El miedo de las mujeres a ser agredidas en la calle limita su libertad

Depresión, mujer, dolor
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Publicado 02/11/2016 12:15:41CET

Destaca que este temor es otra forma de "discriminación", pero avisa de que no debe "invisibilizar" la violencia en el ámbito privado

VITORIA, 2 Nov. (EUROPA PRESS) -

Un estudio elaborado por Emakunde alerta de que el miedo de las mujeres a sufrir una agresión sexual en el espacio público es una forma de "discriminación" en sí mismo, dado que restringe su libertad de movimiento y genera un malestar emocional "sistemático".

El trabajo del Instituto Vasco de la Mujer, elaborado a partir de un proceso participativo con 70 jóvenes de Barakaldo, Hernani y Vitoria, alerta de la importancia de evitar que las agresiones a mujeres en la calle les genere una "revictimización", limitando sus libertades, y oculte la violencia que puedan sufrir en espacios privados.

El estudio, titulado ¡'¿La calle es mía? Poder, miedo y estrategias de empodereamiento de mujeres jóvenes en un espacio público hostil', ha sido elaborado por María Rodó de Zárate y por Jordi Estivill i Castany.

El trabajo se ha presentado este miércoles en Vitoria, en un acto en el que ha estado presente la directora de Emakunde, Izaskun Landaida, y la coautora del trabajo María Rodo de Zárate.

La principal conclusión del estudio es que las chicas viven el espacio público como un espacio "más hostil e inseguro" que los chicos, y que esta sensación "tiene unas consecuencias emocionales y de restricción de su libertad incomparablemente mayores que las derivadas de la experiencia de los hombres".

El miedo a las agresiones en el espacio público es compartido por chicas y chicos, cuyo temor --en ambos casos-- se focaliza en la violencia que puedan sufrir por parte de un agresor masculino.

CAUSAS DEL MIEDO

Las mujeres temen el abuso, la agresión sexual y la violación; y su miedo aumenta a medida que su cuerpo alcanza la madurez y se ven a sí mismas "vulnerables a las agresiones sexuales" debido a que sus físicos "son leídos como femeninos".

En el caso de los hombres jóvenes, temen ser atracados y una posible agresión física extrema. Este temor, al contrario que ocurre con las mujeres, disminuye a medida que van creciendo y asumiendo --según el informe-- el 'rol masculino' de "dar miedo y no tenerlo".

Los autores del trabajo destacan que existe una socialización y transmisión "clara" del miedo de las chicas, algo que se realiza a través de los límites que les ponen en la familia y de los comentarios que se realizan en casa y en la sociedad en general.

"Desde pequeñas se les muestra el espacio público como algo peligroso y donde deben tomar grandes precauciones. Les dicen que vayan con cuidado, que no vayan solas; que no vayan 'provocando' o vestidas según cómo", indica el estudio. El trabajo subraya que en el caso de los chicos, no existen mensajes de este tipo.

RECOMENDACIONES

Los autores del trabajo consideran que el propio miedo de las chicas a ser agredidas en el espacio físico es una forma de "discriminación" en sí mismo. Por ese motivo, aunque destacan la importancia de adoptar medidas para prevenir las agresiones, consideran que esto debe ser compatible con evitar las "restricciones de movimiento" de las mujeres. Asimismo, consideran que este tipo de violencia no debe "invisibilizar" la que pueden sufrir las mujeres en el ámbito privado.

María Rodo ha realizado una serie de recomendaciones para abordar este problema. Entre ellas, ha citado la necesidad de impulsar campañas de concienciación contra el acoso y las agresiones sexistas, difundir estrategias contra el miedo (cursos de autodefensa, por ejemplo), formar a los jóvenes sobre los "limites" en las relaciones o sobre el concepto de "consentimiento", el tratamiento informativo "riguroso" de este problema o realizar acciones en el ámbito de la planificación urbanística para evitar los espacios potencialmente peligrosos.

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