Publicado 22/04/2021 15:31CET

Tener barriga aumenta el riesgo de enfermedad cardíaca aunque el IMC no indique obesidad

Archivo - Hombre con obesidad. Sobrepeso. Barriga
Archivo - Hombre con obesidad. Sobrepeso. Barriga - IMEO - Archivo

MADRID, 22 Abr. (EUROPA PRESS) -

Las personas con obesidad abdominal y exceso de grasa alrededor de la sección media del cuerpo y de los órganos tienen un mayor riesgo de padecer enfermedades cardíacas incluso si la medida de su índice de masa corporal (IMC) está dentro de un rango de peso saludable, según una nueva Declaración Científica de la Asociación Americana del Corazón publicada en la revista científica 'Circulation'.

Una mayor comprensión de la obesidad y su impacto en la salud cardiovascular pone de relieve la obesidad abdominal, a veces denominada tejido adiposo visceral, o TAV, como marcador de riesgo de enfermedad cardiovascular. El TAV suele determinarse mediante el perímetro de la cintura, la relación entre el perímetro de la cintura y la altura (teniendo en cuenta el tamaño del cuerpo) o la relación cintura-cadera, que ha demostrado predecir la muerte cardiovascular independientemente del IMC.

Los expertos recomiendan que tanto la medida abdominal como el IMC se evalúen durante las visitas periódicas al médico, ya que un perímetro de cintura elevado o una relación cintura-cadera baja, incluso en personas con un peso saludable, podrían significar un mayor riesgo de enfermedad cardíaca. La obesidad abdominal también está relacionada con la acumulación de grasa alrededor del hígado, que a menudo da lugar a la enfermedad del hígado graso no alcohólico, que se suma al riesgo de enfermedad cardiovascular.

El poder inductor de riesgos de la obesidad abdominal es tan fuerte que en las personas con sobrepeso u obesidad según el IMC, los bajos niveles de tejido graso alrededor de la sección media y los órganos podrían indicar un menor riesgo de enfermedad cardiovascular. Este concepto, denominado 'obesidad metabólicamente sana', parece diferir según la raza/etnia y el sexo.

En todo el mundo, unos 3.000 millones de personas tienen sobrepeso (IMC = 25 a 29,9 kg/m2) o padecen obesidad (IMC mayor a 30 kg/m2). La obesidad es una enfermedad compleja relacionada con muchos factores, incluidos los aspectos biológicos, psicológicos, ambientales y sociales, todos los cuales pueden contribuir al riesgo de obesidad de una persona.

La obesidad se asocia a un mayor riesgo de enfermedad arterial coronaria y de muerte por enfermedad cardiovascular y contribuye a muchos factores de riesgo cardiovascular y a otras condiciones de salud, como la dislipidemia (colesterol alto), la diabetes de tipo 2, la hipertensión arterial y los trastornos del sueño.

Para esta declaración, los expertos evaluaron la investigación sobre la gestión y el tratamiento de la obesidad, en particular la obesidad abdominal. El grupo de redacción señala que la reducción de calorías puede reducir la grasa abdominal, y que la actividad física más beneficiosa para reducir la obesidad abdominal es el ejercicio aeróbico.

Su análisis encontró que el cumplimiento de las recomendaciones actuales de 150 minutos/semana de actividad física puede ser suficiente para reducir la grasa abdominal, sin que se produzcan pérdidas adicionales por un mayor tiempo de actividad. En algunos casos, se ha demostrado que el ejercicio o una combinación de cambios en la dieta y actividad física reducen la obesidad abdominal incluso sin pérdida de peso.

Los cambios en el estilo de vida y la consiguiente pérdida de peso mejoran los niveles de azúcar en sangre, presión arterial, triglicéridos y colesterol (un conjunto de factores denominado síndrome metabólico) y reducen la inflamación, mejoran la función de los vasos sanguíneos y tratan la enfermedad del hígado graso no alcohólico. Sin embargo, los estudios de los programas de cambio de estilo de vida no han demostrado una reducción de los episodios de enfermedad coronaria (como el infarto o el dolor torácico).

En cambio, la cirugía bariátrica para el tratamiento de la pérdida de peso se asocia a una reducción del riesgo de enfermedad arterial coronaria en comparación con la pérdida de peso no quirúrgica. Esta diferencia puede atribuirse a la mayor cantidad de pérdida de peso y a los cambios resultantes en el metabolismo que son típicos tras la cirugía bariátrica.

"Se necesitan más trabajos para identificar intervenciones eficaces para los pacientes con obesidad que mejoren los resultados de las enfermedades cardiovasculares y reduzcan la mortalidad por enfermedades cardiovasculares, como se observa con la cirugía bariátrica", concluye la doctora Tiffany M. Powell-Wiley, una de las líderes de esta declaración científica.