Publicado 18/04/2022 16:38

Experta señala que la hemofilia es secundaria a otra patología: "Rara vez se presenta de forma adquirida"

La Dra. Olga Gavin, hematóloga de HLA Montpellier, explica en qué consiste esta patología y sus principales riesgos.
La Dra. Olga Gavin, hematóloga de HLA Montpellier, explica en qué consiste esta patología y sus principales riesgos. - HLA

MADRID, 18 Abr. (EUROPA PRESS) -

La hematóloga Olga Gavin de HLA Montpellier (Zaragoza) ha señalado que la hemofilia se presenta "en raras ocasiones" de forma adquirida, ya que suele ser secundaria a otra patología. "Su presentación no es crónica, sino que una vez que la afección causante se trata, esta alteración desaparece", ha precisado.

En España, unas 3.000 personas padecen algún tipo de hemofilia o coagulopatía, de acuerdo con el centro hospitalario. Existen dos tipos de hemofilia: hemofilia A, que consiste en la deficiencia de factor VIII y representa entre el 80-85 por ciento de los casos, y hemofilia B, que implica una deficiencia del factor IX. Es una patología crónica y progresiva que se caracteriza porque el paciente presenta hemorragias de forma recurrente. Estas se pueden producir de manera espontánea o después de una operación, procedimiento invasivo o cualquier lesión o golpe.

El diagnóstico de la hemofilia se realiza a través de un estudio genético, un estudio de coagulación y dosificación de factores. El pronóstico de la enfermedad está estrechamente relacionado al grado de complicación de la enfermedad, que puede pasar de leve a muy grave. Hasta ahora no se conoce la cura definitiva, sólo se aplican tratamientos para alcanzar los niveles de coagulación en sangre más idóneos.

Según explica la especialista, los síntomas característicos de esta enfermedad son: hemorragias en las articulaciones (especialmente rodillas, codos y tobillos), que pueden causar hinchazón y dolor o rigidez en las mismas; hemorragias debajo de la
piel (moretones) o en los músculos y tejidos blandos, que provocan una acumulación de sangre en el área (hematomas); hemorragias en la boca y las encías y hemorragias difíciles de detener después de que se caiga un diente; hemorragias después de recibir inyecciones, como las vacunas; hemorragias en la cabeza del recién nacido después de un parto difícil; sangre en la orina o en las heces; hemorragias nasales frecuentes o difíciles de detener.

El tratamiento para la hemofilia consiste en reponer el factor de coagulación que falta de forma sustitutiva o profiláctica según el nivel de factor o el procedimiento al que vaya a ser sometido. La cantidad necesaria, tipo y frecuencia del factor a aportar
depende del tipo de hemofilia que se padezca en cada caso (A o B) y de su grado de severidad. Los pacientes con hemofilia pueden hacer una vida normal, con las limitaciones que conlleva un tratamiento crónico que depende de un centro hospitalario o una Unidad de Hemofilia.