Publicado 01/09/2020 7:49:35 +02:00CET

Ser agresivo y egoísta no aumenta las posibilidades de triunfar

Jefe, alto cargo, directivo, oficina
Jefe, alto cargo, directivo, oficina - PIXABAY / RAWPIXEL - Archivo

   MADRID, 1 Sep. (EUROPA PRESS) -

   La Escuela de Negocios de Haas, de la Universidad de California-Berkeley, en Estados Unidos, ha demostrado que ser un "idiota egoísta" no te hace mejorar. Dos estudios realizados a los largo de 14 años han encontrado que las personas egoístas, combativas y manipuladoras no tienen más probabilidades de alcanzar el poder en el lugar de trabajo que las personas agradables.

   Esta es la conclusión clara de la investigación que rastreó a personas desagradables desde la universidad o la escuela de posgrado hasta donde aterrizaron en sus carreras profesionales unos 14 años después, según publican en la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences'.

   "Me sorprendió la consistencia de los hallazgos. Independientemente del individuo o del contexto, ser desagadables no le dio a la gente una ventaja en la competencia por el poder, incluso en culturas organizacionales más despiadadas de 'perro-come-perro'", explicaCameron Anderson, profesor en la Berkeley Haas y coautor del estudio con el también profesor Oliver P. John; el estudiante de doctorado Daron L. Sharps, y el profesor asociado del Colby College, Christopher J. Soto.

   Los investigadores realizaron dos estudios de personas que habían completado evaluaciones de personalidad como estudiantes de pregrado o MBA en tres universidades. Encuestaron a las mismas personas más de una década después preguntándoles sobre su poder y rango en sus lugares de trabajo así como sobre la cultura de sus organizaciones.

   También pidieron a sus compañeros de trabajo que calificaran el rango de los participantes del estudio y su comportamiento en el lugar de trabajo. En general, encontraron que aquellos con rasgos de personalidad egoístas, engañosos y agresivos no tenían más probabilidades de haber alcanzado el poder que aquellos que eran generosos, confiables y generalmente amables.

   Eso no quiere decir que los idiotas no alcancen posiciones de poder. Es solo que no avanzaron más rápido que otros, y ser un idiota simplemente no ayudó, puntualiza Anderson. Eso se debe a que cualquier aumento de poder que consiguen al ser intimidantes se compensa con sus malas relaciones interpersonales, según los investigadores.

   Por el contrario, los investigadores coincidieron en que los extrovertidos eran los que tenían más probabilidades de avanzar en sus organizaciones en función de su sociabilidad, energía y asertividad, lo que respalda investigaciones anteriores.

   "La mala noticia aquí es que las organizaciones colocan a personas desagradables a cargo con tanta frecuencia como a personas agradables --destaca Anderson--. En otras palabras, permiten que los idiotas ganen poder al mismo ritmo que cualquier otra persona, aunque los imbéciles en el poder pueden hacer un serio daño a la organización".

   La antigua cuestión de si ser agresivamente maquiavélico ayuda a las personas a salir adelante ha interesado desde hace mucho tiempo a Anderson, que estudia el estatus social. Es una pregunta fundamental para los gerentes, porque una amplia investigación ha demostrado que los idiotas en posiciones de poder son abusivos, priorizan sus propios intereses, crean culturas corruptas y, en última instancia, hacen que sus organizaciones fracasen. También sirven como modelos tóxicos para la sociedad en general.

   Por ejemplo, las personas que leen la biografía del exdirector ejecutivo de Apple, Steve Jobs, podrían pensar: "Quizás si me convierto en un idiota aún más grande, tendré éxito como él" --señalan los autores en su artículo--. Mi consejo para los gerentes sería que presten atención a la amabilidad como una calificación importante para los puestos de poder y liderazgo -- precisa Anderson--. La investigación previa es clara: las personas agradables en el poder producen mejores resultados".

   Si bien es evidente que no hay escasez de idiotas en el poder, ha habido poca investigación empírica para resolver la cuestión de si ser desagradable en realidad los ayudó a llegar allí, o simplemente es incidental a su éxito. Anderson y sus coautores se propusieron crear un diseño de investigación que aclarara el debate.

   ¿Qué define a un idiota? Todos los participantes habían completado el Big Five Inventory (BFI), una evaluación basada en el consenso general entre psicólogos de las cinco dimensiones fundamentales de la personalidad: apertura a la experiencia, escrupulosidad, extraversión, neuroticismo y amabilidad. Fue desarrollado por el coautor de Anderson, John, quien dirige el Berkeley Personality Lab. Algunos de los participantes también completaron una segunda evaluación de la personalidad, el NEO Personality Inventory-Revised (NEO PI-R).

   "Ser desagradable es un aspecto relativamente estable de la personalidad que implica la tendencia a comportarse de manera pendenciera, fría, insensible y egoísta --explican los investigadores--. Y las personas desagradables tienden a ser hostiles y abusivas con los demás, engañar y manipular a otros para su propio beneficio e ignorar las preocupaciones o el bienestar de los demás".

   En el primer estudio, que involucró a 457 participantes, los investigadores no encontraron ninguna relación entre poder y desagrado, sin importar si la persona había puntuado alto o bajo en esos rasgos. Eso era cierto independientemente del género, la raza o la etnia, la industria o las normas culturales de la organización.

   El segundo estudio fue más profundo, analizando las cuatro formas principales en que las personas alcanzan el poder: a través de un comportamiento dominante-agresivo o usando el miedo y la intimidación; comportamiento político o construcción de alianzas con personas influyentes; comportamiento comunitario o ayudar a otros; y comportamiento competente, o ser bueno en el trabajo.

   También pidieron a los compañeros de trabajo de los sujetos que calificaran su lugar en la jerarquía, así como su comportamiento en el lugar de trabajo (curiosamente, las calificaciones de los compañeros de trabajo coincidían en gran medida con las autoevaluaciones de los sujetos).

   Esto permitió a los investigadores comprender mejor por qué las personas desagradables no avanzan más rápido que otras. Aunque los idiotas tienden a tener un comportamiento dominante, su falta de comportamiento comunitario anula cualquier ventaja que les da su agresividad, concluyen.

   Anderson señala que los hallazgos no hablan directamente de si ser desagradable ayuda o perjudica a las personas a lograr el poder en el ámbito de la política electoral, donde las dinámicas de poder son diferentes a las de las organizaciones. Pero hay algunos paralelos probables.

   "Tener un conjunto sólido de alianzas es generalmente importante para el poder en todas las áreas de la vida --señala--. Los políticos desagradables podrían tener más dificultades para mantener las alianzas necesarias debido a su comportamiento tóxico".

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