Publicado 02/11/2021 07:29CET

Invertir para reconstruir la ciencia' es fundamental debido al profundo impacto de la pandemia de COVID-19

Archivo - Análisis de sangre, marcadores tumorales, mujer trabajando en un laboratorio
Archivo - Análisis de sangre, marcadores tumorales, mujer trabajando en un laboratorio - GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / MANDICJOVAN - Archivo

MADRID, 2 Nov. (EUROPA PRESS) -

La investigación científica se vio fuertemente restringida en todo el mundo cuando comenzó la pandemia de COVID-19 a principios de 2020, limitando el acceso a los laboratorios, cerrando instalaciones centrales y cesando muchos ensayos clínicos. Líderes voluntarios y expertos de la Asociación Americana del Corazón describen ahora el efecto dominó de la pandemia en la investigación cardiovascular y de accidentes cerebrovasculares actual y futura en un aviso publicado en la revista insignia de la Asociación, 'Circulation'.

Además, instan a que se preste un apoyo específico a los investigadores que inician su carrera, a las mujeres y a las personas pertenecientes a grupos raciales y étnicos insuficientemente representados en la ciencia; piden que se aumente el apoyo y la financiación federal para garantizar que la empresa de investigación pueda recuperarse; y afirman el valor de la expansión continua de las innovaciones digitales que han cambiado y mejorado el diseño y la realización de los ensayos clínicos.

"A lo largo de los últimos 18 meses de la pandemia de COVID-19, hemos visto notables éxitos científicos frente a un tremendo desafío. Sin embargo, los laboratorios de investigación de todo el mundo se han enfrentado a impedimentos diarios que comenzaron con el confinamiento de laboratorios, seguidos por la necesidad de la distancia social, la enfermedad, las limitaciones de la cadena de suministro y muchos otros obstáculos que han afectado a todas las fases y a todos los tipos de investigación", señala Elizabeth M. McNally, presidenta del Consejo de Ciencias Cardiovasculares Básicas de la Asociación y profesora y directora del Centro de Medicina Genética de la Escuela de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern en Chicago.

"La pandemia ha ilustrado por qué la ciencia es importante, y debemos volver a invertir en la infraestructura científica para reconstruir la ciencia, de modo que estemos preparados para los próximos retos que se nos presenten", insiste.

Según recoge el estudio, las órdenes de confinamiento relacionadas con la pandemia en Estados Unidos y a nivel internacional hicieron que casi todos los laboratorios de investigación cerraran durante varios meses en 2020. Cuando los laboratorios volvieron a abrir, el regreso estuvo lejos de las operaciones normales, con la necesidad de trabajar en turnos limitados para reducir el personal in situ.

Además, se interrumpieron los estudios y ensayos clínicos para proteger la seguridad de los pacientes. Las cadenas de suministro de materiales y equipos de investigación siguen interrumpidas, y los impedimentos para contratar personal de investigación, combinados con una formación y educación modificadas o restringidas, han dificultado la labor de clínicos y científicos. Tampoco ha habido fuentes de financiación para hacer frente a los costes necesarios para restablecer los programas de investigación afectados por estos problemas.

El cierre de las escuelas supuso que los niños estuvieran en casa, y el trabajo desde el hogar creó desafíos adicionales para los investigadores y los clínicos. La crisis sanitaria internacional también obligó a muchos clínicos-científicos a cambiar de función profesional, incluida la atención de COVID-19 en sus hospitales. Muchos de estos problemas afectaron de forma desproporcionada a los investigadores que inician su carrera, a las mujeres y a los científicos de grupos raciales y étnicos poco representados en la medicina.

"Los científicos que son padres de niños pequeños han tenido que luchar especialmente porque, para la mayoría de los investigadores, sencillamente no es posible investigar desde casa, ya que el hogar no es un laboratorio --recuerda McNally--. El impacto ha sido mayor en los científicos en formación y en los que inician su carrera, así como en cualquier investigador con menos recursos o perteneciente a un grupo racial o étnico con pocos recursos, o miembro de comunidades desproporcionadamente afectadas por la infección por COVID-19 y las enfermedades graves".

En este sentido, apostilla que "se necesitan años de formación para ser un científico y un clínico, por lo que la pérdida de estos individuos de la fuerza de trabajo es costosa y potencialmente irrecuperable. Pedimos un aumento de la inversión federal para estabilizar la fuerza de trabajo de la investigación científica".

Muchos esfuerzos de investigación también se trasladaron para centrarse específicamente en las terapias de COVID-19, las vacunas y la ciencia de la población, lejos de la investigación sobre otras enfermedades y condiciones de salud (a partir del 21 de mayo de 2021, aproximadamente el 80% de los ensayos no COVID en ClinicalTrials.gov se habían detenido o interrumpido).

Según apuntan, este cambio crítico dio lugar a un rápido desarrollo de los protocolos de tratamiento de la COVID-19 y de las vacunas de la COVID-19, impulsó una colaboración sin precedentes entre instituciones y organizaciones para compartir datos, y creó un esfuerzo colectivo dinámico y robusto para resolver la mayor crisis de salud pública mundial.

Los avances en la integración y el análisis de las vastas fuentes de datos relacionadas con el estudio del COVID-19 tendrán un impacto duradero en la investigación, desde los ensayos clínicos hasta los estudios de observación y de salud de la población.

El grupo de redacción advierte que aún queda mucho trabajo por hacer para reconstruir la comunidad de investigación científica. Piden un amplio apoyo y un aumento de la financiación para recuperar parte de lo que se ha perdido como consecuencia de la pandemia.

"Corremos el riesgo de perder una generación de científicos, lo que podría retrasar los avances en el descubrimiento de tratamientos para las enfermedades", advierte el vicepresidente del grupo consultivo de redacción, Mitchell S.V. Elkind, expresidente inmediato de la Asociación y profesor de neurología y epidemiología de la Universidad de Columbia en Nueva York.

"Tenemos que actuar rápidamente para destinar recursos a este problema antes de que estas consecuencias sean irreversibles --urge--. Y debemos asegurarnos de que estos recursos y esfuerzos se reparten equitativamente por toda la sociedad para que todos los segmentos de la misma puedan beneficiarse".

La pandemia también aumentó el compromiso del público con la ciencia y la medicina. La ciencia biomédica estuvo en el punto de mira de los medios de comunicación, los temas relacionados con la ciencia y el COVID-19 se politizaron y la desinformación creó barreras a los esfuerzos de salud pública de la pandemia.

Sin embargo, una amplia encuesta internacional realizada durante la pandemia entre personas de Estados Unidos, Canadá, Brasil, Rusia y de toda Europa y Asia reveló que una media del 82% de las personas consideraba que la inversión gubernamental en investigación científica merecía la pena.

Un año después de la pandemia, la mayoría de la gente creía que la ciencia aportaría soluciones a la pandemia, y casi el 80% creía que la ciencia, en general, tiene la capacidad de mejorar vidas y proporcionar un futuro mejor a la sociedad.

Además de estos retos, hubo éxitos notables, como la aceleración de la implantación de la telemedicina, con más procesos digitales y a distancia para acceder a la asistencia. Es probable que la telemedicina tenga un impacto duradero en el diseño y la realización de los ensayos clínicos en el futuro, con beneficios como el aumento potencial de la diversidad geográfica de los participantes en el estudio; el aumento de la inscripción de mujeres, grupos raciales y étnicos subrepresentados y participantes rurales; y la agilización de las pruebas.