Publicado 24/11/2020 07:35CET

Los niños están dispuestos a hacer sacrificios para castigar a un malhechor si "se le enseña una lección"

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Colegio, escuela, aula, primaria, clase, niño - EUROPA PRESS - Archivo

   MADRID, 24 Nov. (EUROPA PRESS) -

   Muchos niños están dispuestos a hacer sacrificios personales para castigar a los malhechores, y más aún si creen que el castigo le enseñará una lección al transgresor, muestra un nuevo estudio de la Universidad de Yale, en Estados Unidos, publicado en la revista 'Nature Human Behavior'.

   Los filósofos y psicólogos han discutido durante mucho tiempo si la principal razón por la que las personas castigan a otros por su mal comportamiento es para imponer represalias o para impartir una lección moral. En los adultos, la mayoría de los estudios muestran que la respuesta es que las personas tienen ambos motivos. Pero, ¿qué pasa con los niños, que están menos inmersos en los valores sociales?

   "Los niños están menos expuestos a las ideas sociales sobre cómo comportarse de ciertas formas --explica la primera autora Julia Marshall, quien realizó la investigación en el laboratorio de Molly Crockett, profesora asistente de psicología en Yale y autora principal del artículo--. Queríamos saber si los niños están interesados en castigar a otros porque quieren que los malhechores paguen, porque quieren dar una lección a los malos actores, o una combinación de ambos".

   Para el estudio, Marshall, Crockett y el becario postdoctoral de Yale, Daniel Yudkin, controlaron las respuestas de 251 niños entre las edades de 4 y 7 que vieron un video de un niño rompiendo la obra de arte de otro joven.

   Los niños primero tuvieron que decidir si castigar al destructor de arte quitándole su iPad. Sin embargo, si los niños decidieran castigar al transgresor, tendrían que hacer un sacrificio personal: su propio iPad estaría bajo llave.

   Los investigadores dividieron a los niños en dos grupos. Al primer grupo se le dijo que si optaban por un castigo "retributivo", el malhechor perdería el uso de su iPad, pero no se le diría por qué. Al segundo grupo se le dijo que si castigaba al malhechor, se le diría que era por romper el dibujo, lo que los investigadores llamaron la condición "comunicativa".

   Aproximadamente una cuarta parte de los niños (26%) en el primer grupo decidió castigar al transgresor incluso después de que les dijeron que perderían el uso de su propio iPad. "La retribución es una fuerza impulsora en el juicio moral de los niños pequeños", señala Marshall.

   Sin embargo, los niños del segundo grupo, que sabían que se le diría al malhechor por qué estaba siendo disciplinado, tenían un 24% más de probabilidades de castigar que el primer grupo. "La oportunidad de enseñarle una lección a un malhechor motiva a los niños a castigar más allá del deseo de verlos sufrir por sus acciones", detalla Crockett.

   "Los niños parecen estar equipados a una edad temprana con el deseo de que los castigadores reciban sus merecimientos justos y el deseo de que mejoren su comportamiento para la próxima vez", añade Marshall, quien ahora es investigadora postdoctoral en Boston College.

   Crockett agrega que, "a pesar de tener gusto por la recompensa, los niños pequeños también valoran los beneficios sociales que puede traer el castigo. La forma en que el aprendizaje social impacta el equilibrio de los motivos retributivos y prospectivos para el castigo es una vía importante para estudios futuros".