Publicado 01/07/2021 08:11CET

Manual para acompañar a nuestros hijos cuando sienten miedo

Archivo - Niña con miedo en la cama.
Archivo - Niña con miedo en la cama. - ISTOCK/PEOPLEIMAGES - Archivo

   MADRID, 1 Jul. (EDIZIONES) -

   El miedo es una emoción natural que nos ha permitido subsistir a los seres humanos a través de la historia. Nos mantiene alerta, nos estimula, y nos permite avanzar. El problema en torno al miedo es verlo como un enemigo, como algo que se debe evitar o eliminar de nuestras vidas, cuando debemos entender que es una emoción que, como todas, es necesaria para nuestra vida.

Así lo defiende Tania García, educadora sociofamiliar y pedagoga, que acaba de publicar '¿Qué necesito cuando tengo miedo?' (Beascoa), una guía con la que pretende ayudar a los padres sobre la educación de sus hijos en este aspecto y en el que defiende que el miedo no se debe intentar reprimir o acallar, ya que si no se corre el riesgo de que no acaben integrándolo en sus vidas, "y esto tiene graves consecuencias en su correcto desarrollo emocional", según admite en una entrevista con Infosalus.

   La también creadora de Edurespeta, la primera escuela 'on line' para familias y profesionales que "quieren educar a los niños sin perder los nervios, con sentido común y respeto", reconoce que es normal que los niños sientan miedo, como seres humanos que son: "Forma parte de nosotros inherentemente como cualquier otra emoción. Si pretendiésemos que no fuese normal que un niño tuviera miedo estaríamos pretendiendo básicamente que no fuera humano".

   Ahora bien, advierte de que los miedos infantiles son diferentes a los de los adultos, si bien afirma que realmente no tiene más miedo un niño que un adulto. "Los adultos también estamos cargados de miedos, solo que en principio deberíamos de expresarlos y de sentirlos de otra manera, fruto de un correcto desarrollo emocional", apostilla.

   A su vez, García matiza que los miedos de los niños tienen diferentes etapas, siendo los más irracionales los que tienen lugar en las primeras etapas del desarrollo, ya que en esa fase el cerebro de un niño es pura emoción. "Pueden tener miedo a un extraño, a perder a sus padres, a quedarse solo, a la oscuridad. Pero eso sí, es muy importante remarcar lo importante que es comprender que aunque sean miedos distintos, los niños los sienten de igual manera que una persona adulta. Es igual de profundo, paralizador y aterrador; es por eso que jamás debemos de menospreciar el miedo de un niño, intentar reprimir como si no pasara nada o similar. Esto es muy importante", agrega.

Aquí recuerda que hay niños más miedosos que otros porque cada persona es "diferente e única", lo que significa que por que un niño tenga más o menos miedo esto no quiere decir que sea ni mejor ni peor. "Eso sí, relacionado con el término miedoso, me gustaría hacer referencia a lo importante que también es para el correcto desarrollo emocional de los niños el hecho de no etiquetarles por ningún comportamiento que tengan, pero aún menos por cómo o cuánto sientan una emoción", recalca.

LO QUE DEBEMOS HACER LOS PADRES

   En este sentido, la educadora sociofamiliar subraya que los padres debemos acompañarles emocionalmente en esos momentos, con paciencia, empatía, respeto, escucha. De hecho, precisa que el intentar frenar sus miedos puede ser peligroso, primero porque no le estamos demostrando el amor incondicional que todo hijo necesita de sus padres.

   Después porque dice que no le estamos permitiendo conocer realmente esa emoción, la estamos acallando o, en muchas ocasiones, intentando entretenerla con otra cosa, pero si nuestra intención es que esa emoción deje de existir de forma mágica, como ya hemos visto no ocurrirá, lo que pasará es que se irá enterrando y acumulando y eso tiene graves consecuencias.

   "De esta manera tendrán un desarrollo emocional con muchos problemas y de mayores no sabrán de forma correcta sostener sus propias emociones ni tampoco, en consecuencia, la de sus hijos", advierte.

    Con ello, Tania García remarca que es normal plasmar el miedo a cualquier edad, incluso en cualquier etapa de la vida adulta. "Como decía, somos humanos y el miedo viene implícito en nuestra naturaleza. Los primeros miedos suceden en la primera etapa de la infancia (0-6 años aproximadamente), y son miedos más irracionales, en los que solo forma parte el cerebro emocional, pueden ir desde el miedo a los sonidos fuertes, a la oscuridad, o a los monstruos por ejemplo", sostiene.

Eso sí, a partir de esa edad, hasta los 12 años aproximadamente, los miedos son menos irracionales pero con un alto contenido emocional, tales como el miedo a morirse, o por ejemplo a que se mueran sus padres.

   "Después de esta etapa, los miedos son más relacionados con el ámbito social, suelen ser tales como el miedo a no caer bien o no gustarle a nadie, entre otros muchos. Pueden ser tantos y experimentarse a tantas edades, que por eso es tan importante no marcar un inicio ni un fin de lo que deben ser considerados miedos 'normales', ya que todos son naturales, necesarios, forman parte de nuestra especie, y lo importante es sentirnos respetados y acompañados mientras los experimentamos", destaca.

PAUTAS PARA AYUDAR A LOS NIÑOS A SUPERAR EL MIEDO

   Con todo ello, la creadora de Edurespeta resalta que nunca debemos pretender ahuyentar los miedos de nuestros hijos, sino acompañarlos de forma correcta. "Los miedos desaparecerán por sí solos y aparecerán otros, como es normal. Pero nuestro papel es el de acompañar esas emociones, no intentar eliminarlas", incide.

   A su juicio, lo importante para acompañar de forma adecuada es, en primer lugar, no tener prisa por acompañar a nuestros hijos en su emoción. También, por supuesto, escuchar y empatizar para conectar con ellos. Acariciarles, abrazarles, besarles si quieren y llevar todo el proceso con respeto y calma; sin menospreciar el miedo que están sintiendo, aunque por supuesto no lo compartamos.

   "Es importante el hecho de que los adultos dejemos esa mirada adultocentrista que muchas veces tenemos y comprendamos que las emociones que sienten nuestros hijos son tan importantes y las sienten de forma tan evidente como las que sentimos nosotros. Sus miedos son tan reales como los nuestros, aunque el suyo sea a quedarse a oscuras y el nuestro a perder nuestro trabajo; son miedos y como tales los sentimos en el mismo grado de intensidad", sentencia Tania García.