Publicado 05/05/2020 7:26:34 +02:00CET

El riesgo de malaria es más alto al anochecer, según un nuevo estudio

Mosquito Anopheles gambiae, transmisor de la malaria.
Mosquito Anopheles gambiae, transmisor de la malaria. - EUNHO SUH, PENN STATE

MADRID, 5 May. (EUROPA PRESS) -

El uso a gran escala de mosquiteros tratados con insecticida ha provocado una disminución sustancial de la incidencia mundial de malaria en los últimos años. Como resultado, los mosquitos han estado cambiando sus horarios de picadura a más temprano por la noche y más tarde por la mañana.

En un nuevo estudio, que publica la revista 'Nature Ecology & Evolution', un equipo internacional de investigadores ha descubierto que los mosquitos son más propensos a transmitir el paludismo en las primeras horas de la noche, cuando las personas están expuestas, y luego a medianoche, cuando las personas están protegidas por mosquiteros, o por la mañana. Los hallazgos pueden tener consecuencias para las iniciativas de prevención del paludismo.

"El uso a gran escala de mosquiteros tratados con insecticida ha provocado una disminución sustancial de la carga mundial de la malaria en los últimos años; sin embargo, la evidencia de varios lugares sugiere que los mosquitos podrían estar cambiando su comportamiento de picadura para evitar el contacto con estos redes", explica Matthew Thomas, profesor y Huck Scholar en Ecología Entomológica, de Universidad Estatal de Pensilvania (Penn State).

"Esta llamada 'resistencia conductual' podría tener enormes implicaciones para la salud pública porque si se alimentan más mosquitos por la tarde o por la mañana, la eficacia protectora de las redes podría reducirse", añade.

El equipo realizó una serie de estudios de laboratorio para examinar si el momento de la alimentación afecta la capacidad de un mosquito de infectarse con el parásito de la malaria.

Presentaron los dos mosquitos de la malaria más importantes, 'Anopheles stephensi' y 'Anopheles gambiae', comidas de sangre infectadas a diferentes horas del día y en diferentes condiciones de temperatura, y los vigilaban para determinar su "competencia de vectores", es decir, la capacidad de adquirir con éxito los parásitos del paludismo y convertirse en infecciosos.

Encontraron que la hora del día de alimentación no afectaba la competencia del vector cuando la temperatura se mantenía a una temperatura constante de 26,6º. Sin embargo, cuando los mosquitos se mantuvieron en condiciones que representan una variación de temperatura más realista, que varía desde unos pocos grados por encima y por debajo de los 26,6º, hubo una variación significativa en la competencia del vector, con aproximadamente el 88% de los mordedores nocturnos, el 65% de los mordedores de medianoche.

El 13% de los mordedores de la mañana dieron positivo para parásitos en los mosquitos 'Anopheles stephensi'. Para 'Anopheles gambiae', el 55% de los que pican por la noche, el 26% de los que pican a medianoche y el 0,8% de los que pican por la mañana fueron positivos para parásitos.

"Las temperaturas cálidas pueden inhibir el establecimiento de parásitos, por lo que cuanto más tiempo pase antes de que los mosquitos estén expuestos a temperaturas cálidas durante el día, mayores serán las posibilidades de que el mosquito se infecte", explica Eunho Suh, investigador postdoctoral de Penn State.

"Los mosquitos que se alimentan por la mañana solo tienen 4 horas antes de que las temperaturas sean demasiado altas para que el parásito se transmita, mientras que los que se alimentan por la noche tienen 16 horas de temperaturas más frías", añade.

Thomas agrega que muchos estudios han investigado la infección de malaria en mosquitos en entornos de laboratorio, pero este trabajo ha tendido a ignorar la posible influencia de factores ambientales como la hora del día y la variación de temperatura.

"Es realmente sorprendente que cuando se agrega esta complejidad ecológica, más o menos seis horas en el momento de la alimentación pueden transformar a un mosquito de ser extremadamente susceptible a la infección por malaria a volverse casi completamente refractario", prosigue.

Luego, los investigadores crearon un modelo matemático para explorar las posibles implicaciones para la salud pública de un cambio en la infectividad del mosquito impulsado por el momento de las picaduras de mosquitos. Los resultados del modelo respaldan sus hallazgos de laboratorio.

"Existe una gran preocupación de que los cambios en los patrones de alimentación de los mosquitos puedan reducir la efectividad de las mosquiteras, que son nuestra herramienta más importante en la lucha contra la malaria --reconoce Thomas--. Los próximos pasos clave son extender el trabajo a los sistemas de campo para evaluar la solidez de los hallazgos en el mundo real".

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