Publicado 13/10/2021 07:03CET

La hormona del estrés aumenta el riesgo de enfermedades cardíacas

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Archivo - Mature Adult man working in the office - GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / ELENALEONOVA - Archivo

MADRID, 13 Oct. (EUROPA PRESS) -

Las personas que son especialmente sensibles a las hormonas del estrés también muestran marcadores que sugieren que tienen un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, según una investigación presentada en la 59ª Reunión Anual de la Sociedad Europea de Endocrinología Pediátrica.

El estudio tenía como objetivo crear una prueba que pudiera diferenciar entre las personas sensibles y resistentes a las hormonas del estrés, para ayudar a los médicos a determinar mejor los resultados terapéuticos y minimizar los efectos adversos en aquellos que requieren tratamiento con glucocorticoides.

Curiosamente, el perfil proteico asociado a la sensibilidad a los glucocorticoides incluía un aumento de los marcadores de riesgo de trastornos relacionados con el estrés, como el ictus y el infarto de miocardio, y podría apuntar a nuevas posibilidades de diagnóstico o terapia en estos ámbitos.

Los glucocorticoides (GC) son un grupo de hormonas producidas naturalmente en el organismo, una de las cuales es la hormona del estrés, el cortisol, y son esenciales para el metabolismo y la función inmunitaria saludable. Actúan como antiinflamatorios y se utilizan habitualmente para tratar las alergias, el asma y otras afecciones relacionadas con un sistema inmunitario hiperactivo.

Sin embargo, las personas responden de forma diferente a los GC. Una prueba que distinga entre personas sensibles y resistentes sería muy útil para mejorar los resultados del tratamiento.

Las proteínas de nuestro organismo son las encargadas de reconocer, transportar y ejercer las acciones de hormonas como los GC, por lo que es posible que los perfiles proteicos de las personas sensibles y resistentes puedan indicar la eficacia de los GC. El estrés crónico se asocia desde hace tiempo a un mayor riesgo de padecer enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares, pero no se conocen bien los cambios fisiológicos subyacentes.

En este estudio, el doctor Nicolas Nicolaides y sus colegas de Atenas (Grecia) investigaron si se podía identificar un conjunto de proteínas que distinguiera entre personas sensibles y resistentes a la GC. Se administró a 101 voluntarios sanos una dosis baja de dexametasona y se les clasificó de más sensibles a más resistentes en función de sus niveles de cortisol en sangre a la mañana siguiente.

A continuación, se analizaron muestras del 10% superior y del 10% inferior mediante espectrometría de masas por cromatografía líquida para identificar las diferencias en el perfil proteico entre estos grupos.

El grupo sensible tenía 110 proteínas reguladas al alza y 66 reguladas a la baja en comparación con el grupo resistente. De las proteínas reguladas al alza en el grupo sensible, varias estaban relacionadas con la mejora de la coagulación de la sangre, la formación de placas amiloides en la enfermedad de Alzheimer y la función inmunitaria.

"Nuestros hallazgos muestran, por primera vez, cómo el aumento de la sensibilidad a los glucocorticoides puede estar asociado a trastornos relacionados con el estrés, incluidos los infartos de miocardio y cerebrales, lo que podría conducir a nuevas intervenciones terapéuticas", afirma el doctor Nicolaides.

Aunque advierte de que "se trata de un estudio pequeño, por lo que se necesitan más estudios de mayor envergadura para confirmar las diferencias observadas entre las personas sensibles a los glucocorticoides y las resistentes".

Este estudio forma parte de un proyecto más amplio, que incluye análisis genéticos y metabólicos en sujetos sanos con diferencias en la sensibilidad de los tejidos a los glucocorticoides. El equipo planea ahora realizar estudios más amplios para confirmar estos hallazgos y desarrollar un perfil de firma para identificar estos grupos de pacientes, que también pueden tener una mayor susceptibilidad a los trastornos relacionados con el estrés.

"Especulamos que si las personas más sensibles a los glucocorticoides se exponen a un estrés excesivo o prolongado, el aumento resultante de la activación de las células sanguíneas podría predisponerlas a la formación de coágulos en el corazón y el cerebro, lo que provocaría ataques cardíacos o accidentes cerebrovasculares. Podríamos identificar a los que corren más riesgo y necesitan un control del estrés", adelanta Nicolaides.

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