Publicado 04/06/2021 08:15CET

Mitos sobre la nutrición de las personas mayores

Archivo - Hombre comiendo, comer. Comida. Disfrutar.
Archivo - Hombre comiendo, comer. Comida. Disfrutar. - PIXELCATCHERS/ISTOCK - Archivo

   MADRID, 4 Jun. (EDIZIONES) -

   Es importante resaltar siempre la importancia de combinar en las personas de edades más avanzadas una dieta equilibrada con ejercicio adaptado, especialmente entre los pacientes que tengan movilidad mantenida, y de prevenir y consultar siempre con el geriatra o con el médico de Atención Primaria cualquier duda al respecto.

   "Se deben vigilar mucho los signos de disfagia (dificultad para tragar, cuya manifestación más habitual es la tos al tomar líquidos), y consultar siempre si tenemos sospecha. Es una de las principales causas relacionadas con la desnutrición en adultos de edad avanzada y con mayor comorbilidad", sostiene en una entrevista con Infosalus la geriatra de Quirónsalud Zaragoza, la doctora Nieves Fernández Letamendi.

   Asimismo, mantiene que en los pacientes polimedicados es muy importante la revisión periódica de los fármacos que tome, ya que muchos de ellos pueden influir u ocasionar alteraciones de gusto, de olfato, o bien una pérdida del apetito. "Hay que valorar su continuidad. Nunca hacer cambios de tratamientos o tomar suplementos nutricionales o polivitamínicos sin consultar previamente a su médico", asegura la especialista y vocal clínica de la Sociedad aragonesa de Geriatría y gerontología.

   Y es que en torno a las personas de edad avanzada hay muchos mitos que deben desterrarse, según defiende la doctora Fernández. En primer lugar habla de que no es normal la pérdida de apetito en las personas de edad avanzada, y siempre que tenga lugar dice que debe considerarse como un signo de alerta y consultar siempre con el médico de Atención Primaria o geriatra. "A menudo traduce una enfermedad orgánica o psicoafectiva y puede mejorar con el tratamiento, antes de que tenga mayores consecuencias", subraya.

   Según apunta, hay muchos factores que pueden influir, desde los propios asociados al envejecimiento (alteraciones en el centro de la saciedad, alteraciones de gusto y olfato), a otros problemas como los masticatorios o de deglución, la toma de determinados fármacos que puedan ser anorexígenos, el estreñimiento, cuadros de reflujo gastroesofágico, u otros trastornos más importantes como los trastornos del ánimo, neurodegenerativos o incluso oncológicos.

   "Por eso, debemos consultar siempre, y lo ideal es ser valorados por un especialista en Geriatría, que puede hacer un estudio mas exhaustivo de las posibles causas y adaptar un tratamiento individualizado a cada paciente", insiste la experta de Quirónsalud Zaragoza.

¿UNA PERSONA MAYOR DEBE CONSUMIR MÁS PROTEÍNAS?

   Fernández Letamendi apunta en este sentido que "no es exactamente así" ya que tomar proteínas en exceso puede provocar una sobrecarga de la función renal, así como un mayor riesgo de gota o de litiasis renales.

   "Por eso no se deben tomar suplementos nutricionales sin supervisión medica. Sin embargo, hay muchos problemas de salud asociados a la edad (falta de piezas dentales, disminución del gusto y el olfato, saciedad precoz, entre otros) que conllevan una ingesta proteica menor de la recomendada", sostiene.

   También advierte de que existen determinadas enfermedades que 'hiperconsumen' estas proteínas (como una fractura de cadera o procesos oncológicos, por ejemplo), en las que se recomienda temporalmente potenciar este aporte proteínico. "Cuando la cantidad óptima no se alcanza, las consecuencias son múltiples: riesgo de pérdida de masa muscular (deterioro funcional y dependencia), alteraciones en la función inmune (riesgo de infecciones), mala cicatrización de heridas o úlceras, etc", avisa Fernández Letamendi.

   A su vez, otro mito que destaca es el de que a las personas de edad avanzada con cardiopatías o problemas renales se les debe restringir el aporte de líquidos, una afirmación "falsa" y que, según asegura, solo debe hacerse en situaciones de descompensación aguda y bajo indicaciones especificas médicas. "En fase estable se debe consumir las cantidades recomendadas diariamente ya que el riesgo de deshidratación aumenta en estos pacientes", apostilla.

   Fernández Letamendi llama la atención igualmente sobre la creencia de que las personas mayores cuando están encamadas no necesitan apenas comer: "Esto no es así, ya que aún en reposo o encamado se produce un consumo basal de energía, que en presencia de enfermedades (infecciones, quemaduras, etc.) puede incluso aumentar".

    Otro mito que ronda sobre la nutrición de las personas de edad avanzada es el concerniente a que la desnutrición en mayores solo aparece en personas con ingresos menores: "Esto no es cierto, ya que una dieta puede ser equilibrada en nutrientes, con un coste razonable. Sin embargo, yo sí que creo que existe relación entre un mayor consumo de alimentos precocinados, conservas, por ejemplo en estos casos, y que no esté presente un cuidador que supervise la alimentación o ayude para realizar la compra; pero no tiene por qué estar relacionado con mayores ingresos, ese cuidador que supervise o ayude puede ser el familiar".

   Rechaza también la idea de que una persona de edad avanzada puede tener anemia porque no come, cuando según explica la geriatra de Quirónsalud Zaragoza, la anemia siempre tiene que ser un signo de alarma y se debe investigar su origen de manera adaptada a la situación del paciente.

   En cuanto al estreñimiento, frecuente entre la población de edades más avanzadas, la especialista menciona el mito de que da igual lo que se coma a esta edad porque siempre va estreñida la persona: "La dieta sí que influye, y mucho, en el ritmo deposicional, al igual que el consumo de líquidos y el ejercicio".

   Desde la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología resaltan que a las personas mayores se les debe insistir en que beban aunque no tengan ganas, ya que tienen disminuida la percepción de sed, y además presentan una saciedad precoz cuando inician la ingesta de líquidos. "Esto les hace especialmente susceptibles frente a la deshidratación, hasta el punto de que cuando notan sensación de sed, hay una perdida de un 1-1,5% de su peso a expensas de los líquidos corporales, es decir, un estado de deshidratación subclínica", agrega.