Publicado 07/12/2020 07:59CET

Estas son las claves esenciales para vivir más y mejor

Familia haciendo ejercicio.
Familia haciendo ejercicio. - GEBER86/ISTOCK - Archivo

   MADRID, 7 Dic. (EDIZIONES) -

   Todos envejecemos nos guste o no. Forma parte del proceso natural del ser humano. Ahora bien, no todos envejecemos de la misma manera, ni vivimos los mismos años, ¿por qué esto es así? ¿Podemos hacer algo para evitarlo?

   El investigador español y catedrático de Bioquímica en la Universidad de Oviedo Carlos López-Otín, acaba de publicar 'El sueño del tiempo' (Paidós), un ensayo sobre las claves del envejecimiento y la longevidad, que ha escrito junto al prestigioso biólogo celular Guido Kroemer, y en el que intenta dilucidar estas cuestiones.

   En una entrevista con Infosalus, y preguntado sobre a partir de qué edad envejecemos, el también Premio Nacional de Investigación reconoce que se trata de un tema en discusión si desde el mismo momento del nacimiento o a partir de una edad concreta en la que empezamos a perder capacidades. Él defiende que "es un continuo absoluto", donde "no se puede fijar una edad", e insiste en que el envejecimiento "no es una enfermedad sino un proceso biológico que hay que entender".

   Así, afirma que todos tenemos un "cronómetro biológico", "somos un reloj andante, pensante y caminante": "Todos los mamíferos llevamos un reloj fundamental en el cerebro, el cronómetro central supraquiasmático, del que emanan múltiples señales que marcan nuestros ritmos metabólicos, digestivos, respiratorios, cardíacos y hasta emocionales".

   Según defiende, los mecanismos moleculares de todos estos relojes biológicos están estrechamente conectados entre sí y también con los relojes circadianos que sintonizan el tiempo de la vida con el tiempo del mundo. "Todas estas interconexiones aseguran una cierta sincronía en el proceso del envejecimiento dentro de cada individuo particular, pero a la vez dificultan las posibilidades de intervenir sobre un mecanismo concreto sin afectar a los restantes", agrega.

   En cuanto a por qué unas personas envejecen mejor que otras, el doctor López-Otín habla de que hay una serie de instrucciones en nuestro genoma que nos predisponen a vivir más o menos, pero también apunta al 'reloj epigenético' de interacción con el ambiente, que puede "funcionar bien" y ser capaz de no dañar sus moléculas fundamentales de la vida durante más tiempo.

    "Los relojes metagenómicos que interaccionan con el genoma, los billones de bacterias que viven con nosotros, hay que cuidarlas también porque son mayoritarias en nuestro organismo, hay más genes bacterianos que humanos en nosotros", añade en este sentido.

   Aquí recuerda que la mayor parte de las enfermedades del tiempo tienen su origen en el cerebro, donde se encuentran esos "relojes maestros" y el cronómetro central supraquiasmático que hemos citado antes. Por otro lado, el doctor López-Otín resalta que nuestro sistema inmunológico es más activo en el sueño nocturno, algo que se consigue en parte mediante la disminución durante la noche de los niveles de cortisol, una hormona que causa estrés e inmunosupresión.

   Además, el doctor en Bioquímica dedicado a la investigación del envejecimiento y del cáncer matiza que algunas enfermedades suelen comparecer a distintas horas en su inesperada e indeseada visita a nuestros cuerpos: "Las migrañas y los infartos de miocardio surgen con mayor frecuencia a primera hora de la mañana, mientras que los ataques epilépticos se presentan con mayor probabilidad entre las 3 y las 7 de la tarde".

   Es más, va más allá y asegura que no se puede afirmar que las mujeres envejezcan prematuramente en comparación con los varones, "dado que en la práctica totalidad de países desarrollados la esperanza de vida de las mujeres supera en 6 u 8 años a la de los hombres".

