Los niños que duermen menos de lo necesario podrían sufrir problemas del estado de ánimo con la edad

Actualizado 04/01/2012 14:31:29 CET
Descansar Mejora El Estado De Ánimo De Los Niños
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MADRID, 4 Ene. (EUROPA PRESS) -

Los niños que duermen menos de lo necesario podrían sufrir alteraciones del estado de ánimo con la edad, según sugiere un estudio desarrollado por la University of Colorado, en Estados Unidos, con niños de edades entre los 2 y los 3 años, en quienes comprobaron que un sólo día sin dormir siesta aumentaba su ansiedad y reducía sus niveles de interés, alegría y capacidad de comprensión.

Según la profesora de la University of Colorado Monique LeBourgeois, líder de este estudio, que aparece ya en la edición 'on line' de 'Journal of Sleep Research' y saldrá en su próximo número, los resultados indican que un sueño insuficiente altera la expresión facial de los más pequeños, que responden a los acontecimientos emocionantes de forma menos positiva y con mayor negatividad a los sucesos frustrantes.

"Muchos niños pequeños no duermen lo suficiente en la actualidad y para ellos, las siestas que realizan durante el día son una forma de asegurarse de que sus 'depósitos de descanso' están llenos cada día", señala la experta.

A su juicio, este trabajo muestra "que un sueño insuficiente, provocado por saltarse las siestas diurnas, se paga en la forma en la que los niños expresan sus distintos sentimientos y con el tiempo, puede dar forma a su desarrollo emocional cerebral y ponerles en riesgo de desarrollar problemas anímicos con la edad".

Para realizar este estudio, el equipo de LeBourgeois valoró la expresión emocional de niños sanos a los que se les privó de su siesta una hora después de haber pasado el tiempo en el que, normalmente, habrían estado descansando. Después les estudiaron otro día, después de realizar su siesta rutinaria.

El trabajo, cuyos autores creen que podría ser el primero que observa los efectos experimentales de la pérdida de sueño en la respuesta emocional de los niños, indicó que 'saltarse' la siesta --que en este caso era de 90 minutos-- hacía que los menores fueran incapaces de disfrutar las experiencias divertidas con plenitud, demostrando alegría e interés, y de adaptarse a nuevas frustraciones.