Actualizado 11/05/2011 17:31 CET

La exposición de un paciente a una emisión radiológica "no debe compararse" a la de un trabajador de Fukushima

paciente sometiéndose a un tratamiento radiológico
WIKIMEDIA/RHODA BAER

SEVILLA, 11 May. (EUROPA PRESS) -

Especialistas en protección radiológica y física médica reunidos este miércoles en Sevilla, en el marco del 'II Congreso sobre calidad y seguridad en el uso de la radiación', que organizan de forma conjunta la Sociedad Española de Física Médica y la Sociedad Española de Protección Radiológica, han aclarado que los pacientes que se ven expuestos a emisiones radiológicas por equipos como los TAC, que sirven para conocer un diagnóstico o someterse a un tratamiento, sus niveles de radiación no pueden ni deben compararse en los mismos términos que a los de una persona sana o trabajador que haya estado en la central accidentada de Fukushima.

En este sentido, el miembro de la Sociedad Española de Física Médica y jefe del Servicio del Hospital de la Laguna de Santa Cruz de Tenerife, José Hernández Armas, ha explicado a Europa Press que en los pacientes que se someten a emisiones radiológicas "no existen un límite o tope máximo de radiación como tal", ya que, según ha aclarado, lo que se persigue en estos enfermos es que la relación beneficio-perjuicio que pueda suponer toda radiación, por pequeña que sea, "sea claramente favorable al efecto beneficio que sobre su salud va a tener ese diagnóstico o tratamiento de su enfermedad".

Este especialista se ha referido así a las "confusiones" provocadas por algunas informaciones en las que se ha comparado las radiaciones recibidas entre pacientes sometidos a este tipo de pruebas diagnósticas y los supervivientes de las bombas atómicas lanzadas en Hiroshima y Nagasaki los días 6 y 9 de agosto de 1945, respectivamente.

"En 2007, el 'USA Today' publicó una información del doctor Bremer en la que se comparó que la exposición que había recibido un paciente sometido a un estudio por TAC era aproximadamente la misma cantidad de la radicación recibida por los supervivientes de Hiroshima y Nagasaki, que habían estado situados a dos millas del punto cero o de explosión", ha detallado Hernández Armas, quien ha aludido igualmente a otra comunicación "realizada en julio de 2010 por el 'New York Times', en la que se decía que personas que fueron sometidas a una TAC se enteraron posteriormente de las dosis de radiación que había recibido, lo que motivo que hiciesen declaraciones algo escandalosas, como que no les habían comunicado que les habían expuesto a tantas radicaciones como la gente de Hiroshima".

En la misma línea se ha pronunciado a Europa Press la presidenta de la Sociedad Española de Protección Radiológica, Marisa España, quien ha insistido en que "en la exposiciones de los pacientes a estas radiaciones, emitidas por ejemplo por un TAC, no hay límites de exposición a dosis, sino valores de dosis de referencia que son aplicables a un conjunto de pacientes no hay un paciente en individual".

"Esto hay que dejarlo bien claro, porque a veces los pacientes oyen informaciones confusas, como ahora con Fukushima, de que las personas próximas al desastre estaban recibiendo poca radiación y ponía como ejemplo que las cantidades eran más o menos las mismas que las que se recibe por una exploración de tórax", ha argumentado España, quien ha apostado "por evitar esta confusión" y atender al coste-beneficio por el que se rige un paciente.

"Creo que la protección radiológica en las exposiciones médicas está muy bien regulada en nuestro país", ha proseguido esta experta, quien además ha querido aclarar que lo que sí hay es un tope máximo de dosis de radiación "para los trabajadores (como el personal sanitario) y el público en general, pero no para los enfermos, ya que se entiende que el objetivo del procedimiento diagnóstico terapéutico tiene que conseguirse".

No obstante, ambos especialistas han coincidido en que "sigue siendo necesario extremar las precauciones en estos pacientes", al igual que a los fabricantes de estos equipos "pedirles que consigan producir elementos generadores de radiación con mucha mayor calidad para asegurar que la zona irradiada del paciente sea la menor posible y que esté modulada a la características propias del paciente".

"De lo que se trata es que la radiación que le llega a un paciente como dosis efectiva a su organismo sea la menor que se pueda alcanzar, respetando de esa manera el principio de protección radiológica", han zanjado.