Actualizado 10/08/2020 14:16 CET

Cómo la psicología puede ayudar a un niño frente al fracaso escolar

La prevención del fracaso escolar pasa por detectar los problemas en el estudiante.
La prevención del fracaso escolar pasa por detectar los problemas en el estudiante. - ISTOCK - Archivo

   MADRID, 26 Jun. (EDIZIONES) -

   La tasa de abandono escolar temprano, el porcentaje de jóvenes de entre 18 a 24 años que tiene como máximo el título de Enseñanza Secundaria Obligatoria, se reduce en España hasta el 17,3% en 2019, la cifra más baja de este siglo.

   No obstante, en 2018 España tenía la tasa en el 17,9%, la peor de la Unión Europea, por lo que el fracaso escolar representa un gran problema para el futuro de la sociedad española, no sólo a nivel académico, sino también a nivel personal, el fracaso escolar puede minar la autoestima de estos jóvenes y puede condicionar su futuro.

   Por sexo, los datos reflejan que el 13% de las mujeres de 18 a 24 años han abandonado el sistema educativo de manera prematura en 2019, frente al 21,4% de los hombres, según datos del Ministerio de Educación y Formación Profesional elaborados con las variables educativas de la Encuesta de Población Activa (EPA) del Instituto Nacional de Estadística (INE).

   Para que se pueda denominar un caso de ‘fracaso escolar’ se deben dar varios factores, y no sólo el niño que el niño no haya obtenido el rendimiento adecuado, sino que el centro no ha sabido tampoco detectar un caso que podía ser de éxito, según defiende la psicóloga sanitaria Ana Asensio en una entrevista con Infosalus.

   A su juicio, este tipo de casos, que suelen debutar en la adolescencia, a partir de los 11-12 años, deben ser abordados tanto desde el colegio, como desde la propia familia, así como con la ayuda de un psicólogo e incluso de un profesor que se contrate para establecer y trabajar ese hábito de estudio que falta en el menor.

   “El niño desde el principio te dice en clase que algo no va bien por su conducta, por su carácter retador, porque es un adolescente que no entra en clase o porque de repente empieza a tener alteraciones o una bajada repentina en sus resultados, cuando siempre había sacado buenas notas”, remarca la experta en psicoterapia.

   Asensio considera que siempre en estos casos es “muy interesante” reunirse con la familia y poner en marcha el abordaje antes citado (colegio-familia-psicólogo-profesorque ayude en el hábito) para afrontarlo cuanto antes, porque “cuanto más enquistado esté, más difícil será superar la situación”.

   Al niño, según asegura esta doctora en Neurociencias y especialista en infancia y familia, le puede afectar a su autoestima, minando su confianza, y llegando a adaptar un rol de mal estudiante que al final supondrá un rechazo rotundo hacia el colegio, hacia el sistema, así como al estudiar, de forma que finalmente se producirá el fracaso escolar.

   “Estos jóvenes pueden afectarse mucho emocionalmente y conductualmente, por lo que el apoyo del psicólogo es fundamental, así como de un profesor fuera del colegio para que asiente ese hábito de estudio, que es lo que garantizará el tener experiencias de éxito en el colegio, de forma que le empezará a dar la vuelta a la situación. Lo que nunca se debe hacer es dar el caso por perdido, no se debe hacer y no esperar mucho. Si se ve es vital intervenir lo antes posible. Cuanto más se enquista es más difícil”, lamenta la experta.

   Muchos de estos niños al final acaban teniendo una relación malísima con los padres, además, y sienten que son rechazados en su propia casa, aparte de que son juzgados ya en el colegio hagan lo que hagan, tienen esa etiqueta, por lo que les es más fácil seguir adelante con esas conductas disruptivas, y mantener su autoestima por los suelos, sintiendo también que tienen una capacidad limitada, cuando muchas veces no es así, según comenta Asensio.

   “En esas edades lo que tú crees es lo que vives, y entonces puede afectar mucho a la autoestima de los jóvenes, a su personalidad, a no sentirte valorado, querido, y suelen buscar por ello entornos mejores o peores donde se sientan como ellos, buscan malas compañías, niños similares que por ejemplo contestan al profesor, cuando luego te sientas en consulta con ellos y son una auténtica belleza de persona. Esto se ve mucho en el fracaso escolar”, menciona.

PAUTAS: QUÉ HACER Y QUÉ NO HACER

   Se debe de tener mucha paciencia por parte de los padres, comprensión, saber que los adolescentes están presentando unas necesidades añadidas que sólo saben cubrir con esas llamadas de atención e intentar frenar todo a tiempo, sin llegar hasta el fracaso escolar, según aconseja Asensio. “Hay que darle la vuelta y ver qué acciones se pueden hacer y los casos de éxito son bastantes”, celebra.

   Así con todo, esta psicóloga sanitaria defiende que el fracaso escolar tiene lugar cuando se produce el abandono. “Antes de llegar a esto o a un rechazo del niño frente a los estudios hay que detectarlo, ver qué casos pueden ser susceptibles de fracaso escolar, qué notas, cambios, amistades y reunirse la familia y el centro”, resalta.

   Es más, sostiene que es importante que si al niño le pasa algo interiormente, o manifiesta problemas de conducta, que también se acuda a un psicólogo o a un profesional, que trabaje los límites, le apoye en sus emociones, y que la familia apoye.

   “Es vital que se genere este triángulo de abordaje. Así al cole se le darán pautas, y también a la familia. También es importante el poner ese hábito de estudio, unas clases, no para explicar la materia sino para crear ese hábito al que no quieren enfrentarse y que le asegure experiencias de éxito en el colegio, es lo que necesitan para darle la vuelta, que se vean mirados como algo diferente, que pueden sacar buenas notas, y a partir de ahí es muy fácil que el niño se enganche”, agrega.

   Lo que no hay que hacer, según destaca la psicóloga sanitaria, es estigmatizar al niño y sentenciar su futuro, darlo por hecho. Después considera indispensable que familia y centro no se echen la culpa mutuamente, sino que se pongan a abordar el problema de forma conjunta, desde la responsabilidad de todos. “Hay que entenderlo como que el caso es un equipo”, matiza.

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