Comer mal enferma a la larga

Comer mal enferma a la larga
GETTY IMAGES / LAURIPATTERSON - Archivo
Publicado 28/05/2019 8:21:32CET

   MADRID, 28 May. (EDIZIONES) -

   La oferta alimenticia es gigantesca y, en consecuencia, el peligro de alimentarse con algo poco sano suele ser muy grande. ¿Qué debemos hacer para no perder el norte y comer lo que no nos conviene?¿Cómo sé cuándo comer qué y cuando hacer una excepción?

   El problema en el largo plazo: cada vez hay más y más enfermedades cardiovasculares. “En muchos casos, lo que comemos nos llena, pero también nos hace enfermar en el largo plazo. Numerosas sustancias se pierden debido a los procesos de conservación, y a la química alimentaria, responsable de que nuestras comidas no contengan suficientes vitaminas y nutrientes. Todo eso sería soportable si nuestro sistema cardiovascular no se viera muy afectado por una alimentación de escasa calidad”.

   Así lo denuncia en ‘El Corazón. Una historia palpitante’ (Urano) Johannes Hinrich von Borstel, un cardiólogo alemán y uno de los divulgadores científicos más acreditados y populares de Alemania, quien resalta que los platos preparados y la comida rápida son un problema, a pesar de que por desgracia tienen bastante éxito entre la población, dada la falta de tiempo actual por nuestros ajetreados ritmos de vida.

   Eso sí, recuerda también que una dieta saludable no exige mucho tiempo y puede ser muy sabrosa y agradable. “El primer paso en la dirección correcta es comer grasa de la buena. Muchas personas creen que la grasa no es buena por definición, pero sólo es cierto en parte. También hay diferentes calidades de grasas, desde las ‘buenas’, como las que se encuentran en el aceite de oliva o de linaza, hasta las ‘grasas malas’, porque están endurecidas, como las de la margarina o los aceites de coco o de palma”, describe el experto.

   Por desgracia, lamenta que estas grasas poco saludables se encuentran en la mayor parte de los alimentos preparados y desempeñan un “papel decisivo” en el empeoramiento de las inflamaciones del cuerpo, que afectan “enormemente” a nuestro sistema cardiovascular. “¡Así que toma grasa de la buena para tener un corazón sano!”, alienta este cardiólogo.

   En concreto, la Fundación Española de Nutrición (FEN) relaciona el consumo elevado de ácidos grasos saturados y 'trans' (grasas malas como carnes rojas o embutidos consumidas en exceso) con el incremento de colesterol total y 'colesterol-LDL' y, por tanto, con el riesgo de contraer una enfermedad coronaria. Por el contrario, los ácidos grasos mono y poliinsaturados (grasas buenas, como las de origen vegetal) contribuirían a reducir el colesterol-LDL, y a aumentar el popularmente denominado 'colesterol bueno' (HDL).

   Desde la Sociedad Española de Cardiología (SEC) mencionan que las enfermedades cardiovasculares, el ictus, los trastornos metabólicos, y el control de los factores de riesgo, se ven influenciados por la dieta, por lo que resalta que su corrección supone un consumo de recursos que podría evitarse.

CUÁL ES LA DIETA IDÓNEA

   Asimismo, la SEC recuerda que promocionar el consumo de alimentos saludables, resaltando la presencia de alimentos beneficiosos como la fruta, los frutos secos, las verduras, las harinas no procesadas e integrales, así como las legumbres, las grasas vegetales, el pescado, o el yogur, debe hacerse con este objetivo.

   “Se debe reducir la toma de refrescos azucarados, de carnes, de alimentos ricos en harinas procesadas y de azúcares. La carne roja se debe consumir de forma moderada para prevenir el aumento de peso y la diabetes, la mantequilla, y las grasas saturadas deben evitarse. Dos aditivos industriales, la sal y las grasas hidrogenadas, tampoco son recomendables. Conseguir reducir la toma de carbohidratos, reduciendo las harinas refinadas y el aumento de la grasa beneficiosa, procedente de frutos secos, pescado y aceite vegetal”, agrega.

   Igualmente, advierte a la hora de distinguir entre una dieta de calidad y una dieta de cantidad. “Una mala dieta y obesidad no son sinónimos. La dieta saludable actúa sobre el riesgo cardiovascular, y la obesidad representa una pequeña parte de esta acción. Por lo tanto, independientemente del peso corporal, un patrón de dieta saludable reduce el riesgo cardiovascular. En consecuencia, la calidad de la dieta, por encima del peso y la adiposidad, deben formar parte del consejo dietético”, remarca la sociedad científica.

   Mientras, desde la American Heart Assotiation (AHA) se recomienda un plan de alimentación que haga hincapié en la ingesta de verduras, frutas y granos integrales, e incluya productos lácteos bajos en grasas, aves, pescados, legumbres, aceites vegetales no tropicales (aceite de oliva), nueces y semillas. A su vez, apuesta por que se debe limitar el consumo de sodio (sal) , de dulces, de bebidas azucaradas, así como de carnes rojas; vamos, lo que viene siendo la dieta mediterránea.

   Otro de los pasos específicos que también contribuyen a mantener un corazón sano, según la AHA, es ayudar a los pacientes a alcanzar y mantener un peso saludable, y para ello ve vital la realización de ejercicio.

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