Actualizado 12/09/2010 17:31:52 CET

Células madres de médula ósea mejoran la calidad de vida en enfermos de insuficiencia cardíaca crónica

MADRID, 12 Sep. (EUROPA PRESS) -

La administración de células madre derivadas de la médula ósea en el área infartada tiene un efecto favorable sobre la calidad de vida en enfermos con insuficiencia cardíaca crónica debida a un infarto de miocardio extenso y, además, pueden prolongar su supervivencia a través de un impacto muy positivo sobre el tamaño y el funcionamiento del corazón, según ha demostrado el estudio 'Start-Heart', realizado por la Universidad de Düsseldorf (Alemania).

Durante la presentación en el Congreso Anual de la Sociedad Europea de Cardiología, el doctor Francisco Fernández Avilés, del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid y coordinador de la Red de Investigación Cardiovascular (RECAVA) ha analizado los resultados de este estudio.

Según ha afirmado el especialista, el estudio contribuye a dar respuesta a "una de las incógnitas más importantes existentes en este momento en relación con este tipo de tratamientos como es el impacto de las células progenitoras adultas en el funcionamiento cardiaco y en la calidad de vida y supervivencia a largo plazo de los enfermos con insuficiencia cardíaca crónica debida a un infarto de miocardio extenso".

Los efectos beneficiosos de la terapia de células de médula ósea observados durante los tres primeros meses se mantuvieron en los 12 a 60 meses siguientes mientras que en el grupo control hubo un deterioro de los resultados del ventrículo izquierdo.

Además, hubo una disminución significativa de la mortalidad a largo plazo en los pacientes tratados con células madre, comparados con el grupo control. En los primeros, la tasa de mortalidad fue del 0,75 por ciento anual, mientras que en los segundos ascendió hasta el 3,68 por ciento por año.

En su presentación, el doctor ha destacado la necesidad de profundizar en la investigación sobre este tema antes de establecer la utilización rutinaria de esta terapia y ha subrayado la gran relevancia de este estudio en este sentido.

Este estudio constituye a juicio de Fernández Avilés, una aportación de la máxima relevancia. Primero, por la metodología con la que se ha realizado el estudio, ya que es en el que más pacientes se han incluido y el único en este tipo de enfermos con un seguimiento tan largo (5 años).

Igualmente, por los resultados, "ya que sugieren por primera vez que, de una forma segura y relativamente sencilla en manos expertas, la administración de células madre derivadas de la médula ósea en el área infartada tiene un efecto favorable sobre la calidad de vida de estos pacientes y pueden prolongar su supervivencia a través de un impacto muy positivo sobre el tamaño y el funcionamiento del corazón".

CASI 400 PACIENTES

En la investigación participaron 391 pacientes con insuficiencia cardíaca crónica producida por un infarto que había ocurrido un promedio de 8 años antes de ser incluidos en el estudio. Todos ellos tenían un perfil de riesgo muy elevado, con síntomas muy limitantes de su calidad de vida y evidencia de dilatación importante del corazón y deterioro también muy marcado de la función de bomba.

De estos pacientes, 191 pacientes fueron tratados entre 2003 y 2005 mediante el tratamiento farmacológico óptimo más inyección en el corazón de células progenitoras de su propia médula ósea. El grupo control consistió en 200 pacientes con características idénticas, que recibieron el tratamiento estándar óptimo, pero que no fueron tratados con terapia de células madre.

Las células de médula ósea fueron tomadas del hueso de la cadera de los pacientes y posteriormente se inyectaron en el corazón a través de la arteria coronaria relacionada con el infarto causante del problema, utilizando una técnica similar a la que se usa para la realización de angioplastias coronarias e implantación de 'stents'. Ningún paciente tuvo problemas durante la intervención ni se observaron efectos secundarios durante el seguimiento.

Todos los pacientes fueron evaluados y comparados antes de la intervención, a los 3 meses, a los 12 meses y a los 60 meses. Entre tres meses y cinco años después de la terapia de células de médula ósea, se produjo una mejora significativa de la función y el tamaño del corazón, de la capacidad de ejercicio y de los síntomas de insuficiencia cardiaca.