud organizacional y calidad asistencial, y no exclusivamente como una sucesión de incidentes individuales.

La mesa ha permitido conocer distintas experiencias orientadas a reducir los riesgos y mejorar la respuesta de las organizaciones ante situaciones de violencia. Tras ello, se ha puesto el foco en la formación de los profesionales en aspectos como técnicas de comunicación, gestión de conflictos y desescalada verbal.

En este contexto, los participantes han instado a promover una respuesta coordinada entre los centros sanitarios, las organizaciones profesionales y las fuerzas y cuerpos de seguridad, que ponga el foco en la prevención, protocolos de respuesta y mecanismos de apoyo a las personas afectadas.

Asimismo, han insistido en la importancia de promover una cultura de tolerancia cero frente a las agresiones, evitando normalizar los insultos, las amenazas o las intimidaciones como situaciones inherentes al trabajo sanitario.

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