Actualizado 28/05/2010 16:11 CET

Más de un millón de pacientes con trastornos de movimiento recibe cada año tratamiento con toxina botulínica

MADRID, 28 May. (EUROPA PRESS) -

Más de un millón de pacientes con trastornos de movimiento de origen neurológico recibirá este año tratamiento con toxina botulínica, aunque también está indicada en usos terapéuticos (Parkinson, esclerosis múltiple, etc) y estéticos, y se está empezando a utilizar en tratamientos de estrabismo, cefaleas, trastornos de la deglución, patologías urológicas y tartamudeos, según han explicado este viernes expertos durante la presentación del libro 'Toxina botulínica'.

Este libro, realizado por el responsable de la Unidad de Trastornos de Movimiento del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza, el doctor Luis Javier López del Val y el jefe de la sección del servicio de Neurología del Hospital Clínico del Complejo Universitario de Santiago de Compostela, el doctor Alfonso Castro García, "es el primero en el mundo que reunir todas las aplicaciones en una misma portada".

"Estamos empezando a descubrir las aplicaciones del futuro", ha afirmado el doctor López del Val, quien ha afirmado ser un "enamorado" de esta toxina por ser "un fármaco agradecido con el que se puede hacer muchísimo bien al paciente sin ningún efecto secundario irreversible".

No obstante, el uso más importante de la toxina se encuentra en el tratamiento de las distonías, que consisten en movimientos anormales e involuntarios, "donde ayuda a que el músculo no se contraiga y se relaje para lo que "disminuye notablemente los síntomas que tiene el paciente".

Por otra parte, advierten de que para el paciente se trata de un tratamiento "muy recomendable" puesto que no resulta peligroso para el paciente, ya que se han desarrollado siete subtipos de la bacteria denominada 'clostridium botulinum' cultivados en laboratorio que tienen poder paralizante pero carecen de la toxicidad.

Actualmente, sólo se han desarrollado productos farmacológicos comerciados con los subtipo A y B, los cuatro restantes también tienen efectos susceptible de ser utilizados y, "en un momento determinado, a la industria farmacéutica le podrá interesar y retinará comercializándose".

En cuanto los efectos secundarios, los expertos recordaron que el principal problema puede encontrarse en su aplicación incorrecta por lo que "el conocimiento anatómico es muy importante", ha explicado García Castro. Asimismo hay efectos secundarios si la dosis no es adecuada. "Como en todos los medicamentos hay efectos secundarios, pero si uno hace el tratamiento adecuado en los músculos adecuados, los efectos secundarios son pocos y siempre son reversibles", ha explicado.

Según los expertos, hay enfermos que pueden crear resistencias ya que el organismo tiende a generar anticuerpos, aunque "estos casos son los menos". Para evitar esta situación, se recomienda no usar la toxina antes de los tres meses desde su última aplicación.

En el caso de los pacientes distónicos, el doctor Castro García ha afirmado el uso de la toxina butolínica ha ayudado a mejorar la calidad de vida de estos pacientes que, en numerosos casos, se han encontrado sin diagnostico ni tratamiento durante más de cinco años. No obstante, ha afirmado que "el conocimiento de las distonias es fundamental para diagnosticar y tratar a estos pacientes", que han notado una gran diferencia desde que se les infiltra la toxina. "Es un tratamiento muy seguro y ofrece una calidad de vida muy importante", ha añadido.

La discinesia designa los movimientos anormales e involuntarios en las enfermedades nerviosas, que incluyen masticación repetitiva, movimiento oscilatorio de la mandíbula o gesticulación facial. Ocurren tanto en la musculatura estriada como en la lisa, siendo un síntoma típico el temblor.

El origen de estos trastornos es variado; es genético en el caso de las distonías (contracciones musculares involuntarias, que producen retorcimiento y retracción muscular con deformidades y dolor) y el temblor esencial. Otros trastornos suman factores genéticos y factores tóxicos exógenos y endógenos. Aproximadamente el 0,015% de la población padece distonías.

El libro se ha presentado en el contexto de la V Jornada sobre Neurofarmacología y terapéutica de trastornos del movimiento, que reúne a prestigiosos especialistas en torno al tratamiento de dichos trastornos en Madrid.