Exigencia, poca flexibilidad ante cambios y ansiedad, signos claves de intolerancia a frustración en menores

Acoso escolar, niño
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Publicado 26/02/2018 16:37:56CET

MADRID, 26 Feb. (EUROPA PRESS) -

Los niños y niñas con baja tolerancia a la frustración son "exigentes y demandantes y buscan satisfacer sus necesidades de forma inmediata, manifestando rabietas y llanto desconsolado", además son "poco flexibles ante los cambios y desarrollan con más facilidad que otros síntomas de ansiedad o bajo estado de ánimo", ha detalla la psicóloga de Blua de Sanitas, María Díaz.

La frustración puede verse manifestada en conductas y sentimientos y puede "impactar en el desarrollo de posibles hábitos nocivos relacionados con reacciones agresivas e incluso con el consumo de sustancias perjudiciales en edades futuras".

"Las emociones que van unidas a la frustración son la ira y el enfado, por lo que si no se gestionan bien pueden conllevar la vulnerabilidad o exposición a conductas de riesgo en la etapa de la adolescencia", sostiene María Díaz.

En concreto, el desarrollo emocional tiene lugar en una etapa "temprana de la infancia", siendo más frecuente en la franja entre los 3 y los 6 años, ha explicado la especialistas.

"La socialización en la infancia se produce como efecto de las prácticas de crianza y la interacción con el entorno y la personalidad. Todo ello orienta el desarrollo del niño transmitiendo valores, límites y normas que van a facilitar su incorporación al entorno social y, en este sentido, la etapa entre los 3 y los 6 años resulta vital", ha detallado.

En esas edades es cuando los niños y niñas deben "adquirir las habilidades de inteligencia emocional oportunas", como la identificación, el reconocimiento y la gestión de las emociones básicas, que les permitirán socializar de manera adecuada.

Por lo que, la "coherencia y el modelo paternal serán cruciales" para ayudarles a desarrollarlas de forma "adaptativa y constructiva", ha explicado la psicóloga.

Esta edad genera una "plasticidad importante en la que el modelo paternal juega un papel muy relevante", y es desde pequeños cuando se aprende "a manejar y tolerar la frustración y depende en gran medida de cómo permitan los padres que esta emoción aflore, considerándola como un "mal" necesario que los niños tienen que aprender a gestionar".

Entonces, se frena esta emoción cediendo en lo que "piden, dándoles lo que quieren y así evitar pasar por el mal trago, se estará haciendo de esta emoción adaptativa, un recurso más que recurrente y sin gestión" para los niños, apunta la psicóloga.

¿CÓMO EVITARLO?

Para evitarlo es fundamental enseñar a los niños a tolerar la frustración desde pequeños y para ello, María Díaz recomienda a los padres establecer normas y límites que han de cumplirse con tranquilidad pero con firmeza.

Así como, tener "siempre presente que el no es necesario, aunque frustre a los pequeños", y añade la especialista que se debe aprender a gestionar las "rabietas cuando se produzcan, no cediendo ante ellas".

A su vez, ha aconsejado tener "muy claro que la frustración es inevitable en la vida y si los niños y niñas no aprenden a manejarla y aceptarla, en su vida adulta les resultará mucho más complicado".

"Si nos encontramos con que nuestro hijo es un niño con baja tolerancia a la frustración como padres podemos reconducir esa situación, podemos reeducar al niño para que poco a poco aprenda a manejarla", ha puesto de manifiesto.

En primer lugar, "sería conveniente analizar qué ha podido llevar a esa situación ya que es posible que no hubiera límites claros o precisos" y habría que ponerle solución.

En segundo lugar, es "necesario ayudar al niño a diferenciar entre sus deseos y necesidades", haciéndole entender que "no siempre se puede tener lo que se quiere cuando se desea, así como enseñarle a tolerar la demora del refuerzo o de conseguir lo que quiere", ha concluido.