Publicado 06/08/2021 18:03CET

¿Somos egoístas o generosos por naturaleza? Depende de las circunstancias

Archivo - Suerte, encontrar dinero
Archivo - Suerte, encontrar dinero - GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / BLACKDAY - Archivo

MADRID, 6 Ago. (EUROPA PRESS) -

Un estudio en laboratorio liderado por el español Carlos Alós-Ferrer, catedrático de Teoría de la Decisión y Neuroeconomía de la Universidad de Zúrich (Suiza), ha demostrado que las personas comparten de buen grado las ganancias monetarias con los demás, que no les gusta la desigualdad y que muy a menudo son generosas, aunque dentro de la sociedad muestran otras tendencias.

En los últimos años, los ciudadanos han ido perdiendo la confianza en las instituciones financieras, las autoridades económicas y, en particular, en los directivos de las empresas. La gente tiene la opinión de que los principales agentes económicos harán cualquier cosa para obtener beneficios, incluso perjudicar a grandes grupos de seres humanos.

Alós-Ferrer y su equipo diseñaron el Juego del Gran Ladrón, un escenario experimental con 640 participantes en una muestra estándar de estudiantes. Los estudiantes fueron colocados en grupos de 32, donde todos los sujetos realizaban alguna actividad remunerada y ganaban la misma cantidad de dinero.

A la mitad de los participantes, los ladrones, se les dio la oportunidad de robar anónimamente la mitad de las ganancias de los otros 16 miembros de su grupo (y una de las 16 decisiones de los ladrones se llevó a cabo realmente), lo que correspondía a más o menos 100 euros. Pero también podían robar menos, digamos un tercio, o una décima parte o nada en absoluto.

Más de la mitad de los ladrones se fueron al extremo y se llevaron el máximo posible, que era la mitad de las ganancias de todos los demás. Más del 80 por ciento se llevó un tercio o más, y casi nadie se negó a robar. Los estudiantes revelaron una voluntad abrumadora de infligir un daño monetario importante a un grupo numeroso de personas. Además, la decisión de tomar el máximo se tomó por término medio más rápidamente que la de abstenerse de hacerlo, lo que revela una lucha moral más débil en el primer caso.

Sin embargo, los mismos participantes del estudio mostraron un comportamiento predominantemente prosocial en los juegos bilaterales estándar. Cuando se les preguntó cómo querían repartir 10 euros con otro participante, transfirieron voluntariamente algo de dinero, incluso cuando la otra persona no podía tomar represalias si no recibía dinero. En general, sus acciones revelaban que no les gustaba la desigualdad.

"Así, las mismas personas mostraban egoísmo en las grandes decisiones de alto impacto que afectaban a un gran grupo y generosidad en las pequeñas interacciones bilaterales de bajo riesgo. Este comportamiento surgió de forma espontánea dentro de nuestra población estudiantil, sin diferencias significativas debidas al género o al campo de estudios. Por lo tanto, no es necesario argumentar que los actores económicos de alto nivel son diferentes. Las raíces de los escándalos empresariales parecen estar en todos nosotros", resume Alós-Ferrer.

TENSIÓN ENTRE EL BENEFICIO PERSONAL Y LA PREOCUPACIÓN POR LOS DEMÁS

La conclusión de que la gente se comporta de forma egoísta con un grupo grande mientras es generosa con los individuos sugiere que perjudicar a muchos individuos puede ser más fácil que perjudicar a uno solo, en línea con las pruebas existentes de que la gente está más dispuesta a ayudar a un individuo que a muchos.

Según los autores, el estudio también refleja el equilibrio entre el beneficio personal y la preocupación por los demás: cuando se enfrenta a un individuo en un juego bilateral, apropiarse de una cantidad monetaria determinada puede suponer una gran diferencia interpersonal. Al apropiarse de los ingresos de un gran grupo de personas, la misma ganancia personal implica una diferencia porcentual menor y, por tanto, es más probable que compense la aversión a la desigualdad.

"En situaciones económicamente relevantes, muchos decisores humanos podrían estar dispuestos a infligir un daño significativo a un número relativamente grande de personas para obtener una ganancia personal, siempre y cuando esa ganancia sea de suficiente magnitud. Y lo que es más sorprendente, en las sociedades occidentales, 100 euros podrían ser ya suficientes", resume Alós-Ferrer.