Publicado 03/09/2021 18:22CET

Un estudio muestra que la monitorización del ritmo cardiaco en pacientes con fibrilación auricular no previene un ictus

   MADRID, 3 Sep. (EUROPA PRESS) -

   La monitorización del ritmo cardiaco y su tratamiento en el caso de que se padezca fibrilación auricular, si no está indicada, no previene un ictus, según un estudio realizado por investigadores del Hospital Universitario de Copenhague (Dinamarca) y que ha sido publicado en la revista 'The Lancet'.

   La fibrilación auricular es el trastorno del ritmo cardíaco más común y afecta a más de 33 millones de personas en todo el mundo. Además, aumenta cinco veces el riesgo de accidente cerebrovascular, si bien este riesgo se puede reducir con un tratamiento anticoagulante.

   Ante este escenario, el estudio investigó si la monitorización continua del electrocardiograma (ECG) con un registrador de bucle implantable y la posterior anticoagulación si se detectaba fibrilación auricular reducirían el riesgo de accidente cerebrovascular o embolia arterial sistémica en pacientes con riesgo.

   Los registros nacionales daneses se utilizaron para identificar a las personas de la población general de 70 años o más con al menos uno de los siguientes factores adicionales de riesgo de accidente cerebrovascular: hipertensión, diabetes, insuficiencia cardiaca o accidente cerebrovascular previo.

   Los criterios de exclusión incluyeron cualquier antecedente de fibrilación auricular, actualmente con anticoagulación oral, una contraindicación para la anticoagulación oral o un dispositivo electrónico cardíaco implantable (CIED).

   Los participantes fueron asignados al azar para recibir monitorización continua de ECG o atención estándar. A los del grupo de seguimiento se les insertó un registrador de bucle implantable debajo de la piel en el lado izquierdo del pecho bajo anestesia local. El dispositivo registró continuamente (24 horas al día, 7 días a la semana) la actividad eléctrica del corazón.

   Todas las noches, los ECG que indicaban anomalías del ritmo cardíaco (como fibrilación auricular) se transferían de forma remota a un servidor para que los evaluaran los médicos. Si se diagnosticaba una fibrilación auricular que duraba más de seis minutos, se recomendaba a los pacientes que iniciaran la anticoagulación oral.

   El grupo de atención estándar tenía una consulta telefónica con una enfermera una vez al año. El resultado primario fue el tiempo hasta el criterio de valoración combinado de accidente cerebrovascular o embolia arterial sistémica.

   De esta forma, los expertos comprobaron que los participantes en el grupo de monitorización tenían más probabilidades de que se les detectara fibrilación auricular e iniciaran la anticoagulación oral en comparación con los que recibían la atención estándar.

   Y es que, se diagnosticó fibrilación auricular en 477 participantes (31,8%) en el grupo de monitorización y 550 (12,2%) en el grupo control. La anticoagulación oral se inició en 445 participantes (29,7%) en el grupo de seguimiento y 591 (13,1%) en el grupo de control.

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