Archivo - Imagen de recurso de ratones. - UAM - Archivo
MADRID 6 May. (EUROPA PRESS) -
La Organización Colegial Veterinaria (OCV) ha destacado que el brote de hantavirus pone de manifiesto la necesidad de que las políticas de vigilancia y respuesta frente a zoonosis incorporen de forma efectiva la perspectiva veterinaria, tanto en la identificación de reservorios y fuentes de exposición como en la evaluación del riesgo ambiental y la adopción de medidas preventivas proporcionadas.
"Este episodio ilustra con claridad la dimensión 'One Health' de las zoonosis: hablamos de un virus mantenido en reservorios animales cuya transmisión está vinculada a la abundancia de roedores, a su vez muy influida por las condiciones ambientales, que puede alcanzar al ser humano a través de un entorno contaminado y cuya correcta evaluación exige precisamente una mirada coordinada entre salud humana, animal y ambiental", ha explicado el veterinario e Investigador Científico del CSIC en el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC), Francisco Ruiz.
En este contexto, ha explicado que la vía principal de transmisión del hantavirus es ambiental, vinculada a excretas de roedores infectados durante años y no la convivencia ordinaria con personas que hayan podido estar expuestas. "Solo algunas variantes concretas, como el virus Andes, han mostrado capacidad limitada de transmisión interpersonal, generalmente en contextos de contacto estrecho y prolongado", ha aclarado Ruiz.
Desde el OCV señalan que en el caso del brote investigado en el crucero, todavía no se ha identificado de forma definitiva si la exposición se produjo antes del embarque, durante el viaje o en el propio buque, si bien, atendiendo al período de incubación de los primeros afectados, es posible que pudieran haberse infectado fuera del barco. Tampoco se ha aclarado si ha existido transmisión entre personas. "Por ello, desde el punto de vista técnico, resulta clave distinguir entre exposición ambiental, infección confirmada y enfermedad clínica", añade.
Así, ha matizado que la prevención frente a los hantavirus se basa principalmente en evitar la exposición a roedores y a sus excretas. Las medidas más relevantes son el control de roedores, la ventilación de espacios cerrados, la limpieza en húmedo de zonas potencialmente contaminadas, la desinfección de superficies, evitar barrer en seco lugares con heces u orina de roedores y mantener una adecuada gestión de residuos y alimentos.
En Europa, la situación epidemiológica es muy diferente a la descrita en determinadas regiones de América, de donde en la Organización Mundial de la Salud confirmó la cepa responsable del origen del brote. De los hantavirus europeos no se ha descrito transmisión de persona a persona en ningún caso documentado hasta ahora. La excepción epidemiológicamente relevante es el virus Andes, presente en algunas zonas de América del Sur, para el que sí se ha documentado transmisión limitada entre personas en contextos de contacto estrecho y prolongado, siendo el brote iniciado en el crucero.
La infección humana se produce principalmente por inhalación de polvo o aerosoles contaminados con esas excretas, especialmente en espacios cerrados, mal ventilados o con presencia de roedores. También puede producirse por contacto directo con roedores vivos o muertos, aunque la mordedura o el arañazo son vías menos frecuentes.
En España, la infección por hantavirus tiene una presencia muy limitada. Según los datos del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades, España no notificó casos de infección por hantavirus desde 2019 hasta los últimos datos conocidos de 2023. En el conjunto de la Unión Europea y el Espacio Económico Europeo, en 2023 se notificaron 1.885 casos, con una tasa de 0,4 casos por cada 100.000 habitantes, una de las más bajas del periodo analizado y con 3 personas fallecidas en Estonia, donde el virus, por las condiciones ambientales, tiene una presencia mayor.