Publicado 04/05/2022 08:56

Descubren por qué la centenaria vacuna BCG contra la tuberculosis protege a los bebés de otras infecciones

Archivo - Bebé en el pediatra. Vacuna.
Archivo - Bebé en el pediatra. Vacuna. - SDOMINICK/ISTOCK - Archivo

MADRID, 4 May. (EUROPA PRESS) -

La centenaria vacuna del Bacilo de Calmette-Guérin (BCG) contra la tuberculosis es una de las vacunas más antiguas y utilizadas del mundo, con la que se inmuniza a 100 millones de recién nacidos cada año. Administrada en países con tuberculosis endémica, se ha comprobado sorprendentemente que protege a los recién nacidos y a los niños pequeños contra múltiples infecciones bacterianas y víricas no relacionadas con la tuberculosis. Incluso hay pruebas de que puede reducir la gravedad de la COVID-19.

Los investigadores reconoce que se sabe poco de esta vacuna y cómo protege a los lactantes de forma tan amplia. Para entender su mecanismo de acción, los investigadores del Programa de Vacunas de Precisión del Hospital Infantil de Boston (Estados Unidos) se asociaron con el Consorcio del Programa Ampliado de Inmunización (EPIC), un equipo internacional que estudia la inmunización en los primeros años de vida, para recoger y perfilar exhaustivamente muestras de sangre de recién nacidos inmunizados con BCG, utilizando un potente enfoque de "big data".

Su estudio, publicado en línea en la revista 'Cell Reports', descubrió que la vacuna BCG induce cambios específicos en los metabolitos y lípidos que se correlacionan con las respuestas del sistema inmunitario innato. Los hallazgos proporcionan pistas para que otras vacunas sean más eficaces en poblaciones vulnerables con sistemas inmunitarios distintos, como los recién nacidos.

La primera autora, Joann Diray Arce, y sus colegas comenzaron con muestras de sangre de recién nacidos de bajo peso en Guinea Bissau que se inscribieron en un ensayo clínico aleatorio para recibir BCG al nacer o después de seis semanas. A ambos grupos se les tomaron pequeñas muestras de sangre a las cuatro semanas (después de que se administrara la BCG al primer grupo y antes de que lo hiciera el segundo).

Utilizando la metabolómica y la lipidómica, el equipo perfiló exhaustivamente el impacto de la inmunización con BCG en el plasma sanguíneo de los recién nacidos. Descubrieron que las vacunas BCG administradas en el momento del nacimiento cambiaban los perfiles de metabolitos y lípidos en el plasma sanguíneo de los recién nacidos con un patrón distinto al del grupo que recibió la vacuna con retraso. Los cambios se correlacionaron con los cambios en la producción de citoquinas, una característica clave de la inmunidad innata.

Los investigadores obtuvieron resultados paralelos cuando analizaron el BCG en muestras de sangre del cordón umbilical de una cohorte de recién nacidos de Boston y en muestras de un estudio separado del Consorcio del Proyecto de Inmunología Humana financiado por el NIH/NIAID sobre recién nacidos de Gambia y Papúa Nueva Guinea.

"Ahora tenemos algunos biomarcadores lipídicos y metabólicos de la protección de la vacuna que podemos probar y manipular en modelos de ratón --señala Arce--. Estudiamos tres formulaciones diferentes de BCG y demostramos que convergen en vías de interés similares. La remodelación del metaboloma por el BCG puede contribuir a los mecanismos moleculares de la respuesta inmunitaria del recién nacido".

"Un número creciente de estudios muestra que la vacuna BCG protege contra infecciones no relacionadas --añade el doctor Ofer Levy, director del Programa de Vacunas de Precisión e investigador principal del estudio--. Es fundamental que aprendamos de la BCG para entender mejor cómo proteger a los recién nacidos".

Según señala, "la BCG es una vacuna de la 'vieja escuela' --se fabrica a partir de un germen vivo y debilitado--, pero las vacunas vivas como la BCG parecen activar el sistema inmunitario de una forma muy diferente en los primeros años de vida, proporcionando una amplia protección contra una serie de infecciones bacterianas y víricas. Hay mucho trabajo por delante para comprender mejor esto y utilizar esa información para construir mejores vacunas para los bebés", admite.

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