   En este punto, llama la atención sobre el hecho de que "a nadie le pasan los años sin daño en los relojes", todo depende de la persona, y de los genes que construyen sus relojes: "Hay un equilibrio y se adquieren capacidades con el tiempo pero también se pierden otras. Lo ideal es no ser náufragos del tiempo. La enfermedad del tiempo por excelencia es el Alzheimer porque es una patología donde perdemos los recuerdos del pasado y la ilusión del futuro por lo que no tenemos oportunidad de percibir el tiempo adecuadamente. Otra enfermedad del tiempo, por ejemplo, es el cáncer, a medida que pasa el tiempo aumentan las posibilidades de desarrollarla".

PAUTAS PARA RETRASAR NUESTRO ENVEJECIMIENTO

   A juicio del investigador de la Universidad de Oviedo, "lo milagroso es vivir tantos años y lo sorprendente es que vivamos la mayor parte de los españoles hasta los 80; lo ideal, llegar sin grandes daños ni graves enfermedades".

   Las claves para ello, según indica, son genéticas, epigenéticas, y metagenéticas, y se van conociendo. Eso sí, asegura que "quien no tenga genes de longevidad que lo predispongan, lo tendrá más difícil", dado que "el implantar esos genes ahora no es posible para la Ciencia".

   Con ello, apunta en primer lugar a eliminar el "tóxico de la longevidad", la obesidad. "Algunos países muy avanzados ven reducida precisamente su esperanza de vida por la obesidad", según lamenta. A esto cree que habría que sumarle la malnutrición, el comer mal, y cosas muy perjudiciales para nuestra salud, el daño que causa el abuso de macronutrientes, así como la carencia micronutrientes, el abuso de comidas preparadas, o la ausencia comida fresca.

   Ve "esencial", por tanto, suprimir las bebidas edulcoradas y el reducir el consumo de alcohol, aunque se puede tomar café (sin azúcar) y té (preferiblemente verde) con prodigalidad, a su juicio. "Estas recomendaciones se pueden complementar con unos periodos de ayuno pautados por nuestras propias sensaciones y experiencias al respecto. Apliquemos a la biología y a la nutrición lo que Mies van der Rohe nos enseñó en el ámbito de la arquitectura para la longevidad, 'menos es más, y mejor'", mantiene.

   En tercer lugar, señala directamente a la intoxicación crónica: "No es que tomemos venenos, pero hay en nuestro entorno agentes químicos que se incorporan a nuestra cadena alimentaria con efectos tóxicos, pero también los ambientales, como las drogas, o algunos productos de limpieza con los que tenemos que tener cuidado, como pinturas, disolventes, o perfumes. El tabaco es el peor de todos. Hay que evitar, por tanto, los productos ultraprocesados de la industria alimentaria como los comestibles preparados con una larga lista de aditivos para dar preferencia a los alimentos frescos, idealmente de producción biológica y de kilómetro cero. Hay que minimizar la contaminación doméstica del aire provocada por el uso de disolventes, de ambientadores, y de productos de limpieza. Y por supuesto tenemos que se militantes muy activos en la reducción de la polución atmosférica".

   A su vez, menciona a la inactividad física o al sedentarismo, recordando lo esencial que es caminar mínimo media hora al día, aunque la OMS sólo recomiende un total de 150 minutos a la semana.

   "El estrés, las alteraciones emocionales, la falta de descanso también adelgazan nuestro sueño del tiempo, la pérdida de los ritmos circadianos. Con la vida urgente se rompen nuestros ritmos biológicos y rutinas y empieza el descontrol horario. Se puede hacer todo las 24 horas porque está todo abierto, y lo último que hacemos es mirar a las pantallas que nos roban los ritmos diarios de luz y de oscuridad, y esto influye decisivamente sobre la salud, el sueño, y sus enfermedades y hasta predispone al cáncer. Por tanto, se debe rebajar la ingesta nutricional. Comer poco y bien. Menos es más siempre y mejor. Después vivir una vida sana, cuidar nuestro microbioma, el no tener estrés, y el realizar ejercicio", sentencia.