Publicado 09/09/2021 08:17CET

Los 'trucos' que no puedes dejar pasar por alto para sobrellevar los terribles 2-3 años

Archivo - Madre e hija. Rabieta recurso.
Archivo - Madre e hija. Rabieta recurso. - HALFPOINT/ISTOCK - Archivo

   MADRID, 9 Sep. (EDIZIONES) -

   Los niños de 2-3 años son "muy explosivos", y para todo: para lo bueno y para lo malo. Ante cualquier pequeña frustración puede aparecer una rabieta en el lugar menos esperado, pero también menos indicado. Es una época en algunos casos difícil, 'famosa' entre muchos padres porque los pequeños necesitan acompañamiento y que no los ignoremos. La llaman la fase de los 'terribles 2 años'. Pero también es una etapa muy divertida, donde empiezan a hablar, a comunicarse con nosotros y con los otros, y a ser más autónomos.

   "Es una época en la que los niños no son capaces de decidir cómo llorar o sentir. Cada niño es un mundo pero, en general, están haciendo el primer salto a la vida, empezando a conocer qué es la independencia y les aparece la necesidad de ser ellos mismos pero en un momento en el que son muy inmaduros y muy poco sabios. 'Yo quiero ser yo', 'te lo voy a demostrar, pero no sé muy bien cómo'. Por tanto, es frecuente la confrontación con el progenitor. 'Si me dicen sí, les diré no, y así les demuestro que puedo tomar mis propias decisiones y las puedo tomar'", subraya en una entrevista con Infosalus el enfermero de Pediatría Armando Bastida.

   Los 2-3 años son una época en la que lo quieren hacer todo ellos solos, donde empiezan a aflorar sus emociones, según prosigue, una edad en la que no comprenden lo que sienten, ni lo saben controlar, y sienten de manera "genuina e intensa todo lo que viven". Y no solo el llanto o la frustración, Bastida dice que también cuando sonríen y son felices lo expresan sin ningún filtro, de igual modo que cuando lloran, sin importarles quién mira, porque tampoco lo pueden frenar. "De ahí se derivan las conocidas rabietas, a patalear en el suelo llorando porque quieren algo y no lo consiguen", apostilla.

   El también fundador del proyecto multidisciplinar 'Criar con Sentido Común', una tribu virtual que da apoyo diario a miles de padres advierte, eso sí, de que es una época súper bonita porque se ve que descubren el mundo, cosas, objetos a su manera, no hacen cosas tanto por imitación sino por sus propias necesidades e ideas, empiezan a hablar y te hacen sus preguntas: "Es una etapa en la que están descubriendo el mundo, pero a la par esto les genera muchos enfados y frustraciones porque no les sale todo bien. Es una persona pequeña que no comprende cómo funciona el mundo y no tiene la capacidad o tolerancia a la frustración para ser conscientes de que no les ha salido ahora pero pueden volver a intentarlo después".

   Acaba de publicar, precisamente, 'Cuentos para criar con sentido común' (Penguin Random House), cuatro cuentos ilustrados para leer con los más pequeños, donde se plantean distintas situaciones que suelen crear conflicto en las familias con niños pequeños.

   Uno de ellos precisamente versa sobre esta etapa de 2-3 años, donde según cuenta, como no tienen desarrollado el raciocinio aflora la parte emocional, ésta es la que manda, y por eso se producen este tipo de episodios. "Sienten muchas emociones y para los padres, que hoy en día tenemos poco tiempo para estar con ellos llega a suponer un gran reto. Los llamamos 'los terribles dos' porque es cuando más difícil lo ponen, pero es normal. Los niños son así y deben pasar por ello, pero el problema es que nosotros no tenemos tiempo, ni tampoco la paciencia, como para acompañarles en este proceso, donde deberíamos atenderles de forma más paciente, tranquila", agrega.

MENOS ÓRDENES Y MÁS PREGUNTAS

   Además, el principal de sus consejos en esta etapa es ofrecerles menos órdenes y, en cambio, hacerles más preguntas: "Lo primero es intentar prevenir la rabieta, si sabes que pasando por el súper o la tienda la va liar, intentar no pasar por ahí, o no vayas por el parque si no puedes ir por ahí; conocer los momentos en los que el niño explota y tratar de reducirlos".

   Ayuda mucho también, en su opinión, el encontrar ratos en los que estar con ellos, el conocido como 'tiempo de calidad', "donde realmente estés con y por tu hijo porque eso le hace sentirse que estás por él, sin mirar el móvil o ocupado con otra cosa". Según advierte Bastida, es muy normal que el menor haga llamar la atención si no logra llamar la atención de sus padres, no recibe el cariño y acompañamiento que necesita.

   En el caso de tener rabietas, este enfermero de pediatría aconseja ponerles la tele ratos cortos, incluso lo menos posible, y si tienen muchísimas rabietas no ponérsela porque representa "un estímulo fuerte".

   Considera que también puede ser útil en esta época el contar con sus tiempos, ya que según explica, ellos no llevan reloj: "Tratar de amoldarnos a sus tiempos, que son más despacio y lento todo. En el confinamiento hubo muchas familias que dijeron que su hijo estaba más tranquilo al estar cerrados y todos en definitiva estuvieron más tranquilos".

   ¿Qué hacer si tiene una rabieta? Armando Bastida aconseja que se debe conectar con el niño, hacer un ejercicio de empatía, ya que apenas tienen dos-tres años y son incapaces de comprender el mundo adulto, la sociedad que les rodea, e intentar conectar emocionalmente con ellos, acompañarles en su rabieta.

   "Cuando un niño se enfada lo pasamos muy mal, nos genera malestar el que llore mucho, y esto muchas veces tiene que ver con que de pequeños no nos dejaban llorar. Por eso debemos hacer ese ejercicio de reflexión, de empatía. Su sentimiento es válido y yo, como madre o padre, lo tengo que permitir. Igual que a un adulto que llora le decimos que no llore, no, las cosas hay que llorarlas, no hay que negar las emociones y cuando estén en la capacidad de hablarlo, hacerlo a su nivel. Cuando entiendan que no se puede comprar por lo que sea, comprender su emoción. 'No te puedo dar lo que quieres porque vale mucho dinero pero si quieres podemos hacer esto otro", agrega.

   En caso de no tener tiempo, apuesta por abrazarlos e intentar calmarlos lo antes posible: "Es importante para ellos. Ahora sé que sufres, pero me tengo que ir porque no llego al trabajo, pero te prometo que luego lo hablaremos porque es importante para ti. Me comprenden, me permiten llorar, me hacen saber que me entienden. Y luego esperar a que crezcan".

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