No lo llames reuma cuando lo que tienes es gota

Pies descalzos, gota
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Actualizado: domingo, 19 febrero 2017 8:08

   MADRID, 19 Feb. (EDIZIONES) -

   Actualmente hay unas 250 enfermedades reumáticas distintas, cada una con sus características. Sin embargo, en España muchas personas mayores aluden a ellas con el nombre genérico de reuma, un término que en realidad no existe como enfermedad.

   Una de las más características es la gota, que se produce por la formación de cristales de una sal del ácido úrico en los tejidos, más frecuentemente en las articulaciones.

   En el marco de la campaña 'Ponle nombre al reuma' de la Sociedad Española de Reumatología (SER), esta sociedad científica ha preparado un documento para resolver las dudas más frecuentes de los pacientes con gota, con la ayuda del especialista Enrique Calvo, del Hospital Universitario HM Sanchinarro de Madrid.

1.- ¿Qué síntomas produce?

   Lo más frecuente es sufrir ataques de inflamación en la primera articulación metatarsofalángica, es decir, la que une el dedo gordo al resto del pie, sobre todo en su cara externa. Suele ser un proceso agudo y muy doloroso que empieza por la noche o primera hora de la mañana, y con hinchazón y dolor intensos que pueden llegar a despertar y a hacer que hasta el mínimo roce moleste.

   Es habitual que se acompañe de eritema o enrojecimiento de la piel que rodea a esa articulación. Los ataques inicialmente pueden durar poco y ser más leves, pero si no se pone remedio para curar la gota, cada vez suelen hacerse más intensos y duraderos.

   2.- ¿La gota sólo da ataques en el dedo gordo del pie?

   No. Aunque es la articulación más frecuentemente afectada, la gota también puede inflamar el tarso (empeine) del pie o el tobillo, confundiendo al paciente y a médicos inexpertos haciéndoles pensar que se trata de un esguince (aunque no haya tenido traumatismos en ese tobillo).

   También puede inflamar otras articulaciones como rodilla, codo (sobre todo la bursa olecraniana, que "acolcha" la parte posterior del codo), muñeca, etcétera.

   3.- ¿Puede padecerse un ataque de gota con niveles normales de ácido úrico?

   Sí, esto puede ocurrir hasta en más de la mitad de los casos. Los niveles de ácido úrico en sangre en el momento del ataque de inflamación no siempre son representativos de la cantidad de cristales de urato depositados en las articulaciones. Tener el ácido úrico normal en una analítica no excluye el diagnóstico de gota.

4.- Si los niveles de ácido úrico son altos en analíticas de sangre, ¿será gota?

   Hiperuricemia y gota son dos conceptos diferentes. Hiperuricemia significa tener elevado el ácido úrico en sangre, con niveles superiores a 6'8 mg/dL (7 mg/dL, por convención), pues ese es su punto de cristalización. En cambio, se habla de gota cuando existen depósitos de cristales de urato en los tejidos (articulaciones, riñones, etc.). Aunque sólo una de cada diez personas con el ácido úrico alto sufrirá gota, ésta suele precederse y acompañarse de una hiperuricemia crónica.

   Tener el ácido úrico elevado en sangre de forma habitual puede reflejar que somos incapaces de eliminarlo correctamente, que producimos más de lo normal o ambas cosas. Si esto se prolonga durante años puede dar lugar a los depósitos cristalinos, con síntomas diversos (articulares, renales) o con formación de lesiones bajo la piel llamadas tofos (agregados de cristales).

   5.- ¿Cuándo ir al médico?

   Si usted experimenta inflamación articular o dolor recurrente sin ningún golpe que lo justifique, especialmente en el dedo gordo del pie, el empeine, el tobillo o la rodilla. También puede consultar a su médico si sus niveles de ácido úrico se encuentran siempre elevados en analíticas de sangre, sobre todo si aumentan de forma significativa con el paso de los años o si son valores especialmente altos como 9 o más.

   6.- ¿La gota se produce por ciertas comidas y bebidas?

   La alimentación es importante, pero en el 90 por ciento de los casos se produce por un problema de eliminación del ácido úrico por el riñón. No es recomendable abusar de alimentos ricos en purinas como la cerveza (con y sin alcohol), bebidas alcohólicas de alta graduación y bebidas edulcoradas (refrescos, etc.), vísceras, carne roja y carne de caza, marisco y pescado azul (sardinas, anchoas, etc.).

   Asimismo, el tomate puede facilitar ataques articulares en pacientes con gota, pero un consumo moderado del mismo no suele originar problemas, pues las proteínas animales producen más purinas en nuestro organismo que las vegetales. Es aconsejable beber 1-2 litros de agua al día y también resultan beneficiosos los lácteos desnatados, las cerezas, los alimentos ricos en vitamina C y el café (consumo moderado).

   7.- ¿La gota se puede curar sólo cuidando la alimentación y evitando el alcohol?

   En la mayor parte de los casos la respuesta es no. De la misma forma que la hipertensión arterial no suele solucionarse sólo rebajando la sal de las comidas, sino con medicación antihipertensiva diaria, el paciente con gota también suele necesitar la ayuda de fármacos para curarse.

   La mayoría de enfermos que sufren gota llevan años depositando urato en sus tejidos sin ellos saberlo o notarlo, y estos acúmulos no se pueden disolver solamente cuidando la alimentación (aunque esto sirva de ayuda). Para disolverlos hay que recurrir a un tratamiento que disminuye la producción de purinas (alopurinol, febuxostato) o que incrementa su eliminación (uricosúricos, como la benzbromarona).

   8.- ¿Realmente la gota o el ácido úrico alto son peligrosos?

   La gota es mucho más que una articulación que se inflama y duele ocasionalmente. Produce una inflamación sistémica y no sólo articular, además de poder afectar a órganos vitales como el riñón.

   La hiperuricemia y la gota se relacionan además íntimamente con el síndrome metabólico, de forma que no es raro encontrar varios factores de riesgo tradicionales en los enfermos con gota, como obesidad, niveles altos de colesterol y triglicéridos, resistencia a la insulina, hipertensión arterial, etc. Todos estos factores se potencian entre sí, convirtiendo a estos enfermos en pacientes de riesgo cardiovascular moderado o incluso alto.