Trucos para querer más a nuestro cuerpo porque ¡debemos hacerlo!

Archivo - Mujer satisfecha con su imagen besa el espejo.
Archivo - Mujer satisfecha con su imagen besa el espejo. - WAVEBREAKMEDIA/ISTOCK - Archivo
Publicado: domingo, 3 marzo 2024 7:59

   MADRID, 3 Mar. (EDIZIONES) -

   Un estudio publicado en 'The Lancet Psychiatry' ponía de manifiesto que la insatisfacción corporal se relaciona con mayor riesgo de depresión en jóvenes, siendo necesaria la implementación de intervenciones desde la infancia para evitar problemas de salud mental con la llegada de la adolescencia en este sentido.

   Denisa Praje es psicóloga especializada en trastornos de la conducta alimentaria desde una perspectiva contextual, conductual y feminista y acaba de publicar 'Tu cuerpo es para vivir' (Montena), una guía para la aceptación corporal, y por la que le entrevistamos en Infosalus.

   Denuncia que no sólo las mujeres tenemos pensamientos y emociones desagradables relacionadas con el cuerpo, sino que también las tienen los hombres, pero la insatisfacción corporal dice que es "significativamente mayor" en las féminas, y pone el ejemplo de la anorexia o de la bulimia nerviosa, donde el 90% de pacientes son mujeres, unos "problemas psicológicos que se mantienen por una insatisfacción corporal".

   "Las mujeres recibimos mayores presiones estéticas o mayores juicios a nuestro cuerpo. Incluso el aprendizaje de lo que supone ser mujer en nuestra sociedad está muy relacionado con nuestra imagen personal y con la belleza, con darle mucha importancia al hecho de que haya una sobrevaloración del cuerpo", considera esta psicóloga.

NUESTRO CUERPO ES PARA VIVIR

   A su juicio, esto es fruto principalmente de que vivimos en una sociedad con culto al cuerpo, y éste se asocia con frecuencia al cariño con los demás, a la aceptación del resto. "Si no asumiéramos que una persona con un cuerpo más canónico tiene más éxito en la vida; si no se colocase el cuerpo en un lugar tan importante seguramente no estaríamos tan insatisfechas con él porque lo entenderíamos como algo que nos permite vivir", manifiesta Praje.

   Por eso, defiende que el objetivo del libro, pero también de nuestra vida, debe ser entender que "nuestro cuerpo es para vivir y no para estar al servicio de los demás y de las presiones estéticas". Dice que desde pequeños podemos aprender esa insatisfacción corporal, y quizá en la adolescencia es un periodo donde se puede hacer esto más evidente porque es el momento en el que nuestro cuerpo cambia.

   "Estos pensamientos se van forjando desde que somos seres verbales, en el momento en el que aprendemos a entender qué significan las cosas. Ya desde pequeños quizás escuchamos qué implica ser fea, o ser gorda, o cuando alguien en el colegio te rechaza porque te dice que llevas gafas", señala.

   Lamenta, de hecho, que incluso en las películas infantiles se retratan a las princesas y el aspecto de los villanos de una manera determinada, lo que, a su vez, genera aprendizajes que pueden dar lugar a una insatisfacción personal cuando la persona se aleja de esos cánones o aprende que es importante el acercarse a esos cánones y a tener miedo a engordar, porque se relaciona la gordura con lo feo, con el rechazo social, o con la falta de salud.

   Aquí esta psicóloga sostiene que se pueden aprender nuevas asociaciones que sean incompatibles con lo anterior, es decir, que yo puedo aprender que 'engordar es algo terrible', que obviamente no estaría bien, pero también el que 'soy más que un cuerpo y no por engordar necesariamente tengo que dejar de hacer la vida que quiero vivir'. "Se pueden aprender nuevas perspectivas que nos ayuden a tener una mejor relación con nuestro cuerpo", afirma.

CÓMO LOS PADRES PUEDEN AYUDAR A SUS HIJOS

   Con todo ello, remarca Denisa Praje que los padres representan una variable más que influye en la insatisfacción corporal, y son los modelos principales con los que aprender qué esperar del mundo y qué opina el mundo de nuestro cuerpo.

   "Los padres, por ejemplo, pueden evitar hacer comentarios sobre el cuerpo, tanto para bien como para mal, cuando se le dice a alguien 'qué guapa que has adelgazado', aunque sea un comentario bienintencionado la persona aprende que cuando hago cosas para adelgazar soy más aceptada", advierte.

   Por supuesto aconseja evitar hacer comentarios negativos sobre el cuerpo de sus hijos, y también el hacer comentarios negativos sobre su propio cuerpo y el de los otros porque también aprendemos a relacionarnos con nuestro cuerpo por lo que vemos de los demás: "Si mis padres hablan mal del cuerpo de otra persona, yo sé que no debo acercarme al cuerpo de esa persona porque tiene ciertas cualidades que llevan al rechazo de otros".

   Así, insiste Praje en quitar el cuerpo del centro del todo y en halagar a los hijos con más cualidades que vayan más allá del cuerpo, como la inteligencia, la creatividad, la amabilidad, lo buen amigo que sea; con poner el foco sobre otras cosas importantes.

CUIDADO CON EL DEPORTE

   "Hay que tener cuidado con nuestra relación con el deporte porque no hay que entenderlo como una forma de encontrar un cuerpo perfecto o que éste se haga exclusivamente para cambiar el cuerpo. Sólo esto puede llevar a mala relación con él, a obsesiones, a una mala relación con la comida, a compensar lo que se coma, se puede correr el riesgo de entrar en bucle", indica.

   A veces, tal y como considera esta experta, el deporte también desplaza a otras actividades importantes para la persona, o se puede entender como un castigo y no como una actividad de disfrute y de bienestar; "y todo esto puede ser factor de riesgo para desarrollar problemas con el cuerpo y con la alimentación".

PAUTAS PARA TENER UNA MEJOR RELACIÓN CON NUESTRO CUERPO

   Principalmente esta psicóloga recomienda concebirnos más que un cuerpo, mantener siempre un diálogo amable con respecto a nuestro cuerpo; realizar actividades a pesar de nuestra insatisfacción corporal, no dejar de hacer cosas que para nosotros sean importantes. También encontrar un punto medio entre evitar mirar nuestro cuerpo y chequear constantemente cómo se ve nuestro cuerpo.

   En último lugar habla de comer de forma flexible o el 'flexifooding', que consiste en otro movimiento para llevar a cabo comportamientos con la comida que se adapten a los cambios en el entorno y tengan en consideración muchos criterios a la hora de comer, más allá de los propiamente nutricionales, es decir, comportamientos que sean beneficiosos respecto a la comida en el largo plazo y no sólo se tenga en cuenta el criterio nutricional sino otros psicológicos, sociales, de rutina, de momento vital de la persona, de manera que ésta que sea más flexible, más moldeable, y que no responda a un comportamiento rígido.

   "Por ejemplo, el tener planeado que esta noche voy a comer verduras asadas con pollo, pero si viene mi hermana desde una ciudad muy lejana y hace mucho que no la veo, y para mí es importante pasar tiempo con ella y me invita a cenar, el ser flexible y adaptarme a un nuevo cambio porque también es importante para mí esto y no sólo el mantener una alimentación equilibrada a nivel nutricional", concluye Denisa Praje.