Publicado 08/10/2021 08:30CET

El segundo parásito más común de la malaria supone una importante carga no reconocida para la salud mundial

Archivo - Los mosquiteros tratados con insecticida son una de las herramientas más eficaces contra la malaria.
Archivo - Los mosquiteros tratados con insecticida son una de las herramientas más eficaces contra la malaria. - UNICEF/OLIVIER ASSELIN - Archivo

MADRID, 8 Oct. (EUROPA PRESS) -

El parásito de la malaria 'Plasmodium vivax' (P. vivax) causa infecciones frecuentes y crónicas que representan una importante carga no reconocida para la salud mundial, según una revisión realizada por Kevin Baird, de la Unidad de Investigación Clínica Eijkman-Oxford de Indonesia, y Katherine Battle, del Instituto para el Modelado de Enfermedades de Estados Unidos, publicada en la revista de acceso abierto 'PLOS Medicine'.

En esta revisión, Baird y Battle resumen las pruebas que indican que la carga mundial de malaria estimada a partir de los casos notificados de ataques agudos probablemente pasa por alto el daño generalizado pero más sutil que causa la infección crónica por 'P. vivax'.

Además, suele afectar a comunidades empobrecidas en las que la gente se enfrenta a múltiples problemas de salud. Hay cinco especies de Plasmodium que causan el paludismo, pero la gran mayoría de los casos registrados se deben al 'Plasmodium falciparum', con unos 193,5 millones de casos anuales.

El 'P. vivax' es la segunda causa más común, con unos 14,3 millones de casos anuales. Un estudio reciente descubrió que, mientras que el 'P. falciparum' tiene más probabilidades de causar la muerte en las dos semanas siguientes al diagnóstico, los pacientes con 'P. vivax' tenían más del doble de probabilidades de morir a largo plazo. Las infecciones crónicas en personas expuestas repetidamente a 'P. vivax' causan daños en los riñones, el cerebro y el sistema circulatorio.

Un mejor conocimiento de la biología del 'P. vivax' ha revelado recientemente múltiples factores que contribuyen a su incidencia en la salud mundial. El parásito puede existir en el cuerpo a niveles bajos que no causan síntomas, lo que dificulta su diagnóstico, pero aún así puede propagarse.

Antes se pensaba que el África subsahariana era prácticamente inmune a la infección por 'P. vivax' porque la mayoría de la población carece del antígeno Duffy, una molécula en la superficie de los glóbulos rojos que el parásito utiliza para invadir.

Sin embargo, un estudio reciente revela que la transmisión de 'P. vivax' sigue estando muy extendida en esta región. Además, hay dos variaciones genéticas comunes que porta una parte de la población y que interfieren en el éxito del tratamiento del paludismo por 'P. vivax'.

Todos estos factores complican los esfuerzos para estimar el alcance total de las infecciones por 'P. vivax' y controlar su propagación. Baird y Battle concluyen que los enfoques tradicionales desarrollados para combatir el 'P. falciparum' en África son inadecuados para el 'P. vivax'. Eliminar el 'P. vivax' requerirá diagnósticos, terapias y estrategias de control de vectores diferentes, así como mejores datos que revelen el verdadero alcance de la carga.

Baird añade que "los frotis de sangre de los pacientes que sufren malaria vivax aguda no bastan para medir la carga global de esta infección. El parásito se refugia en órganos más profundos donde el daño causado es más sutil, pero no por ello menos importante".

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