Publicado 04/05/2021 08:34CET

Por qué la pandemia puede ser un buen momento para cambiar, para escucharnos: sigue estos tips

Archivo - Disfrutando de la primavera en el balcón. Covid, pandemia, coronavirus.
Archivo - Disfrutando de la primavera en el balcón. Covid, pandemia, coronavirus. - ALEKSANDARNAKIC/ISTOCK - Archivo

   MADRID, 4 May. (EDIZIONES) -

   La pandemia de COVID-19 es un momento idóneo para cambiar, para escucharnos, porque la vida nos ha obligado a parar, porque tenemos que convivir como nunca antes con el escenario que peor maneja el ser humano, que es la incertidumbre, y donde por desgracia es fácil perderse.

   "Debemos parar y mirar hacia dónde quiero ir, qué quiero cambiar de mi vida. La pandemia es un momento crítico, y un momento de cambio obligado, una oportunidad que la vida también nos brinda para desplegar mecanismos y estrategias de afrontamiento diferentes", defiende en una entrevista con Infosalus la psicóloga sanitaria y máster en Psicología Clínica y de la Salud Ana Villarrubia.

   A su juicio, si ahora es el momento donde más adaptativos debemos ser, es el momento perfecto para analizar nuestra vida, y para entrenar nuevas formas de afrontamiento de aquellas cosas que tenemos enquistadas, de ponernos en marcha y ver qué es lo que realmente queremos cambiar y cómo queremos hacerlo. Eso sí, reconoce que aunque habrá cosas que habrá aceptar y que no podamos cambiar, este proceso de aceptación debe ser "activo" y en el que no nos resignemos.

   En 'Aprende a escucharte' (La Esfera de los Libros), el manual que acaba de publicar, Villarrubia anima a pararnos a pensar, a concedernos momentos para analizar qué es lo que no funciona dentro de nosotros y de las que huimos hacia adelante.

   Según avisa, en el futuro son grandes frustraciones de las que nos podemos arrepentir: "Hay que detenerse a mirar las cosas que no nos gustan de nosotros mismos y es un proceso que remueve y no gusta. Además, siempre en el corto plazo preferimos que sean las cosas gratificantes, cuando si no las resolvemos serán mucho más insatisfactorias que en el presente".

   Según defiende, no hay duda de que la salud emocional es tan importante o más como la física, "hay una interacción enorme", en la que a veces una es la causa o consecuencia de la otra.

   "Una mala salud emocional puede llevarnos a enfermar físicamente. Tiene que ver con una serie de proceso químicos, neurobiológicos y endocrinos, y del mismo modo, la enfermedad física cursa con patologías psíquicas que igualmente hay que atender. Y sobre todo de qué forma podemos pretender tener una buena calidad de vida aunque funcionemos bien a nivel físico si no sentimos que tenemos espacios de satisfacción, de crecimiento personal y de que somos dueños de nuestra vida".

¿CÓMO IDENTIFICAR ESAS SEÑALES QUE LAS EMOCIONES NOS ENVÍAN?

   La psicóloga sanitaria recuerda que las emociones son el resultado de cómo nos interpretamos y hablamos y dice que hay que diferenciar dos procesos: esa huida hacia adelante que sabemos que si tocamos no queremos abordar porque remueve, duele; y por otro lado, el tener en cuenta que lo que me hablo a mi mismo siempre lo hago de forma distorsionada, ya que prejuzgo y preinterpreto todo y nos colocamos filtros a la hora de intrepretar la realidad.

   ¿Por qué nos hablamos mal entonces? Villarrubia subraya porque hablarse mal es una forma de autoexculparnos. "Yo me siento culpable y me critico y fustigo y paradójicamente es una forma de no ir más allá, de ir al fondo y de pararme a analizar aunque me haga daño. Me instalo en la culpa pero también me exime de hacer otras cosas más costosas y de emprender el proceso de cambio y de reconducción de metas, de cambios patrones, me exime de encargarme de muchas cosas, me siento culpable, me aporto la penitencia y ahí me quedo, y me estoy perdiendo por haberme instalado en ese discurso", señala.

   En este punto, la experta subraya que, mal que nos vendan y nos pese, no podemos cambiar al 100%. "Sí podemos hacerlo pero implica sufrir, tomar conciencia y este proceso es doloroso, consiste en remover para sanar. Podremos hacerlo si identificamos todo aquello incoherente en nuestra vida, si identificamos la forma con la que queremos presentarnos ante el mundo. Es una lucha constante porque las viejas sinergias afloran con facilidad", agrega.

   En este proceso, cree que a veces caemos en procesos de falso razonamiento emocional y nos dejamos llevar por cosas que no queremos que conduzcan nuestra vida. Por ello, sostiene que se logra gestionar esos cambios, se puede fortalecer nuestra autoestima, si intentamos presentarnos ante el mundo de forma distinta, analizamos en qué queremos cambiar, y cuáles son esos objetivos inalcanzables. "Pero esto requiere de esfuerzo constante y de contemporizar muchos factores personales, cognitivos y conductuales por ejemplo. Con ayuda terapéutica se puede lograr, no es espontáneo", agrega.

TIPS O CONSEJOS PARA APRENDER A ESCUCHARNOS

   Con todo ello, en su nuevo libro Ana Villarrubia nos aporta una serie de consejos para aprender a escucharnos:

   1.- Lo primero es observar a nuestro alrededor y ver qué es lo que queremos cambiar.

   2.- Identificar aquellas disonancias. Qué es lo que queremos cambiar y cómo. Hacer una comparación entre qué es lo que conservo, cómo yo lo escribo y cómo me gusta a mi exponerme frente a los demás, qué imagen quiero dar de mi mismo, cuáles son mis valores. En este proceso de atender la diferencia es donde está la base del cambio. Al final las incoherencias nos hacen sufrir y nos enredamos muchas veces en el discurso.

   3.- Pararse con cada una de esas disonancias y ver cómo puedo reducir yo la distancia y cómo trato a los demás por ejemplo, ejerciendo mis responsabilidades y ver hasta dónde yo quiero llegar. Aquí me escucho y cambio.

   4.- No huir de las emociones. Éstas nos avisan siempre, cumplen una función a nivel biológico, evolutivo, en el desarrollo de nuestra vida. No obstante, tendemos a huir de ellas, son señales muy interesantes de lo que está dejando de funcionar. Si huyo de ello, al final el resultado es el mismo. Si huyo de la culpa o me instalo en ella no la gestiono y habrá que gestionarla en acciones concretas que ayuden redimirla.