Ictericia neonatal: ¿es normal que el bebé nazca amarillo?

Actualizado 29/01/2020 16:44:39 CET
Icteria, bilirruina, bebé.
Icteria, bilirruina, bebé. - GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / HIDESY - Archivo

   MADRID, 29 Ene. (EDIZIONES) -

   La ictericia neonatal es frecuente. Tiene lugar cuando puede apreciarse una coloración amarillenta de la piel y mucosas en el recién nacido ocasionada por el depósito de bilirrubina, cuya concentración en sangre, en estos casos, es superior a la normalidad. No obstante, se trata de algo bastante frecuente y curable casi al 100% en los neonatos.

   La bilirrubina es un pigmento biliar de color amarillo anaranjado resultado de la degradación de la hemoglobina de los glóbulos rojos reciclados. En realidad la coloración amarilla de la piel se produce en todas las personas por la destrucción de los glóbulos rojos. Ésta se debe a la acumulación excesiva de un pigmento natural que hay en la sangre, la bilirrubina en cuestión.

   "La bilirrubina se elimina principalmente gracias a la acción del hígado. También la luz solar favorece su degradación en la piel y su exceso también se elimina por la orina, dándole un color parecido al coñac", explica la Asociación Española de Pediatría (AEP)

   Se trata de una condición común en el periodo neonatal, que puede afectar a un 40-60% de los nacidos a término y hasta el 80% de los prematuros durante la primera semana de vida. El primer sitio donde puede detectarse es el blanco de los ojos, de tal forma que si estos tienen un color normal, podemos asegurar que no existe la ictericia, advierte esta sociedad científica.

En el caso concreto de los recién nacidos, la ictericia puede considerarse 'normal' (fisiológica) si se mantiene dentro de ciertos límites y no dura más de unos pocos días o semanas. Se produce sobre todo por inmadurez del hígado, por lo que lógicamente es más frecuente por lo tanto en los prematuros, según precisa la AEP.

   Generalmente el tono amarillo suele aparecer, de hacerlo, a partir del segundo día de vida, y aún así al bebé se le puede dar de alta de la Maternidad con la simple recomendación de que sea controlado por su pediatra de cabecera. "La ictericia neonatal, salvo casos extremos excepcionales, no deja secuelas y no se relaciona con enfermedades posteriores del hígado, ni de otro tipo", remarca.

   Eso sí, el doctor Javier Miranda, pediatra en el Hospital Vithas Nisa 9 de Octubre de Valencia, llama la atención en una entrevista con Infosalus sobre los casos de ictericia en algunos niños alimentados al pecho, ya que ésta puede prolongarse algunos días más de lo habitual, sin que esto suponga ningún problema ni sea porque la leche materna le siente mal.

   Además, este experto remarca que la ictericia puede ser 'patológica', (6% recién nacidos) y que se produzca por una enfermedad, como es el caso de la incompatibilidad de grupo sanguíneo o de factor Rh entre la madre y el bebé. En estos casos, la coloración amarilla de la piel aparece en las primeras 24 horas de vida y suele detectarse ya en la Maternidad, antes del alta, donde necesitarán recibir tratamiento, en algunos casos de la enfermedad causal y siempre de la propia ictericia.

   Los tratamientos más habituales son las lámparas de fototerapia, según indica el también responsable del grupo de trabajo de Neonatología de la SEPEAP, y en algunos casos se suele realizar un recambio parcial de la sangre del niño, una transfusión de sangre parcial.

ICTERICIA Y LACTANCIA MATERNA

   Por otro lado, el doctor Miranda subraya que los recién nacidos con dificultades para iniciar una lactancia materna exclusiva efectiva tienen riesgo de incrementar los niveles de bilirrubinemia, por lo que deben ser vigilados.

   Además, señala que la lactancia materna puede prolongar la ictericia fisiológica hasta el segundo mes de vida en bebes "perfectamente sanos". "Es una ictericia benigna, aunque hay que estar alerta por que puede superponerse a otras causas de ictericia", precisa.

   El miembro de la SEPEAP explica que se han postulado diversos mecanismos patogénicos relacionados con la presencia de algunos factores en la leche materna, como niveles elevados de la enzima beta-glucoronidasa, que favorecería un aumento de la circulación enterohepática de la bilirrubina, o un mayor contenido en grasas (lipasas), que dificultaría su excreción hepática.

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