Publicado 04/02/2022 07:14

El aislamiento social y la soledad aumentan el riesgo de enfermedad cardíaca en las mujeres mayores

Archivo - Mujer mayor tomando leche en la cocina
Archivo - Mujer mayor tomando leche en la cocina - XAVIERARNAU/ /ISTOCK - Archivo

MADRID, 4 Feb. (EUROPA PRESS) -

Los datos de un nuevo estudio apuntan a un aumento de hasta el 27% en el riesgo de enfermedades cardíacas en mujeres posmenopáusicas que experimentan tanto niveles elevados de aislamiento social como de soledad.

Los resultados del estudio prospectivo, publicado en la edición online de la revista 'JAMA Network Open', revelan que el aislamiento social y la soledad aumentan de forma independiente el riesgo de enfermedad cardiovascular en un 8% y un 5% respectivamente. Si las mujeres experimentaban altos niveles de ambos, su riesgo aumentaba entre un 13% y un 27% en comparación con las mujeres que informaban de bajos niveles de aislamiento social y bajos niveles de soledad.

"Somos seres sociales. En esta época de COVID-19, muchas personas experimentan el aislamiento social y la soledad, que pueden convertirse en estados crónicos --recuerda la primera autora, la doctora Natalie Golaszewski, becaria postdoctoral de la Escuela Herbert Wertheim de Salud Pública y Ciencias de la Longevidad Humana de la Universidad de California en San Diego (Estados Unidos)--. Es importante seguir comprendiendo los efectos agudos y a largo plazo que estas experiencias tienen sobre la salud cardiovascular y el bienestar general".

Destaca que el aislamiento social y la soledad están ligeramente correlacionados y pueden darse al mismo tiempo, pero no son mutuamente excluyentes. Una persona socialmente aislada no siempre está sola y, a la inversa, una persona que experimenta soledad no está necesariamente aislada socialmente.

"El aislamiento social consiste en estar físicamente alejado de la gente, como no tocar, ver o hablar con otras personas. La soledad es un sentimiento que pueden experimentar incluso las personas que están en contacto habitual con otras", añade el autor principal, el doctor John Bellettiere, profesor adjunto de epidemiología en la Escuela de Salud Pública Herbert Wertheim.

El aislamiento social y la soledad son un problema de salud pública cada vez mayor, ya que se asocian a condiciones de salud que aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares, como la obesidad, el tabaquismo, la inactividad física, la mala alimentación, la hipertensión y el colesterol alto.

Cuando los investigadores incluyeron todos estos comportamientos y condiciones de salud en su estudio y ajustaron la diabetes y la depresión, el alto aislamiento social y la soledad siguieron estando fuertemente vinculados con un mayor riesgo de enfermedades del corazón, lo que apoya la importancia de estudiar estas condiciones sociales.

A medida que las redes sociales se reducen, los adultos mayores corren más riesgo de aislamiento social y soledad, escribieron los autores. Una cuarta parte de los adultos de 65 años o más se sienten aislados socialmente y un tercio de los adultos de 45 años o más se sienten solos.

"Todavía no sabemos si el mayor riesgo de enfermedad cardiovascular se debe a la exposición aguda al aislamiento social y la soledad o si la culpable es la exposición prolongada acumulada a lo largo de la vida. Se necesitan más estudios para entenderlo mejor", afirma Bellettiere.

Investigaciones anteriores indican que las mujeres experimentan más aislamiento social que los hombres. Para este estudio, 57.825 mujeres posmenopáusicas que vivían en Estados Unidos y que habían participado previamente en el estudio Women's Health Initiative respondieron a cuestionarios que evaluaban el aislamiento social entre 2011 y 2012. Se les envió un segundo cuestionario que evaluaba la soledad y el apoyo social entre 2014 y 2015.

Se realizó un seguimiento de las participantes desde el momento en que completaron el cuestionario hasta 2019 o cuando se les diagnosticó una enfermedad cardiovascular. Un total de 1.599 mujeres experimentaron la enfermedad cardiovascular.

"Las medidas de aislamiento social y soledad, incluso con preguntas breves como se hizo en nuestro estudio, deberían incorporarse a la atención estándar --sugiere Golaszewski--. Controlamos la presión arterial, el peso y la temperatura de nuestros pacientes, y también podría ser beneficioso captar las necesidades sociales de las que pueden carecer los individuos para comprender mejor el riesgo cardiovascular y desarrollar soluciones".