Encuesta a menores de 45 años

Los más jóvenes subestiman la urgencia de los síntomas del ictus

Ictus, cerebro, cerebrovascular
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Actualizado 12/01/2016 14:09:17 CET

   MADRID, 11 Ene. (EUROPA PRESS) -

   Hasta tres horas después de que una persona experimente el primer síntoma de un derrame cerebral se considera a menudo como la "ventana de oro", puesto que ese periodo de tiempo se considera crucial para que los pacientes que llegan a un hospital reciban atención médica con el fin de restaurar el flujo de sangre al cerebro y minimizar o revertir el daño.

Pero una encuesta revela que los pacientes más jóvenes, es decir, los de menos de 45 años, pueden subestimar la urgencia de los síntomas del ictus y la mayoría creen que es probable retrasar el momento de ir al hospital en busca de ayuda.

   "El tratamiento a tiempo para el accidente cerebrovascular es probablemente más importante que para casi cualquier otro problema médico", dice David Liebeskind, profesor de Neurología, director de Programas de Pacientes Ambulatorios de Ictus y Neurovasculares y director del 'Neurovascular Imaging Research Core' del Centro Médico Ronald Reagan de la Universidad de California Los Ángeles (UCLA), en Estados Unidos.

   "Hay una ventana muy limitada en la que comenzar el tratamiento porque el cerebro es muy sensible a la falta de flujo sanguíneo o sangrado y los pacientes que esperan más tiempo sufren las consecuencias más devastadoras", añade este experto.

   Los investigadores preguntaron a más de un millar de personas a nivel nacional que es lo que probablemente harían dentro de las primeras tres horas de experimentar debilidad, entumecimiento, dificultad para hablar o dificultad para ver, todos ellos síntomas comunes de un derrame cerebral. Entre los menores de 45 años, sólo alrededor de uno de cada tres dijo que sería muy probable que fuera al hospital, mientras un asombroso 73 por ciento dijo que seguramente esperaría a ver si sus síntomas mejoraban.

   "Eso es un problema real --afirma Liebeskind--. Tenemos que educar a los más jóvenes sobre los síntomas del accidente cerebrovascular y convencerlos de la urgencia de la situación, porque los números están subiendo". De hecho, desde mediados del decenio de 1990, el número de adultos jóvenes de entre 18 a 45 dados dados de alta de hospitales de Estados Unidos tras sufrir un derrame cerebral se ha disparado hasta un 53 por ciento.

   Se estima que una persona sufre un derrame cerebral cada 40 segundos en Estados Unidos, por un total de casi 800.000 nuevos pacientes con ictus al año. En 2007, Jennifer Reilly fue una de ellos, como cuenta ella misma: "Me desperté en medio de la noche con un dolor de cabeza insoportable. Tenía 27 años, era muy activa, muy saludable y no era propenso a los dolores de cabeza. Pensé que era una cosa muy extraña lo que estaba pasando".

   Después de llegar al trabajo ese día, Reilly compartió su historia con un compañero de trabajo que insistió en que tenía que ir al hospital inmediatamente y acudió al 'Ronald Reagan UCLA Medical Center', donde Liebeskind le dijo que había sufrido un accidente cerebrovascular. "Era muy escéptica --reconcoe Reilly--. No tenía nada de lo que yo pensaba que eran los síntomas clásicos de un derrame cerebral, ni encajo en la descripción clásica de un paciente con ictus. Tenía 27 años y era saludable".

   Reilly dice que semanas antes de padecer el dolor de cabeza también experimentó entumecimiento periódicamente en una de sus manos. "La mitad de mi mano izquierda se entumeció en tan solo unos segundos -relata--, pero, una vez más, la sacudí como si no fuera nada".

   Las pruebas mostraron que el icuts de Reilly fue causado por una enfermedad rara llamada moyamoya que provoca lentamente que ciertos vasos sanguíneos en el cerebro se reduzcan con el tiempo. La mayoría de los pacientes, el 85 por ciento, sufre lo que se conoce como accidente cerebrovascular isquémico, durante el cual las arterias en el cerebro se bloquean, cortando el oxígeno.

   El ictus isquémico puede suceder a cualquier persona a cualquier edad y está a menudo vinculado con la presión arterial alta, la diabetes, el tabaquismo y la obesidad. "La buena noticia es que hay pasos que podemos dar para reducir nuestro riesgo de accidente cerebrovascular", celebra Liebeskind.

   Se ha demostrado que una dieta saludable y ejercicio regular, así como no fumar y limitar el consumo de alcohol, reducen el riesgo de accidente cerebrovascular. Resulta igual de importante saber cuáles son los factores de riesgo de un accidente cerebrovascular así como reconocer los síntomas cuando se producen, por lo que los médicos instan a conocer los signos de accidente cerebrovascular y actuar rápido.

   Así, se aconseja acudir o llevar a alguien al médico si experimenta caída de la cara, debilidad en un brazo y dificultad para hablar. "Lo creas o no, es cuestión de minutos u horas, cuando alguien tiene que buscar atención médica --subraya Liebeskind--. Simplemente, no hay tiempo para esperar. Es un mensaje que claramente tenemos que trasladar a las personas más jóvenes con mayor eficacia".

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