Publicado 29/11/2021 08:37CET

Manejo de las convulsiones febriles en niños: ¡que no cunda el pánico!

Archivo - Niño con fiebre, enfermo, en el sofá. Termómetro.
Archivo - Niño con fiebre, enfermo, en el sofá. Termómetro. - GEORGERUDY/ ISCTOK - Archivo

   MADRID, 29 Nov. (EDIZIONES) -

   Cuando nuestros hijos pequeños están enfermos nos preocupamos, como es obvio, y en algunos casos lo hacemos demasiado y llegamos a asustarnos mucho. Este es el caso de las convulsiones, tan llamativas y aparatosas, que tienen lugar dentro de un cuadro de fiebre; aunque debemos tener claro que, habitualmente, no tienen ninguna consecuencia para la salud del menor.

   ¿Cómo podemos manejarlas de la mejor manera posible? ¿Son frecuentes? Según explica la Asociación Española de Pediatría (AEP), su causa es desconocida y representan una respuesta del cerebro ante la fiebre, que se produce en algunos niños sanos entre los 6 meses y los 5 años de edad.

   "Casi siempre ocurren en los dos primeros días de fiebre. Son frecuentes. Su incidencia es de 3 a 5 niños por cada 100, lo que equivale a 1 o 2 niños de una guardería. Además, después del primer episodio, 1 de cada 3 niños tiene otra convulsión. Algunos niños tienen más predisposición a tener convulsiones cuando tienen fiebre", remarca la entidad científica.

   En Infosalus entrevistamos a la doctora Auxiliadora Fernández, pediatra y puericultora de Grupo IHP para conocerlas un poco mejor y saber qué es lo que mejor pueden hacer los padres en estos casos. Según aclara, las convulsiones febriles suelen coincidir con un proceso febril en niños menores de 5 años, y sin datos de infección del sistema nervioso central.

   "Estos episodios se caracterizan porque el niño pierde el conocimiento, empieza a tener temblores, se puede agitar o quedarse flácido, pone los ojos en blanco, gime o se queja, y pueden, a veces, acompañarse de vómitos y/o hacerse pipí", describe la especialista.

   En concreto, precisa que suelen durar pocos segundos y desaparecer sin tratamiento, aparte de que se autolimitan, aunque en ocasiones pueden llegar a durar hasta 15 minutos y requerir del uso de medicación para que ceda la crisis. "Son procesos banales porque es muy raro que se compliquen y no suelen dejar secuelas neurológicas", apostilla la doctora Fernández.

   Además, incide en que son las crisis convulsivas más frecuentes en los niños, afectan a entre el 2% y el 5% de los menores de 5 años, aproximadamente la mitad de los casos aparecen entre los 6 meses y los tres años; existiendo, asimismo, un pico de incidencia a los 18 meses.

POSIBLES CAUSAS

   En este sentido, la experta de IHP menciona que se sabe que están relacionadas con la edad de los pacientes y con la vulnerabilidad del sistema nervioso en desarrollo. Aparte, apunta a una predisposición genética individual porque habitualmente alguno de los progenitores del niño las tuvo en su infancia.

   "Otros factores de riesgo son: infección viral de vías respiratorias altas y de aparato digestivo, infecciones bacterianas de aparato respiratorio, digestivo y genitourinario, exantema súbito; y coincidiendo con la vacunación en caso de que aparezca fiebre, hay que tener claro que la vacuna no es la causa de la aparición de las convulsiones, sino el proceso febril que desencadena", remarca la pediatra.

   Otro de los puntos a tener en cuenta, a juicio de la pediatra y puericultora de Grupo IHP, es que las convulsiones febriles suelen aparecer en las primeras 24 horas del proceso febril, coincidiendo con la elevación brusca de la temperatura: "La rapidez en subir la fiebre es uno de los factores más importantes asociados al inicio de la convulsión".

   Aparte, señala que casi una tercera parte de los niños la vuelve a padecer. "Los factores que aumentan este riesgo son: que la primera convulsión aparezca antes de los 15 meses de vida, que haya historia familiar de convulsiones febriles, que aparezcan con temperaturas no elevadas o que sean prolongadas en el tiempo", insiste la doctora Fernández.

MANTENER LA CALMA

Sobre el momento en el que debemos consultar con un especialista si nuestro hijo o hija ha padecido una crisis de estas características, la Asociación Española de Pediatría remarca que siempre es conveniente que el niño sea valorado por un médico que confirme el diagnóstico tras uno de estos episodios.

   La doctora del Grupo IHP destaca asimismo que cuando un niño presenta una crisis de convulsiones febril lo primero que hay que hacer es intentar mantener la calma y ponerse en contacto telefónico con el Servicio de Emergencias. "Mientras tanto deben poner al niño con cuidado en una postura de seguridad, tumbado en el suelo o en una superficie segura, dura, acostado de lado, retirando cualquier objeto cercano que pueda dañarle y aflojarle cualquier prenda que lleve alrededor de la cabeza o el cuello", detalla.

   En concreto, resalta que hay que fijarse en si presenta signos de dificultad respiratoria y tratar de registrar el tiempo que dura el episodio. "Una vez que contactan con el Servicio de emergencias seguir sus indicaciones y si fuera necesario trasladar al niño a un Servicio de Emergencias presencial", agrega.

   Preguntada por lo que no se debe hacer ante una convulsión febril, la doctora Auxiliadora Fernández remarca que nunca se debe intentar inmovilizarlo, meter nada en la boca, dar medicamentos por boca y darle baños de agua, ni fría ni tibia, ya que no se debe modificar la temperatura de forma brusca.

   "Una vez que ha sucedido el cuadro y ya se ha atendido al niño en el momento de la emergencia deberán ponerse en contacto con el pediatra del niño para que conozca el evento y actúe dependiendo de cómo haya sido el cuadro de la forma adecuada. La inmensa mayoría de los casos no requiere ni pruebas complementarias, ni tampoco de tratamiento posterior; aunque hay algunas excepciones que sí lo necesitan, de ahí la importancia de que el pediatra conozca el suceso", concluye la pediatra y puericultora de Grupo IHP.