Publicado 21/04/2021 13:58CET

La falta de conocimiento sobre antibióticos en mayores y la mala comunicación médico-paciente, retos de Salud Pública

Investigadores del CIBERESP en el IDIS-USC
Investigadores del CIBERESP en el IDIS-USC - CIBERESP

MADRID, 21 Abr. (EUROPA PRESS) -

Las carencias en el conocimiento de los antibióticos y las consecuencias sobre su consumo en la población mayor de 65 años, son unos de los mayores retos que deben afrontar los expertos en salud pública, así como la mala comunicación médico-paciente y falta de confianza en personas menores de esa edad, que se traduciría en una prescripción innecesaria, según un estudio firmado por investigadores españoles.

El artículo sobre los factores de uso de los antibióticos en España del CIBER de Epidemiología y Salud Pública, CIBERESP, publicado en 'Plos One' y dirigido por el grupo de Adolfo Figueiras, del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago (IDIS), en la Universidad de Santiago (USC), es el trabajo final de Master de Salud Pública de su primera autora, Olalla Vázquez Cancela.

La mayor parte del uso de antibióticos (80% a 90%) se produce en el ámbito ambulatorio y en cuanto al consumo, España no solo ocupa el primer lugar entre los países desarrollados (más de 40 dosis diarias definidas (DDD) por 1.000 habitantes al año), sino que sus cifras siguen aumentando.

El estudio se llevó a cabo en Galicia, con altos niveles, de hasta 23 DDD por 1.000 habitantes por año. Este estudio, realizado en 75 participantes, perseguía explorar los conocimientos, opiniones y actitudes de la población general respecto a los antibióticos y las resistencias por medio de 11 grupos focales, la metodología más apropiada para comprender y describir en profundidad hábitos y comportamientos en la sociedad.

Según explica el investigador del CIBERESP Adolfo Figueiras, coordinador de este trabajo, "en los últimos años, las resistencias bacterianas a antibióticos representan un importante problema de salud pública y la asociación entre la utilización, consumo y diseminación de las resistencias antimicrobianas a nivel comunitario, dónde la incidencia de uso es mayor, apenas presenta dudas. La población, como consumidora de antibióticos, desempeña un papel clave en su desarrollo".

Los investigadores, a través de varias sesiones con los participantes en el estudio, identificaron varias actitudes y creencias que podrían explicar el uso inadecuado de antibióticos en la población: falta de conocimientos, problemas en la relación médico-paciente, de adherencia al tratamiento y consumo sin prescripción médica.

En cuanto a la edad, destacan en mayores de 65 años carencias en el conocimiento de los antibióticos, así como de las consecuencias de su consumo; y en menores de esa edad, la mala relación médico-paciente. En este punto, la mayoría de los pacientes en este rango de edad se quejaron del trato y la falta de información por parte de los facultativos, lo que afecta a la confianza en el juicio médico y se le presiona para que les receten antibióticos porque "no se les informa correctamente de lo que padecen".

La primera firmante del estudio, Olalla Vázquez, explica por su parte que "es importante tener en cuenta que en ninguno de los grupos la información sobre las resistencias procede del sector sanitario. En muchas ocasiones, las creencias de la población sobre las resistencias son erróneas. Se trata de un fenómeno por muchos desconocido y, a menudo, se percibe como un problema individual, confundiendo este término con el de tolerancia a medicamentos. Esto nos hace pensar que existe una mala transmisión de la información entre el sistema sanitario y la población en cuanto a las resistencias antimicrobianas y al uso de los antibióticos".

En conjunto, los efectos adversos de los antibióticos, la ineficacia y la resistencia es una de las mayores amenazas para la salud mundial debido al gran impacto en la morbilidad, la mortalidad y los costos. El uso excesivo e inadecuado de antibióticos contribuye significativamente a este problema y de hecho, se debe suponer que el uso excesivo explica las diferencias en el uso de antibióticos (hasta tres veces) entre los países de la Unión Europea, ya que no hay evidencia de ninguna diferencia en la prevalencia de enfermedades infecciosas.

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