Problemas cardiovasculares y esperanza de vida menor: riesgos del síndrome de piernas inquietas

Publicado 28/09/2019 7:59:59CET
Piernas inquietas, durmiendo
Piernas inquietas, durmiendoGETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / YULIA-IMAGES - Archivo

MADRID, 28 Sep. (EDIZIONES) -

La necesidad imperiosa de mover las piernas al atardecer o por la noche es el síntoma principal del síndrome de piernas inquietas, una enfermedad neurológica que dificulta el sueño en gran medida y afecta fundamentalmente a la calidad de vida. Pero tiene más riesgos.

Sobre todo afecta a "la parte inferior de las piernas, el territorio inferior a la rodilla, en ambas", especifica en una entrevista con Infosalus el presidente del comité científico de la Sociedad Española del Sueño (SES), el doctor Diego García-Borreguero, que agrega que la persona "tiene que estar moviendo las piernas, rascándose o aplicando tensión".

Los síntomas del síndrome de piernas inquietas, que es crónico una vez iniciado, "aparecen en la inmovilidad, cuando la persona está en reposo", especifica el también director del Instituto del Sueño. Igual que el reposo precipita los síntomas, "el movimiento los mitiga", asegura el doctor García-Borreguero. No obstante, cuando la enfermedad es muy grave, "los síntomas aparecen también durante el día", continúa el experto.

En palabras del experto, "se sabe mucho" de la causa del síndrome de piernas inquietas. "La causa última, y es hacia donde apuntan todas las investigaciones, es un déficit de hierro en el cerebro", indica el doctor García-Borreguero.

Es decir, "el déficit de hierro periférico que medimos con un análisis de sangre en algún momento se traslada al sistema nervioso y, cuando aparece una situación de déficit de hierro en los depósitos cerebrales aparece esta enfermedad", expone el director del Instituto del Sueño. El déficit de hierro puede suceder por causas variadas, como un sangrado gastrointestinal, problemas de malabsorción, sangrados de tipo ginecológico, de tipo urinario o por mala dieta.

Sufren síndrome de piernas inquietas entre el 2 y el 3 por ciento de la población adulta, según el doctor García-Borreguero, pero se da mayoritariamente en mujeres. "Es más frecuente que las mujeres tengan déficit de hierro que en algún momento se traslada al cerebro", apunta el experto, que también se refiere a la genética como factor para padecer la patología.

Aunque hay casos de aparición de la enfermedad en la infancia, "lo más típico es que aparezca a partir de los 35 o 40 años. "El cuadro piloto es un paciente que es mujer, tiene 45 o 50 años y desde hace 10 o 15 va notando temporadas, cada vez más largas, de aparición de estas molestias, hasta que años más tarde consulta por el médico por primera vez", comenta el presidente del comité científico de la SES. Sin embargo, "cada vez se demora menos el diagnóstico", agrega el experto.

LOS PROBLEMAS

Las personas que sufren esta enfermedad tienen "mayormente un problema en el mantenimiento del sueño: duermen poco, tienen frecuentes despertares o tienen que levantarse de la cama para pasear... Los síntomas desaparecen a lo largo de la madrugada", señala el experto.

Por lo tanto, la enfermedad "produce una pérdida de calidad de vida en el sentido de molestias, no poder dormir, no poder concentrarse por las mañanas, no poder funcionar, no poder hacer viajes", explica el doctor García-Borreguero, que también alude a problemas cardiovasculares y una esperanza de vida menor a largo plazo.

"Un número de estudios creciente muestra que las personas con esta enfermedad acaban desarrollando un incremento en el riesgo cardiovascular y tienen una esperanza de vida algo menor", comenta el director del Instituto del Sueño. "El mismo hecho de no poder dormir lo suficiente, en último término, hacen que las posibilidades de poder desarrollar hipertensión y, con ello, una cardiopatía y una enfermedad cerebrovascular son mayores", insiste el experto.

TRATAMIENTO

El doctor García-Borreguero comenta que existen dos vías de tratamiento. La primera se focaliza en los síntomas del síndrome de piernas inquietas, para lo hay diversos fármacos que actúan sobre la dopamina.

"El problema es que son muy eficaces a cortísimo plazo, pero a medio y a largo plazo lo son ya menos. Además, con el tiempo los pacientes van desarrollando tolerancia o, incluso, empeoran la enfermedad", lamenta el experto.

Por otra parte, el segundo tratamiento ataca a la causa, es decir, el déficit de hierro en el cerebro. "Hay dos estrategias: dar hierro oral, que raramente es suficiente porque no se absorbe en cantidades suficientes para que llegue al cerebro o el hierro intravenoso", según el presidente del comité científico de la SES, que califica esta segunda estrategia de "más rápida y más espectacular".

"Para nosotros este es el tratamiento de primera elección poruqe permite evitar los problemas de malabsorción y en un plazo de entre tres y seis meses acaba por normalizar los síntomas o, al menos, disminuirlos en gran medida. Aproximadamente el 60 por ciento de los pacientes mejora", apostilla el director del Instituto del Sueño.

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