Publicado 12/04/2021 14:19CET

Comer de más, comer de menos o hambre emocional: así ha cambiado la pandemia nuestros hábitos alimenticios

Archivo - Dieta saludable, verduras y vegetales.
Archivo - Dieta saludable, verduras y vegetales. - FCAFOTODIGITAL/ ISTOCK - Archivo

MADRID, 12 Abr. (EUROPA PRESS) -

Desde mediados de junio de 2020, cuando concluyó el primer estado de alarma y se declaró oficialmente la 'nueva normalidad', las consultas sobre dietética y nutrición han crecido un 28,1 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior, con los picos más destacados en julio, octubre y noviembre de 2020, según las estadísticas de los servicios de Dietética y Nutrición del Grupo Hospitalario HLA.

La preocupación de los españoles por su salud nutricional se ha incrementado a causa de algunos hábitos socio-laborales vinculados a la pandemia del coronavirus, como los confinamientos temporales, la generalización del teletrabajo, la permanencia en el domicilio durante más tiempo o el mayor sedentarismo.

Según la nutricionista del Hospital HLA Mediterráneo (Almería), Irene Zamora, "hasta la pandemia, los picos habituales en las consultas se producían antes de verano, por parte de personas interesadas en bajar su peso de cara a las vacaciones. Ahora el interés ha derivado hacia una preocupación más global por su salud, incluyendo, dentro de esta, la salud nutricional".

Por otro lado, el psicólogo de los hospitales HLA Montpellier (Zaragoza) y HLA Universitario Moncloa (Madrid), Santiago Pérez, distingue dos tipos de trastornos alimentarios principales en un contexto, el de la pandemia y sus hábitos asociados, en el que "muchas personas perciben una pérdida de control, al pasar de una vida socialmente rica, con deporte, ocio y un sin fin de vías de escape, a otra en la que todas estas libertades son castradas", afirma.

Por un lado, comenta este especialista, "están las personas que antes utilizaban el ejercicio físico como una forma de compensar lo que comían y que ahora, al desaparecer o reducirse el primero, ejercen el control intentando comer menos. En otras palabras, cuando sentimos que se altera el control sobre nuestras vidas, podemos compensarlo con una decisión que es exclusivamente nuestra: la cantidad de comida que introducimos en el organismo".

Por su parte, la nutricionista de la Clínica HLA Vistahermosa (Alicante) Raquel Escortell confirma que "los pacientes en general, a raíz de la pandemia, están más concienciados sobre su alimentación". Y abunda que "los que tienden a comer menos a causa de la situación actual lo hacen por una cierta obsesión por una dieta hipocalórica como vía para contrarrestar los momentos de confinamiento y sedentarismo, lo que les ha derivado en un trastorno de la alimentación".

EL HAMBRE EMOCIONAL

Respecto al otro tipo de trastorno alimentario vinculado a la pandemia, la psicóloga especialista en nutrición de la Clínica HLA El Rosario (Albacete), Laura Alfaro, explica que "la situación sin precedentes que estamos viviendo provoca que algunas personas utilicen la alimentación como válvula de escape o método anti-ansiedad, lo que se conoce como hambre emocional".

Quienes sufren esta dolencia, explica, experimentan una sensación que les induce a comer de forma compulsiva y, por lo general, alimentos poco saludables y con muy bajo valor nutricional. "La intención es calmar un conflicto emocional, lo que puede causar, a su vez, sobrepeso y, desde el punto de vista psicológico, sentimientos de culpa y baja autoestima", apunta.

Asimismo, la nutricionista de la Clínica HLA Santa Isabel (Sevilla), Rosario Rubio, y la nutricionista del Hospital HLA San Carlos (Denia), Marian Martín, coinciden en la confusión habitual entre el hambre emocional y el hambre real, origen de desórdenes alimentarios. "Solemos detectar esta confusión en gran parte de los pacientes que acuden a consulta para pérdida de peso. Se manifiesta no tanto en forma de grandes atracones como de picoteo o ingestas extras de alimentos, en muchas ocasiones después de haber comido ya".

"Aunque se da en ambos sexos, haciendo una media, el perfil de las personas que sufren hambre emocional es el de una mujer de entre 35 y 65 años que pierde el control comiendo. En ocasiones, lo hace a escondidas, porque siente vergüenza por su compulsividad. Esta vergüenza puede ser la alerta que nos empuje a consultar a un profesional y el tratamiento para este tipo de problema pasa por la psiconutrición, consistente en tratar las emociones que el paciente siente, su origen y la forma de gestionarlas en cada momento", concluye Laura Alfaro.