Publicado 12/03/2021 08:17CET

Tips para cultivar una buena relación entre hermanos: ¿debemos intervenir cuando se pelean?

Hermanos peleados sentados en el sofá.
Hermanos peleados sentados en el sofá. - FIZKES/ISTOCK

   MADRID, 12 Mar. (EUROPA PRESS) -

   Tener un hermano es para toda la vida. Es un regalo, y un amigo que previsiblemente tendrás siempre. La relación entre hermanos no es una relación cualquiera. Nos acompaña de por vida y como padres debemos cuidarla y acompañarla emocionalmente de manera correcta.

   Así lo defiende en una entrevista con Infosalus Tania García, una educadora sociofamiliar que acaba de publicar 'Hermanos: Cómo educar la relación entre tus hijos' (Vergara), un manual sobre cómo educar la relación entre los hijos, y con el que resalta que "al igual que nuestra infancia marca todo el resto de nuestra existencia, el tener hermanos y la relación que desarrollamos y mantenemos con ellos será la base de todas las demás relaciones e interacciones sociales que tengamos durante toda nuestra vida (amigos, pareja, compañeros...)".

   La también fundadora de Edurespeta, una escuela para familias y profesionales que desean educar con respeto, remarca que tener hermanos es una "cuestión intensa" que va mucho más allá de compartir tu vida con otra persona: "Marca tu vida para siempre. Es muy importante que los padres sepan que van a haber cambios, emociones, y cuestiones complejas en esta relación porque nuestros hijos nos necesitan por igual en cuanto a nuestro acompañamiento emocional, tiempo, y atención, pero también necesitan cuestiones diferentes cada uno de ellos, ya que cada persona es única".

   A su juicio, los padres son realmente las personas que pueden facilitar que este vínculo sea óptimo, pero también pueden hacer todo lo contrario. Entre otros puntos, esta experta en educación respetuosa y asesora familiar subraya que la óptima relación entre hijos puede conseguirse teniendo un absoluto respeto por las "necesidades cerebrales verdaderas" de cada uno de sus hijos, y teniendo en cuenta las etapas en las que se encuentran comunicándose con ellos sin dañarlos, fomentando el amor, y no la diferencia ni la competición.

   En el libro dedica un capítulo a la comunicación con los hijos, y hace hincapié en que a cada uno debemos darles las mismas oportunidades y los mismos derechos, por supuesto, pero siempre teniendo en cuenta que cada hijo es diferente y debemos ser conscientes de esto al educar. "Cada hermano tiene una personalidad distinta, unos gustos e intereses individuales, y una forma de sentir diferente. Como padres tenemos que acompañar de forma individual para conseguir que nuestros hijos tengan un desarrollo emocional óptimo", agrega.

NO COMPARAR NUNCA ENTRE HERMANOS

   Por eso, según insiste García, no debemos dar lo mismo a cada hijo, porque cada uno tiene sus propias "necesidades cerebrales" y, por ende, sus propias necesidades emocionales. En este sentido, la fundadora de Edurespeta incide en que las comparaciones "sólo ayudan a crear un clima de competencia y de competitividad entre los hermanos", al estar continuamente hablando de forma comparada sobre su personalidad y comportamiento (con las consecuencias negativas para su relación que esto acaba suponiendo). "Son una de las mayores causas de pérdida de autoestima", advierte.

   De hecho, ve imposible que un niño se quiera a sí mismo si continuamente tiene que estar escuchando comparaciones con su hermano, con sus compañeros de clase, con sus primos, o incluso con cómo eran los propios padres cuando tenían su edad. "No debemos comparar a nuestros hijos nunca", añade.

   Con todo ello, Tania García enumera una serie de pautas fundamentales para educar la relación entre nuestros hijos, y a modo de resumen, destaca el no comparar y no etiquetar, así como el saber intervenir en los conflictos entre nuestros hijos.

    "Algo de lo que no hemos hablado anteriormente y que es también muy importante son los favoritismos. Se ha corroborado científicamente que el favoritismo ocurre de manera natural y que, normalmente, se tiene con aquellos que son más cercanos a ti, o se comportan más como tú quieres pero, por supuesto, no podemos impactar con este favoritismo en la relación con nuestros hijos. Es decir, es lícito sentirlo, pero no lo demuestres", defiende la educadora sociofamiliar.

   Para fomentar una buena relación entre hermanos dice que debemos trabajar en no demostrar este favoritismo y en no ponernos expectativas para con ellos, realizar diferencias entre ellos, así como atenderlos en función de lo que cada uno necesita, siempre desde la base respetuosa.

GESTIONAR LOS CONFLICTOS ENTRE HERMANOS

   Por otro lado, preguntada por los conflictos entre ellos, uno de los aspectos que más preocupan a los padres, García resalta que lo primero que tenemos que comprender es que los conflictos y las peleas entre hermanos son naturales y forman parte de su relación: "El verdadero problema es que su causa está basada en cómo acompañan esta relación los padres, ya que al fin y al cabo la mayor parte de las peleas entre hermanos serían evitables si su relación se acompañase adecuadamente".

   Es más, asegura que "un 90% de conflictos son evitables si nosotros los adultos aprendemos a saber actuar", y un 10% son naturales y ocurrirán. "Pero el impacto de los mismos en su relación depende de cómo nos comportemos los adultos. Se cometen muchos errores con los niños y esto no sólo acaba provocando que se lleven mal y que tengan conflictos cada vez más graves en su día a día, sino también, y quizás lo más importante, es que su vínculo acaba siendo cada vez más distante y se sienten cada vez más lejos. Esto acaba repercutiendo en problemas y en desconexión en el desarrollo actual, y por supuesto también en la vida adulta", añade.

   En este punto, subraya que dos de las grandes causas de conflictos entre hermanos que podrían ser completamente evitados con un acompañamiento adecuado, son precisamente las etiquetas y las comparaciones que utilizamos para con ellos: "Etiquetar a los hermanos por 'el bueno', 'el listo', 'el malo', por ejemplo, o simplemente por el orden de nacimiento, es algo que crea un lastre en ellos. Este peso lo llevan de por vida, ya que al fin y al cabo nuestra infancia es la etapa que sostiene toda nuestra vida y que nos marcará cómo somos en un futuro".

   Yendo a un ejemplo práctico, según apunta García, es bastante común encontrarse en las familias con que un hermano recibe la etiqueta de 'hermano mayor' y otro de 'hermano pequeño'. En este caso, aunque no conozcamos a ninguno de ellos, ya les estamos presuponiendo un comportamiento a uno y otro, ¿verdad?

   "El mayor debería ser el que cuida del pequeño, el que se mantiene fuerte, e incluso el que hace cosas de 'mayor', sin poder expresarse como necesita emocionalmente. Esto es un grave error no solo para ellos, sino también para los propios padres, que otorgando esta etiqueta dan por hecho que un hermano mayor tiene una madurez que quizás no ha alcanzado", agrega.

   Según advierte la fundadora de Edurespeta, hay un primer hermano, un segundo, o un tercero, por ejemplo, pero asociar etiquetas a una persona, en este caso incluso antes de su nacimiento, ya le condiciona y más aún cuando los que lo hacen son sus padres. "Llamarles por su nombre es el primer paso. Las comparaciones también debemos desecharlas. No debemos compararlos ni con sus hermanos, ni con nadie. Debemos comprender y respetar la singularidad de una persona y lo única que es cada personalidad", defiende.