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Así cambia el cerebro después de una temporada jugando al fútbol americano

Fútbol americano
GETTY
Publicado 02/12/2016 7:28:49CET

   MADRID, 2 Dic. (EUROPA PRESS) -

   Exámenes de imágenes cerebrales realizados a jugadores de fútbol americano de la escuela secundaria (de 14 a 18 años) después de una única temporada han revelado la presencia de cambios en la materia gris y blanca que se correlacionaron con episodios de impactos en la cabeza, según concluye un nuevo estudio que se presenta en la Reunión Anual de la Sociedad de Radiología de América del Norte (RSNA, por sus siglas en inglés), que se celebra en Chicago, Estados Unidos.

   "Es importante entender los posibles cambios que suceden en el cerebro de los jóvenes relacionados con los deportes de contacto -dice la directora de este análisis, Elizabeth Moody Davenport, investigadora postdoctoral en el Centro Médico UT Southwestern en Dallas, Texas, Estados Unidos--. Sabemos que algunos jugadores de fútbol profesional sufren un serio trastorno llamado encefalopatía traumática crónica [CTE, por sus siglas en inglés]. Estamos tratando de averiguar cuándo y cómo se inicia ese proceso para poder continuar con el deporte como una actividad saludable para millones de niños y adolescentes".

   El estudio incluyó a 24 jugadores de un equipo de fútbol de la escuela secundaria en Carolina del Norte, Estados Unidos. Se colocó a cada uno de ellos un casco equipado con el Sistema de Telemetría de Impacto en la Cabeza (HITS, por sus siglas en inglés) durante todos los entrenamientos y los partidos jugados. Los cascos estaban forrados con seis acelerómetros, o sensores, que miden la magnitud, ubicación y dirección de un golpe y luego se pueden descargar los datos registrados en un ordenador para su análisis.

ALTERACIONES ESTUCTURALES Y FUNCIONALES

   "Vimos cambios en el cerebro de estos jóvenes jugadores tanto en imágenes estructurales como funcionales después de una sola temporada de fútbol", destaca Davenport. Se tomaron imágenes de cada jugador antes y después de la temporada mediante una resonancia magnética especializada, en la que se extraen datos de imágenes de su tensor de difusión (DTI, por sus siglas en inglés) y difusión por kurtosis (DKI, por sus siglas en inglés) para medir la integridad de la sustancia blanca del cerebro, y una magnetoencefalografía (MEG), que registra y analiza los campos magnéticos producidos por las ondas cerebrales.

   La imagen de difusión puede medir los cambios estructurales de la sustancia blanca en el cerebro y MEG evalúa los cambios en la función. "Se puede emplear MEG para medir ondas delta en el cerebro, que son un tipo de señal de socorro -explica Davenport--. Las ondas delta representan la actividad de las ondas lentas que aumenta después de las lesiones cerebrales. Las ondas delta que vimos provenían de la superficie del cerebro, mientras que las imágenes de difusión es una medida de la sustancia blanca más profunda en el cerebro".

   El equipo de investigación calculó el cambio entre las imágenes de antes y después de la temporada de fútbol y midió las anormalidades observadas en la imagen de difusión y el incremento anormal de la actividad de la onda delta en la MEG. Se combinaron los resultados de las imágenes con los datos de impacto específicos del jugador recogidos con HITS. Ninguno de los 24 jugadores fue diagnosticado con una conmoción cerebral durante el estudio.

Los jugadores que sufrieron más impactos en la cabeza registraron el mayor cambio en la imagen de difusión y las mediciones en MEG. "Los cambios en las medidas de la imagen de difusión se correlacionaron más con la aceleración lineal, similar al impacto de un accidente automovilístico -pone como ejemplo Davenport--. Los cambios de MEG se asociaron más con el impacto de rotación, como el de un puñetazo de un boxeador. Estos resultados demuestran que se necesitan ambas medidas para evaluar la exposición al impacto porque se correlacionan con procesos biomecánicos muy diferentes".

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