Publicado 18/10/2021 07:44CET

Resuelven el misterio de los cánceres raros causados directamente por el VIH

Archivo - Imagen microscópica de una célula T infectada con VIH
Archivo - Imagen microscópica de una célula T infectada con VIH - NIAID - Archivo

MADRID, 18 Oct. (EUROPA PRESS) -

Durante casi una década, los científicos han sabido que el VIH se integra en los genes de las células que tienen el potencial de causar cáncer. Y cuando esto ocurre en animales con otros retrovirus, esos animales suelen desarrollar cáncer. Pero, afortunadamente, eso no ocurre de forma habitual en las personas con el VIH.

Un equipo dirigido por científicos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Pittsburgh y del Instituto Nacional del Cáncer (NCI), en Estados Unidos, anuncia en la revista 'Science Advances' que ha descubierto por qué los médicos no ven tasas elevadas de linfomas de células T -o cánceres del sistema inmunitario- en los pacientes con VIH.

"Parece que hemos explicado parte del misterio de por qué el VIH rara vez es la causa directa del cáncer", anuncia el coautor principal, el doctor John Mellors, que ocupa la Cátedra de Dotación para la Eliminación Global del VIH y el SIDA en Pitt.

"Nuestra investigación demostró que se requiere una serie muy inusual de eventos que implican cambios tanto en el VIH como en mutaciones adicionales en los genes humanos para que alguien con VIH desarrolle un linfoma --prosigue--. Los médicos siempre deben examinar a sus pacientes en busca de cáncer como parte de la atención sanitaria rutinaria, pero las personas con VIH no deben temer que vayan a desarrollar inevitablemente linfomas".

Cuando el VIH entra en el organismo, busca las células T e inserta su secuencia genética -llamada provirus- en el ADN de la célula. De este modo, secuestra las células T, que normalmente patrullan el cuerpo en busca de patógenos extraños, y les ordena producir más VIH.

Investigaciones anteriores realizadas por los equipos del NCI y de Pitt descubrieron que el provirus puede insertarse en el código genético de las células T en un lugar que induce a estas células infectadas a convertirse en grandes clones no cancerosos de sí mismas y, en algunos casos, estos clones pueden llevar provirus infecciosos completos.

Estos clones se denominan "replicones" porque llevan un provirus competente para la replicación. No es necesariamente el objetivo del virus inducir el crecimiento de repliclones; es sólo el resultado del lugar donde el provirus se insertó en el código genético de la célula T.

Estos descubrimientos previos dieron lugar a una paradoja: si el VIH puede integrarse en los oncogenes de las células T (genes que intervienen en la división celular normal y que, cuando mutan, dan lugar a un crecimiento celular canceroso), en principio debería causar también linfomas.

Para estudiar por qué no sucede, el equipo obtuvo muestras de 13 pacientes de VIH con linfoma y eligió tres que tenían altos niveles de provirus del VIH, lo que indicaba que el virus podría estar implicado en la formación del cáncer.

A continuación, examinaron esas muestras para saber dónde se había insertado el provirus en el ADN de las células T. Este minucioso análisis reveló que cuando el provirus del VIH se inserta en un gen llamado STAT3 o STAT3 y en otro gen llamado LCK, puede hacer que las células con esos provirus activen la proliferación celular. Con mutaciones adicionales no virales en otros genes humanos, esto puede dar lugar a linfomas de células T.

"Se trata de un proceso complicado, de múltiples pasos, que requiere eventos raros -la inserción en los genes STAT3 o STAT3 y LCK en el punto justo- para siquiera comenzar --explica Mellors, que también es jefe de la División de Enfermedades Infecciosas del UPMC--. Como médico, me tranquiliza saber que estos sucesos son poco frecuentes. Aunque debemos ser conscientes de la posibilidad de que el VIH provoque linfomas, es un hecho tan poco frecuente que no es necesario aumentar la ansiedad, todavía".

Dado que las personas con VIH viven más tiempo gracias a los avances en la medicación y los cuidados, hay más años en los que podrían acumularse mutaciones en los genes del huésped. Cuando eso se une a los efectos de los provirus ya insertados en los oncogenes, la frecuencia del linfoma podría aumentar con el tiempo, señala Mellors.

Hasta ahora, esto no se ha observado. No obstante, el equipo de investigación destacó la importancia de realizar estudios adicionales para evaluar el papel que pueden desempeñar los medicamentos contra el VIH en la prevención de los linfomas de células T, junto con la vigilancia continua de los linfomas de células T en las personas con VIH.

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