Grasas buenas vs grasas malas, aprende a diferenciarlas

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Publicado 28/01/2019 8:26:35CET

   MADRID, 28 Ene. (EDIZIONES) -

   Si se habla de grasas en la alimentación siempre se piensa mal, y en cómo éstas se pueden sustituir, cuando realmente son nutrientes esenciales para la vida de todas las personas. Según destaca la Fundación Española de Nutrición (FEN), las grasas tienen entre otras funciones la de proporcionar energía al organismo inmediata o servir como un reservorio para cubrir las necesidades a más largo plazo.

   Asimismo, recalca que aunque el almacenamiento excesivo de grasa no sólo parece antiestético e indeseable, sino que se relaciona con diversos perjuicios para la salud, sí cierta cantidad de grasa corporal es necesaria, ya que protege a los órganos y al cuerpo de lesiones y golpes, y lo aísla frente a cambios de temperatura.

   Por otra parte, la FEN recuerda que ejercen un importante papel en la integridad estructural y en la función de las membranas de las células; además, al ser hidrosolubles dice que ayudan en el transporte de otras grasas dentro y fuera de las células.

   En combinación con otros nutrientes recuerda que las grasas proporcionan una textura que aumenta la palatabilidad de los alimentos, haciendo más apetecible su consumo. También retrasan el vaciado del estómago, contribuyendo a la sensación de saciedad, o remarca que las grasas de la dieta sirven como transportadores de vitaminas liposolubles (A, D, E y K), y ayudan a su absorción en el intestino.

   "Sin embargo, y si bien queda demostrada la necesidad de consumir grasas, sí es esencial conocer qué tipo de grasas debemos ingerir, ya que no todas ellas se comportan de igual manera en nuestro organismo", advierte la Fundación Española de Nutrición.

   Según precisa, existe una abundante evidencia científica que relaciona el consumo elevado de ácidos grasos saturados y 'trans' con el incremento de colesterol total y 'colesterol-LDL' y, por tanto, con riesgo de enfermedad coronaria. Por el contrario, los ácidos grasos mono y poliinsaturados contribuirían a reducir el colesterol-LDL y a aumentar el popularmente denominado 'colesterol bueno' (HDL)", advierte la FEN.

   En una entrevista con Infosalus, el presidente de la Fundación Alimentación Saludable, Jesús Román, insiste en que no existen 'grasas buenas' ni 'grasas malas', si no que lo que hay son dietas adecuadas o no. "En general, en nuestro país, se entiende como beneficioso que predominen las grasas de origen vegetal (insaturadas) frente a las de origen animal. Esto es un objetivo que además recomiendan las autoridades sanitarias como la OMS. En España, lógicamente, tiene un sentido especial cuando la grasa de elección más disponible, sabrosa y saludable, es el aceite de oliva", precisa.

   El experto en nutrición indica que las grasas insaturadas predominan en alimentos de origen vegetal, excepto algunas excepciones como la grasa de coco o de palma. "Las grasas insaturadas son beneficiosas por diferentes motivos: reducción de riesgo cardiovascular, o de ciertos tipos de cáncer, por ejemplo", precisa.

   Mientras, señala que las grasas saturadas pueden tener un efecto contrario cuando se consumen exageradamente (el caso de las carnes rojas, o los embutidos, por ejemplo). En este sentido subraya que no es que haya que prohibir el consumo de alimentos de origen animal sino preferir aquellos más 'magros' (con poca grasa), y utilizar preferentemente el aceite de oliva virgen.

   "Las grasas saturadas no deberían de aportar más del 10% de las calorías de nuestra dieta. Es decir: los alimentos grasos de origen animal deberían de consumirse de forma reducida. En el cuerpo no se acumulan las grasas que comemos sino nuestra propia grasa que fabricamos como reserva a partir del exceso calórico que ingerimos, provenga este de donde provenga. La grasa saturada se relaciona con un incremento del colesterol sanguíneo (los lácteos se consideran actualmente como 'neutros' en este sentido)", agrega.

   Así, destaca que lo importante no es 'prohibir' sino fomentar el consumo de dietas saludables y bien equilibradas. "La dieta mediterránea debería ser la base de nuestra alimentación con un aporte vegetal (legumbres, frutos secos, cereales integrales, por ejemplo) amplio y predominante", sentencia el presidente de la Fundación Alimentación Saludable.

   Finalmente, la FEN recuerda que todas las sociedades científicas han establecido unos objetivos nutricionales sobre el consumo de grasa: Las grasas totales de la alimentación deberían suponer entre un 30% y un 35% de las calorías diarias. De ellas, las calorías procedentes de los ácidos grasos saturados no deberían superar el 10%, las procedentes de ácidos grasos poliinsaturados deberían estar entre un 6% y un 10%, y la procedente de ácidos grasos monoinsaturados entre un 15% y un 20%.

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