Publicado 17/02/2021 08:33CET

El problema de las madres tóxicas y otros obstáculos para ser felices

Hijo y madre. Madre tóxica. Adolescente.
Hijo y madre. Madre tóxica. Adolescente. - GETTY

   MADRID, 17 Feb. (EDIZIONES) -

   Todos ansiamos la felicidad. Y más en esta pandemia de COVID-19. ¿Por qué? ¿Qué tiene? "Todos la ansiamos porque nos la disfrazan como una utopía cuando realmente es un estado emocional. La felicidad es una emoción básica y para ser feliz antes debes pasar por la tristeza, por la ira, por el enfado".

   Así lo subraya en una entrevista con Infosalus Irene López Assor, experta en psicóloga biológica de la salud y en terapia familiar sistémica, quien acaba de publicar '10 obstáculos que te impiden ser feliz' (Alienta editorial), un manual en el que considera que en el día a día nos impide ser feliz los siguientes obstáculos: Envidia, frustración, ego y soberbia, desamor, autoexigencia, amistades tóxicas, culpa, procrastinación, efecto Pigmalión y las madres tóxicas.

   "Para ser feliz realmente, si tuviéramos que buscar un sinónimo de felicidad, es ser yo mismo. Lo correcto sería hablar de los 10 obstáculos para ser uno mismo, vivir bien, por lo que la felicidad es quitar esas barreras sociales que nos han impuesto para estar en coherencia con nuestra esencia, que es lo más difícil", valora López.

   Sobre el último "obstáculo" centramos la entrevista, las madres tóxicas, con el que precisamente empieza el libro y según advierte, lo que sucede realmente es que quienes son madres, "en cierta medida son tóxicas".

   "Son mucho más complejas de lo que te puedes imaginar, por eso vamos a empezar definiéndolas. Es aquella que tiene una visión negativa del mundo. Suelen ser madres muy destructivas, muy victimistas, posesivas y controladoras la mayor parte del tiempo", advierte.

   En el origen de todo ello apunta que están el vínculo y el apego, haciendo referencia al vínculo emocional que la gente forma con otras personas a lo largo de su vida. Así, López Assor recuerda que la manera en la que establezcamos el vínculo con la madre en nuestra infancia iremos estableciendo el vínculo con el resto de personas cuando seamos adultos, desde los amigos, la pareja, las relaciones sociales.

   Entre otras de las características de las madres tóxicas, la psicóloga destaca que pueden ser madres negligentes, aquellas que abandonan a sus hijos y los dejan a cargo de otros cuidadores, que no tienen miramiento a la hora de hacer su vida con los menores delante de ella, como el fumar sustancias, drogarse, o mantener conductas agresivas, por ejemplo.

   Madre hiperprotectoras, que son excesivamente controladoras, y te están todo el día cuidando y controlando, súper pendiente de su hijo y tiene a sus hijos 'encarcelados', con el 'llámame cuando llegues a casa', 'qué estará haciendo' y no le dejan ser libre, y los hijos siempre tienen que estar por debajo de ella o ser una fotocopia de ella.

   A su vez, recuerda que muchas madres tóxicas son manipuladoras, al utilizar la manipulación para conseguir sus objetivos, el chantaje emocional cuando los hijos intentan ser independientes; así como las madres que intentan ser el centro de atención en todo momento, y por un lado quiere que su hijo triunfe en lo que haga y que consiga muchos logros para conseguirse ella importante, pero por otro, no desea bajo ningún concepto que la superen, dando lugar a un mensaje muy confuso para el hijo.

   También indica la psicóloga Irene López Assor que hay muchas madres tóxicas que son celosas, narcisistas, o excesivamente autoritarias, incluso que maltratan física y psicológicamente a sus hijos. Otra de las características de las madres tóxicas es su falta de autoestima y de confianza en sí mismas, que intentar paliar a partir de la relación con sus hijos.

LA IMPORTANCIA DE LA ACTITUD DE LOS PADRES

   Por eso, según insiste, lo que hay que tener claro es que la actitud de los padres hacia los hijos va a ser determinante a la hora de que el niño desarrolle correctamente su personalidad: "Es importante que los padres traten de entender las necesidades de los niños y su forma de comunicarse para crear una buena base en su seguridad y confianza a la hora de responder a sus necesidades particulares, ya que no todos los niños tienen las mismas".

   Según sostiene, abrazarlo, mostrarle cariño, jugar con él, cuidar su propio bienestar físico y emocional repercutirá en el comportamiento hacia su desarrollo en la edad adulta. "Aunque parezca para muchos increíble, muchas madres no juegan, no muestran cariño hacia sus hijos, son frías y distantes; por lo tanto no van a aportar seguridad al menor. El menor se siente culpable de esto y genera una autoexigencia para ser el niño perfecto y ser visto o atendido por la madre", agrega.

   A su juicio, estos casos son más frecuentes entre las madres que entre los padres porque juegan con el vínculo del nacimiento, "un vínculo de exclusividad" que ayuda a manejar al hijo emocionalmente, es la que negocia con el vínculo. "'Yo te he dado la vida, tú me la debes', 'con lo que he sufrido en el parto'", subraya la psicóloga.

   Aquí resalta que hay sobre todo mucho hombres que empiezan a reconocer en la vida adulta ese "vínculo tóxico" con sus madres, reconociendo que éstas no lo hicieron todo lo bien que pudieron en su momento, y que no ha sido tan buena madre al limitar tu vida.

   "Hay muchas mujeres que prefieren taparlo o que no quieren reconocer esta sobreprotección que no es buena para los niños, cuando les va a ir en contra", afirma.

   Es más, sostiene que si se vive ese vínculo desde la cadencia, se vive frustrado desde pequeño, algo que de adulto general igualmente una autoexigencia. "Nos la ponemos porque vivimos en una carencia y queremos que las miradas de los demás vengan a nosotros, que seamos reconocidos por lo que nuestros padres no nos reconocieron. Si yo soy una mujer perfecta me tienes que querer", manifiesta.

Como esto no ocurre, dice que estas personas se van al ego y a la soberbia, 'yo que me esfuerzo tanto y lo hago todo perfecto, ¡cómo no lo tengo!', siendo muy malos porque me desconectan de mi esencia: "Por tanto repetiré el primer vínculo, que si tengo madre narcisista, tendré amigos narcisistas, y madres tóxicas, amigos tóxicos".

   En opinión de Irene López Assor, la única forma de superarlo es siendo consciente de que tengo una madre tóxica, que me ha limitado, no enjuiciarla porque hizo lo que pudo y cómo pudo y después tener una mirada compasiva de amor hacia ella y hacia nosotros mismos. "Así soltamos ese vínculo infantil y podemos generar nuestro vínculo adulto desde un lugar adulto con herramientas adultas y no infantiles", sentencia.