¿Por qué el corazón de la embarazadas va más rápido?

Actualizado 02/06/2016 13:58:31 CET
Embarazada, embarazo
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   MADRID, 2 Jun. (EDIZIONES) -

   El corazón de la mujeres se 'acelera' cuando se queda embarazada, su frecuencia cardiaca es mayor, ya que durante la gestación se producen cambios significativos en el aparato circulatorio. Estos cambios deben ser tenidos en cuenta en aquellas pacientes con cardiopatías, ya que su embarazo necesita de una mayor control, según ha indicado Teresa López, del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario de La Paz de Madrid.

   Durante el embarazo, "se produce un incremento del gasto cardiaco de entre un 30 y un 50 por ciento debido al aumento de la frecuencia cardiaca (entre 15 y 20 latidos más por minuto), del volumen de sangre circulante y a la disminución de las resistencias vasculares", ha indicado la experta que en la 30 Reunión Anual de Imagen Cardiaca.

   "Este aumento en el gasto cardiaco puede descompensar cardiopatías silentes o conocidas. Además, ese gasto se mantiene hasta unos minutos después del parto y luego se recupera de forma gradual. Asimismo, la tensión arterial se reduce unos 10mmHg por debajo de la basal durante el segundo trimestre", ha añadido.

   Las adaptaciones del sistema cardiovascular durante el embarazo hacen que la exploración física y las pruebas de imagen difieran de las normales. "Las alteraciones hemodinámicas se traducen en cambios en el electrocardiograma (ECG), ya que se acortan algunos intervalos del ECG, y pueden aparecer alteraciones debidas a la horizontalización del corazón y en la onda T que se normalizan tras el parto", ha señalado.

   La Sociedad Española de Cardiología recuerda que en el embarazo se produce una serie de cambios cardiovasculares, como el aumento del gasto cardiaco, la distensibilidad arterial y el volumen de líquido extracelular o la disminución de la presión arterial y la distensibilidad periférica total.

   Durante el embarazo, la presión arterial media disminuye gradualmente hasta llegar a su pico más bajo entre las semanas 16 y 22, y a partir de la mitad del tercer trimestre comienza a subir hasta llegar a unas cifras cercanas a las de antes del embarazo. Esta disminución de la presión arterial afecta tanto a la sistólica como a la diastólica, aunque la disminución de la diastólica es mayor.

   El flujo sanguíneo hacia ciertos órganos aumenta para cubrir las mayores necesidades metabólicas de los tejidos, de modo que el retorno venoso y el gasto cardiaco aumentan drásticamente durante el embarazo. Por estos motivos, el gasto cardiaco va aumentando durante los primeros dos trimestres hasta alcanzar sus valores más altos hacia la semana 16 de gestación.

    Los cardiólogos recuerdan que es en la quinta semana de gestación cuando se restablece este aumento del gasto cardiaco, que llega hasta un 50% por encima de los valores previos al embarazo entre las semanas 16 y 20. A las 20 semanas deja de subir y permanece elevado hasta el parto.

EMBARAZADAS CON CARDIOPATÍAS CONGÉNITAS

    El riesgo de la madre y del feto varía dependiendo del tipo de defecto. De forma global, ha explica, "se detecta recurrencia de cardiopatía en el feto en un 2,7 por ciento de las gestantes, pero estos datos son variables en función de las poblaciones estudiadas y en algunos subgrupos se han publicado tasas de un 10 por ciento".

   "Asimismo, se han detectado síndromes familiares asociados con determinadas cardiopatías en los que el riesgo de recurrencia en descendientes es más elevado. Es el caso de los defectos del tabique interauricular en el síndrome de Holt-Oram, anomalías conotruncales en el Síndrome de DeGeorge y una alta tasa de herencia en pacientes con válvula aórtica bicúspide", ha apuntado.

   Entre los factores que aumentan el riesgo de cardiopatías congénitas se encuentran la prematuridad, antecedentes familiares, síndromes genéticos, cardiopatía materna, consumo de drogas durante la gestación, problemas médicos maternos (diabetes, fenilcetonuria, alteraciones tiroideas, enfermedades del tejido conectivo) e infecciones uterinas (rubéola, citomegalovirus, virus coxackie, herpes virus, parvovirus, toxoplasmosis, VIH).

   Debido al riesgo que corre la madre y el feto, debe ser un especialista el que valore y aborde de manera individualizada como tratar a la pacientes y la posibilidad de un embarazo antes de tomar la decisión de ser madre. En este sentido señala que la cirugía reparadora en edades tempranas, puede reducir el riesgo materno-fetal durante el embarazo y han permitido aumentar el número de gestaciones sin complicaciones en pacientes con estos trastornos.

   En ausencia de cardiopatía no es necesario realizar controles cardiovasculares adicionales y basta con monitorizar la tensión arterial y el aumento de peso. Si durante la gestación aparecen síntomas nuevos sugestivos de cardiopatía se recomienda consultar con un cardiólogo, quien recomendará la realización de los estudios necesarios con distintas técnicas de imagen.