¿Por qué tomamos decisiones de riesgo aunque no sean probables? La clave está en los dos hemisferios del cerebro

Apuestas, riesgo, cerebro
JENNIFER E. FAIRMAN, CMI, FAMI. 2019, JOHNS HOPK
Publicado 08/01/2019 13:42:25CET

MADRID, 8 Ene. (EUROPA PRESS) -

Un equipo liderado por una ingeniera biomédica de la Universidad Johns Hopkins (Estados Unidos) ha descubierto que la decisión de alto riesgo, incluso si presenta pocas probabilidades, son el resultado de un sesgo interno que aumenta con el tiempo dependiendo de las experiencias pasadas, y además implica una dinámica entre los los dos hemisferios del cerebro.

"Lo que aprendimos es que existe un sesgo que se desarrolla con el tiempo y puede hacer que las personas vean los riesgos de manera diferente", explica la autora principal del estudio, Sridevi Sarma. Su grupo ha tratado de comprender por qué las personas tienden a asumir riesgos incluso cuando las probabilidades están en su contra o evitarlos incluso cuando las probabilidades son favorables. También querían aprender dónde se origina ese comportamiento en el cerebro humano.

Para comprobar esto, pidieron a pacientes en la Unidad de Monitoreo de la Epilepsia de la Clínica Cleveland que participaran en un juego de cartas simple que involucraba tomar riesgos. Los pacientes se habían sometido a una estereoelectroencefalografía, un procedimiento en el que los médicos implantan múltiples electrodos profundamente asentados en el cerebro, que fue diseñado para permitir a los médicos localizar el origen de las convulsiones para futuros tratamientos quirúrgicos.

El juego era simple: el ordenador tenía una baraja de cartas infinita con solo cinco valores diferentes (2, 4, 6, 8 y 10) con la misma probabilidad de repartirse. Después de cada ronda, las cartas regresaron a la baraja, sin cambiar las probabilidades. A los participantes se les mostraron dos cartas en una pantalla de ordenador, una boca arriba y la otra boca abajo. Se pidió a los participantes que apostaran poco (5 euros) o mucho (20 euros) si su carta tenía un valor mayor que la carta del ordenador.

El equipo de investigación encontró que cuando se repartía un 2, 4, 8 o 10, los participantes apostaban rápida e instintivamente. Sin embargo, cuando se les dio un 6, dudaron y fueron empujados a apostar más o menos dependiendo de su sesgo, aunque las posibilidades de elegir una carta más alta o más baja eran las mismas que antes. En otras palabras, el comportamiento de los participantes en las apuestas se basó en cómo les fue en las apuestas anteriores, a pesar de que los resultados no tuvieron relación con el resultado de las nuevas apuestas.

Al examinar las señales neuronales registradas durante las cuatro etapas del juego, el equipo de Sarma encontró un predominio de ondas cerebrales gamma de alta frecuencia, e incluso pudieron localizar estas señales en estructuras particulares del cerebro. En el estudio, estas regiones, excluyendo cualquier implicado en la epilepsia resistente a los medicamentos, se asociaron positiva o negativamente con el comportamiento de riesgo.

"Cuando la parte derecha del cerebro tiene actividad de alta frecuencia y te arriesgas, te ves obligado a correr un mayor riesgo. Pero si el lado izquierdo tiene actividad de alta frecuencia, te está alejando de tomar más riesgo", detallan los investigadores, expresanso su "sorpresa" ante la simetría de las reacciones cerebrales de los pacientes en estas condiciones.

Para evaluar ese sesgo interno, los investigadores desarrollaron una ecuación matemática que calculó con éxito el sesgo de cada paciente utilizando solo sus apuestas anteriores. "Descubrimos que los jugadores están acumulando todos los valores de las cartas pasadas y todos los resultados pasados, pero con una memoria que se desvanece. En otras palabras, lo que sucede más recientemente pesa sobre una persona más que los eventos más antiguos. Esto significa que, según el historial de las apuestas de un participante, podemos predecir cómo se siente esa persona mientras juega", concluyen.