Actualizado 19/02/2021 09:42 CET

¿Por qué puede ser peligroso el cambiar o suspender una medicación por nuestra cuenta?

Archivo - Taking pill.
Archivo - Taking pill. - GETTY IMAGES / MLADEN ZIVKOVIC - Archivo

   MADRID, 19 Feb. (EDIZIONES) -

   Suspender una medicación por nuestra cuenta puede hacernos retroceder en nuestro tratamiento. Puede aumentar el tiempo que nos llevará a sentirnos mejor, e incluso hacer que nuestros síntomas vayan a peor.

   Así lo afirma en una entrevista con Infosalus Javier Velasco, miembro de la subcomisión de Revisión del Uso de los Medicamentos (RUM) de la Sociedad Española de Farmacia Clínica, Familiar y Comunitaria (SEFAC), quien reconoce que el motivo más común por el que los pacientes suspenden tratamientos por su cuenta puede ser el miedo a padecer efectos adversos.

   "A veces pueden pensar que están experimentando efectos secundarios de una medicación, sin ser realmente relativos a ésta, u otras veces se debe a que han experimentado con anterioridad reacciones a medicaciones similares y pueden surgirle dudas", subraya el farmacéutico.

   Otras veces, sin embargo, advierte de que puede ser porque algún familiar o amigo haya tenido problemas con una medicación parecida y les cause temor: "El hecho de no tener confianza en el tratamiento, malinterpretaciones, la desaparición de los síntomas, o incluso el coste del tratamiento si éste no estuviera totalmente financiado por el sistema nacional de salud, puede influir en discontinuar el tratamiento".

    A su vez, menciona que hay personas que muchas veces dejan de tomar una medicación, sin terminar el tratamiento, porque se empiezan a encontrar mejor de lo que estaban, o incluso prácticamente recuperados. A juicio de Velasco es muy probable que esto suceda porque la toma de la medicación prescrita nos haga sentirnos mejor e incluso hacer desaparecer completamente los síntomas; si bien alerta de que si dejáramos de tomar esa medicación, los síntomas podrían volver a aparecer e incluso agravarse más.

   Por ejemplo, dice que aquellos pacientes que tienen insuficiencia cardíaca, tienden a retener líquidos, muy comúnmente en la zona pulmonar, lo que les dificulta la respiración. Para ellos, el miembro de la SEFAC indica que se suelen prescribir medicamentos diuréticos, que resultan incómodos a los pacientes porque les hacen orinar más, dado que al tomarlos se reduce la retención de líquido, el paciente se siente mejor, y quiere hacer vida normal, aunque esto puede que le impida salir de casa sin quizás tener un aseo cercano.

   "Esto puede hacer que el paciente deje de tomar la medicación por su cuenta sin consultar con su médico o farmacéutico, que le pueden ayudar a manejar ese problema y mejora la adherencia al tratamiento; de esta forma, al interrumpir el tratamiento, es probable que los síntomas volverán a aparecer", avisa el farmacéutico.

CUÁNDO UNA MEDICACIÓN NO NOS SIENTA BIEN

   Con todo ello, Javier Velasco, miembro de la subcomisión de Revisión del Uso de los Medicamentos (RUM) advierte sobre aquellos casos en los que debemos plantearnos realmente que una medicación no nos está sentando bien: "Cuando realmente tengamos efectos indeseados que afecten a nuestra vida cotidiana. En estos casos podemos notar dolores musculares, fatiga, cansancio, náuseas, dolor abdominal, diarrea, entre otros. En muchos de estos casos, nuestro farmacéutico nos puede dar pequeños consejos para reducir estos efectos adversos, sin necesidad de detener el tratamiento; o si por el contrario los efectos fueran más graves, nos referirá al especialista para revisar el tratamiento o incluso cambiarlo".

   Sobre si hay medicaciones con las que es frecuente que esto suceda, sostiene que sí, ya que no todos los pacientes reaccionan igual a los distintos tratamientos. "El médico nos recetará el tratamiento que crea que mejor nos puede ayudar en nuestra condición, aunque no todos somos iguales", apunta Velasco.

   A unos pacientes, unas pastillas para controlar el ritmo del corazón les pueden dar causar más cansancio que a otros, según reconoce, al tiempo que menciona que ciertos medicamentos para la tensión nos pueden dar una tos seca, que a otros pacientes no le causa. "Hay medicamentos para reducir el colesterol que nos pueden causar calambres musculares en las piernas, o antiinflamatorios que nos pueden causar problemas estomacales", indica el experto.

   Igualmente, el miembro de la SEFAC resalta a Infosalus que ve de forma muy frecuente que los pacientes dejen su tratamiento porque estén convencidos de que ellos no tienen ese problema, o que éste ya les ha desaparecido. "Sobre todo para aquellos tratamientos de prevención. Un paciente no se tomará su tratamiento para el colesterol porque le salió bien en la última analítica, aunque desconoce que ese tratamiento puede ayudarle a mantener la salud de las paredes de sus arterias, o ya no toma su medicación para la tensión porque tienen la tensión 'bien', y no les duele la cabeza", subraya.

   En cambio, Velasco destaca que aquellos tratamientos para los síntomas más notables, como el reflujo estomacal, o los problemas de insomnio, la toma de los medicamentos no suele fallar, ya que sin ellos los pacientes no se encuentra bien, o no pueden dormir.

   "También me ha ocurrido tener pacientes polimedicados, es decir, con muchos medicamentos, que se sienten mal, y deciden detener uno por uno sus medicaciones hasta que dan con el que creen que es el que les va mal. Esto puede tener graves consecuencias, y de alguna forma, los farmacéuticos tenemos que conseguir que el paciente sienta que estamos cercanos para evitar estos errores, y colaborar con el médico para encontrar el mejor tratamiento para el paciente", sentencia el miembro de la SEFAC.