Los españoles pierden, cada quince días, casi una noche de sueño

Actualizado 13/03/2011 13:01:33 CET
MICHAEL CORNELIUS/WIKIMEDIA

MADRID, 13 Mar. (EUROPA PRESS) -

Los españoles, al igual que el resto de la sociedad occidental, pierde, cada quince días, casi una noche entera de sueño, ya que, en la actualidad, duermen 20 minutos menos diarios de media que hace un siglo, algo que, a la larga, puede tener consecuencias "muy negativas" en la salud de las personas.

Así lo ha asegurado, en una entrevista a Europa Press, el experto en Medicina del Sueño, Gonzalo Pin, que ha explicado que este problema de sueño deficitario crónico afecta a todas las edades, desde los lactantes hasta quienes ya han terminado su vida laboral.

"La mitad de los adolescentes duermen hoy en día menos de las nueves horas recomendadas, alrededor de ocho diarias, lo que afecta, en gran medida a su rendimiento escolar", señala Pin. "Según datos de la Comunidad Valenciana, el 4,2 por ciento de los estudiantes se duerme en clase entre dos y tres veces por semana", puntualiza.

Aunque, actualmente los expertos no disponen de estadísticas estatales sobre el número de horas de sueño de cada sector poblacional, el especialista señala que la introducción de aparatos electrónicos en casi todos los aspectos de la vida cotidiana, los horarios laborales muy largos y la vida sedentaria contribuyen a dormir "menos de lo que toca".

"La infancia y la madurez son las etapas en las que hay más déficit de sueño", destaca. Según el experto, la diferencia del horario por el que se rige la población española, respecto al de los europeos, es una de las claves que explican la descompensación en la calidad y cantidad del descanso de los españoles.

"Cenamos y nos acostamos más tarde que los europeos pero, sin embargo, tenemos el horario laboral de Europa, las empresas comienzan su actividad a las 8 de la mañana, por eso dormimos menos", añade.

En este sentido, rompe el mito de que los españoles son el emblema de la siesta pues, según advierte, aunque existe la "creencia errónea" de que son los que más siestas duermen y más tiempo dedican a ella, son los alemanes quienes se sitúan a la cabeza de esta práctica.

"El número de horas de sueño recomendadas varía mucho en función de la edad de la persona", dice Pin, que explica que los recién nacidos deben dormir alrededor de 17 horas, una cifra que va disminuyendo con el crecimiento.

"Los preadolescentes, de entre ocho y diez años, tendrían que dormir cerca de ocho horas largas, mientras que con la llegada de la adolescencia se incrementan las necesidades de sueño, hasta las nueve horas", subraya. Por su parte, con la tercera edad, esta demanda del cuerpo disminuye. "Las personas mayores tienen suficiente con seis horas", matiza.

Entre los aspectos que influyen en la calidad del sueño, el especialista destaca la incidencia que el sobrepeso y la obesidad tienen en las alteraciones nocturnas. "La obesidad y el déficit de sueño son dos enfermedades que se retroalimentan, por eso la alimentación es clave para dormir bien", apunta.

INFLUENCIA DE LA DIETA, EL SEDENTARISMO, EL TABACO Y EL ALCOHOL

Asimismo, afirma que existen otros factores "íntimamente relacionados" con el sueño como la vida sedentaria, la escasez de ejercicio físico, el estrés, los problemas generados por las épocas de crisis, el alcohol o el tabaco. "Dormimos conforme vivimos y vivimos conforme dormimos", recalca.

En este sentido, explica que el alcohol, a pesar de ser un inductor del sueño, lo fracciona. "Una persona que ha bebido tiene más facilidades para conciliar el sueño y puede dormir profundamente las dos primeras horas, pero después hay muchas interrupciones. Lo mismo ocurre con el tabaco, que a pesar de que disminuye la ansiedad de los grandes fumadores, es un gran fraccionador del sueño", subraya.

Finalmente, Pin ofrece una serie de consejos para las personas que sufran de insomnio o presenten especiales dificultades para dormir. En esta línea, advierte la importancia de conseguir la temperatura adecuada en el dormitorio (entre 19 y 22 grados), la luz adecuada, cambiar la posición del colchón cada cierto tiempo y controlar los ruidos.

"Todo lo que induce al acto de vigilia interfiere negativamente en el sueño y afecta más a las personas especialmente sensibles", recalca. No obstante, el experto insiste en que "dormir no es lo más importante del mundo", por lo que es fundamental no agobiarse por ello y comenzar a modificar poco a poco los hábitos que puedan mejorar la calidad del mismo.