El peligro de las expediciones de alta montaña

¿Cuándo amputar articulaciones por congelación?

Montañero
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Publicado 02/03/2017 8:02:49CET

   MADRID, 2 Mar. (EUROPA PRESS) -

   Ni los montañeros más experimentados se libran en muchas ocasiones de la amputación de algunos de sus miembros por la congelación que sufren durante sus expediciones. España cuenta con un experto y pionero en estos tratamientos, y casi la gran mayoría de los más prestigiosos y experimentados alpinistas acuden a sus manos tras una peligrosa travesía. Se trata del jefe de Neurocirugía de la Clínica MAZ de Zaragoza, el doctor Ricardo Arregui.

   También montañero, fue el médico del famoso programa de TVE 'Al filo de los Imposible', con una expedición al Everest y otra al Polo Norte a sus espaldas. Entre otras cosas, allí pudo investigar sobre congelaciones. Según explica a Infosalus, la congelación de alguna articulación suele darse durante la práctica del alpinismo y en expediciones de extrema altitud.

Eso sí, menciona también el caso de un colega anestesista que se congeló las manos haciendo parapente. "Debió subir muy alto y no iba bien preparado. Se congeló las manos", precisa, insistiendo en que en la práctica del esquí normal no se han visto congelaciones y sobre todo éstas tienen lugar en el alpinismo.

   Arregui relata que el principal agente para la congelación es el frío, y después menciona que también pueden influir el viento y la humedad. "Generalmente son factores climáticos que hacen que la percepción del frío aumente y que éste afecte más al organismo", señala. Es más, el experto detalla que las zonas que principalmente suelen verse afectadas por la congelación son los pies, las manos, la nariz y las orejas.

    "Son las zonas más distales. Cuando un ser humano tiene mucho frío puede entrar en hipotermia. El cuerpo funciona a unos 36,5 grados; entonces sería cuando baja de esa temperatura. Como el organismo necesita sangre para los órganos vitales, ésta se reduce de esas zonas más distales y, por tanto, se convierten en las más proclives a congelarse. De esta manera, el frío produce unas lesiones vasculares que pueden tender a necrosarse", comenta.

   Igualmente, precisa que hay diferentes grados de congelación y la más grave depende de la profundidad. "Depende de las circunstancias. La congelación a ocho mil metros es más rápida porque la temperatura es muy baja. Además, el organismo para poder sobrevivir a esa falta de presión de oxígeno normalmente produce más globulos rojos, haciendo a la sangre más viscosa y espesa a la hora de circular", añade.

"LA CONGELACIÓN NO AVISA"

   De hecho, subraya que el que tiene un problema grave con el frío en una montaña de ocho mil metros se muere por hipotermia, generalmente, y el que escapa es el que se puede congelar. En este sentido, dice que "uno de los grandes problemas" que hay es que la congelación no avisa. "No tiene síntomas que permitan a una persona decir que se está congelando. La sensación de manos o pies fríos es bastante frecuente en grandes cumbres y hay muchos montañeros que se dan cuenta de que se habían congelado al bajar y quitarse las botas", agrega.

   Arregui detalla que cuando se congela una articulación lo primero que pueden salir son ampollas en los dedos, a veces "enormemente grandes", que si son transparentes suponen una congelación superficial. Ya si la ampolla es hemorrágica, la congelación va a ser profunda "con seguridad", aunque al principio fuese blanca. "Después _prosigue_ se va oscureciendo, y al final la parte de la articulación que no es viable se momifica y se queda negra y dura. Como si fuera una piedra".

   El experto concreta que hay diferentes clasificaciones en las congelaciones; todo en función de la superficialidad o profundidad. "El grado tres es el más grave y cuando la congelación ha afectado al tejido óseo es más fácil que haya que practicar la amputación", indica, resaltando que hay que ser "muy paciente" con las congelaciones. "El que ve el tejido negro piensa que hay que hacer amputación y hay zonas necróticas que se recuperan fácilmente. De hecho, antes de 50 días de provocada la congelación nunca he practicado un tratamiento quirúrgico", comenta el neurocirujano, insistiendo en que se trata de un proceso progresivo.

   Además, hace hincapié en que dentro de un mismo miembro pueden darse congelaciones diferentes y, por ejemplo, en una mano congelarse tres dedos de forma parcial, y donde dos sean recuperables, y el otro nada, o solo uno mucho. "El último caso que estoy tratando ha recuperado por completo el dedo pulgar. Ha habido que hacer una amputación muy chiquitita en el otro dedo y el meñique era el que peor llevaba. Era una misma mano pero con tres situaciones diferentes, una por cada dedo", relata.

   Por ello, para evitar una congelación en alta montaña, Arregui aconseja, en primer lugar, llevar un buen equipo de montaña. Una vez producida la congelación, recalentar toda la zona que se ha enfriado. "Cuando se recalienta se puede recuperar perfectamente. Eso se hace sumergiendo la zona lesionada en agua a unos 38 grados. También puede añadirse una solución yodada para evitar infecciones. Después, lo segundo que hay que hacer es salir cuanto antes de esa situación y llegar al hospital donde se pone el tratamiento más específico. En el momento en el que se produce la congelación acudir al médico", zanja el jefe de Neurocirugía de la MAZ de Zaragoza.

   Entre otras secuelas de la congelación, el especialista apunta a una hipersensibilidad al frío, no siempre la amputación, dolor en articulaciones y uñas, alteraciones microcirculatorias. "La inmensa mayoría se recuperan bien y vuelven a realizar su práctica deportiva. El montañero que intenta subir a una montaña ya sabe lo que tiene o no que hacer. En la montaña hay una serie de imponderables o cambios, como que se levante el viento o una avalancha, por ejemplo", explica.

   "Una serie de factores que cuando se ataca la cima el mayor riesgo que hay es que se pueda perder la vida. Una de las cosas importantes es saber renunciar a la cima porque se va a llegar tarde o porque la mayor parte de problemas vayan a producirse en el descenso. La bajada es técnica también y hay que tener fuerza, y la cabeza bien clara, y no realizar ninguna cosa que pueda ser perjudicial", concluye.

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