Actualizado 25/11/2020 08:25 CET

¿Puedo comer fruta siendo intolerante a la fructosa?

Fruta, macedonia de frutas, mujer comiendo fruta.
Fruta, macedonia de frutas, mujer comiendo fruta. - LUCENTIUS/GETTY - Archivo

   MADRID, 25 Nov. (EDIZIONES) -

   Hay muchas personas que descubren que son intolerantes a la fructosa y entonces se les plantea esta duda: ¿Podré comer fruta? En concreto, la fructosa es un nutriente del grupo de los hidratos de carbono. Más concretamente, es un monosacárido y pertenece al grupo de los azúcares. Sobre todo, se encuentra en las frutas, en los vegetales, en la miel, y en el azúcar de mesa o sacarosa, que es una combinación de glucosa y fructosa.

Así lo explica el doctor Francisco Pita, miembro del área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), quien señala que cuando una persona tiene intolerancia a algún monosacárido, como la fructosa, o a un disacárido como la lactosa, se produce diarrea al no poder absorberse adecuadamente, además de meteorismo, flatulencia (gases), y distensión abdominal con molestia o dolor, por la fermentación en el intestino grueso.

   "De todos modos, son síntomas comunes a muchos procesos digestivos, por lo que pueden interpretarse erróneamente como intolerancia exclusiva a la fructosa", aprecia. Por eso, considera que es muy importante que el médico valore bien la situación y sospeche de la posibilidad de la intolerancia a la fructosa.

   En concreto, indica que el diagnóstico se realiza mediante el 'test de hidrógeno espirado', en el que se determina el hidrógeno en unas muestras de aire espirado tras la toma de fructosa. "Este test no es específico, y lo que mide es el grado de fermentación que se produce tras la toma de fructosa", detalla.

   Es más, el doctor Pita dice que la intolerancia a la fructosa se cree que se produce por un defecto en el mecanismo de absorción de ésta en la célula intestinal: "Hay un fallo en el transporte. Eso sería por un defecto genético (intolerancia primaria), o en relación con otras enfermedades intestinales que dañen a las células intestinales (intolerancia secundaria)".

   Aún así, reconoce que "no está del todo claro", y hay algunos datos que hacen pensar que podría producirse por otro mecanismo. "Por eso, es importante que la valoración sea realizada por un médico, porque de otro modo se puede pensar que la persona tiene una intolerancia a la fructosa, y en realidad tiene otra enfermedad que le produce la intolerancia a la fructosa. Tras un cuadro de gastroenteritis, muchos pacientes podrían presentar una intolerancia transitoria a la lactosa y a la fructosa, por la inflamación que se produce", aclara el experto de la SEEN.

   Ahora bien, el médico especialista en Endocrinología y Nutrición precisa que no es lo mismo la intolerancia a la fructosa, que la fructosemia, o la intolerancia hereditaria a la fructosa: "La intolerancia hereditaria a la fructosa o fructosemia es una enfermedad genética grave de aparición habitualmente muy temprana, en el que hay un defecto en el metabolismo de la fructosa en el hígado por el déficit de una enzima (aldolasa B). En la intolerancia a la fructosa, el problema está en la absorción en el intestino, no en los mecanismos del organismo para una vez que se ha absorbido, emplearla en lo que se necesite".

   Sobre si puede ser permanente esa intolerancia a la fructosa, el miembro del Comité Gestor del Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), subraya que todo depende de si es primaria o secundaria. En el caso de ser primaria, sí sería permanente, según asegura; mientras que en el caso de ser de origen secundario, generado por otra enfermedad, puede curarse o mejorar en función de la enfermedad que la produce.

¿SE PUEDE TRATAR LA INTOLERANCIA A LA FRUCTOSA?

   Según recalca el experto, para tratar la intolerancia a la fructosa habría que intentar disminuir la ingesta de fructosa hasta un nivel en el que no se produjesen síntomas. Para esto, precisaría realizarse una dieta muy baja en fructosa, y cuando ya no tuviese síntomas, se podría ir reintroduciendo uno a uno distintos alimentos, para valorar tolerancia y que la dieta fuese lo menos restrictiva posible.

   "Las frutas que tienen muy bajo contenido en fructosa (hasta 1 gramo por cada 100 gramos de porción comestible del alimento) son el albaricoque, la papaya, el coco, la lima y el aguacate. En cambio, las que tienen un alto contenido en fructosa (más de 5 gramos por cada 100 gramos de porción comestible) son la manzana, la pera, las uvas, las cerezas, o el caqui entre otros. Para esto, es imprescindible una valoración inicial por un médico, a poder ser un especialista en Endocrinología y Nutrición, y una reevaluación", incide.

   También el doctor Pita Gutiérrez ve importante leer el etiquetado de los alimentos, porque en muchos productos 'sin azúcar', 'dietéticos', o 'para diabéticos' se emplea a la fructosa como edulcorante.

   Con todo ello, el médico reitera en la necesidad de que siempre se necesita una valoración médica, a poder ser por un especialista en Endocrinología y Nutrición, ya que una dieta restrictiva puede provocar problemas de salud y enfermedades. "Es muy importante el apoyo de los dietistas-nutricionistas, pero la valoración inicial y diagnóstico debería ser realizada por un médico, y no un autodiagnóstico por información de terceros o de Internet", sentencia Pita.