¿Hay mecanismos de defensa contra la ansiedad? Sí, pero sólo funcionan a corto plazo

Publicado 04/12/2019 8:15:44CET
Ansiedad, mujer, depresión
Ansiedad, mujer, depresión - GETTY - Archivo

   MADRID, 4 Dic. (EDIZIONES) -

   La ansiedad es una respuesta psicológica y fisiológica ante situaciones que un individuo puede considerar amenazantes. Puede ser adaptativa si el peligro es real y, de hecho, puede ser incluso útil porque pone en marcha herramientas que ayudan al que la sufre a ponerse a salvo o a solventar situaciones que requieren más recursos psicológicos, como una entrevista de trabajo.

   Distinto a lo anterior es un trastorno de ansiedad. "La presencia de algunos factores de riesgo, como personalidad, crianza, estilos cognitivos o experiencias traumáticas vividas, ligada a la presencia de un estresor, como una enfermedad, acontecimientos vitales, cambios o estrés en el trabajo, pueden generar la aparición de un trastorno de ansiedad", explica en una entrevista con Infosalus la psicóloga y terapeuta de ITA Salud Mental Montse Pascual.

   Por lo tanto, podría decirse que la ansiedad patológica "se da cuando ésta es generada por una sobredimensionalidad del peligro, en situaciones en las que realmente no hay una amenaza vital, pero el cuerpo y la mente reaccionan como si lo hubiese", agrega Pascual.

   La ansiedad se manifiesta de muchas formas. La clasificación de los signos incluye síntomas físicos, cognitivos y psicológicos, conductuales y sociales. En cuanto a los físicos, la experta destaca "taquicardia, sudores, mareos, sensación de inestabilidad, molestias digestivas, náuseas, vómitos, opresión en el pecho, falta de aire u hormigueo". Además, "en casos de mucha activación, puede aparecer pérdida de aumento de apetito, pérdida de la calidad del sueño o alteraciones en la libido", agrega la psicóloga.

   Por su parte, en referencia a los síntomas cognitivos y psicológicos, Pascual menciona "dificultad de atención y concentración, hipervigilancia, preocupación excesiva, rumiación, pensamientos negativos, susceptibilidad, interpretaciones erróneas, dificultad para tomar decisiones, miedo a perder el control, dudas, aumento de la prevención y sospecha".

   Los síntomas conductuales se concretan en "respuestas de evitación, de huida, inquietud motora, dificultad para permanecer en un sitio mucho tiempo, rigidez corporal, expresión de miedo o tensión", enumera la terapeuta, que finaliza con los sociales. Éstos últimos son "irritabilidad, dificultad para iniciar o mantener una conversación, verborrea en algunos casos, miedo a equivocarse o miedo al conflicto", según Pascual.

   En este contexto, hay diversos mecanismos de respuesta que pueden ayudar a resolver ese momento de ansiedad, según la psicóloga. Por ejemplo, puede responderse a la ansiedad con un mecanismo de escape o huida. Consiste en "salir de la situación en el momento en que se prevé que se va a sufrir ansiedad o ya se está sufriendo en ese momento", indica la psicóloga de ITA Salud Mental.

   Otro de estos mecanismos lo constituye la evitación o "no enfrentar directamente el objeto de la ansiedad para evitar el malestar", según Pascual, que ejemplifica "no acudir a un lugar donde se sabe que habrá ansiedad o en caso de fobia no conducir y coger otro transporte que no produzca ansiedad".

   Por último existe el mecanismo de planificación y control excesivo. "Antes de realizar la acción o de acudir al lugar donde se produce el malestar, se planifica minuciosamente lo que se va a hacer, se inspecciona detenidamente la zona buscando zonas de seguridad o posibles ayudas en caso de ansiedad, produciéndose de esta forma una limitación y una rigidez en los planes", especifica la terapeuta.

ÚTILES A CORTO PLAZO

   No obstante, aunque estos mecanismos puedan ayudar de alguna manera, sólo lo hacen a corto plazo. En concreto, "evitan o reducen mucho la sintomatología", reconoce Pascual, pero "a largo plazo no resuelven el problema, ya que van limitando cada vez más y más a la persona y no resuelven el problema de base".

   En realidad, la ansiedad precisa de un tratamiento cogntivo-conductual y, dependiendo del caso, algún fármaco. "Por otro lado, hay que tratar los estilos relacionales, habilidades sociales, el estilo de crianza, así como el apego tanto en la infancia como en la vida adulta", precisa la terapeuta.

   "Es importante no dejar el tratamiento hasta que los profesionales indique que es conveniente, ya que es normal ver los resultados trabajando la parte de exposición y relajación pero para que esos cambios perduren a largo plazo hay que trabajar los factores de riesgo, que son más estables y pueden ser mantenedores a largo plazo", concluye Pascual.

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