La búsqueda de una terapia para la enfermedad de Batten

Terapia génica para la enfermedad de Batten
La enfermedad de Batten se puede beneficiar de la terapia génica
Actualizado 12/11/2015 12:38:20 CET

   MADRID, 12 Nov. (EUROPA PRESS) -

   En un estudio con perros, científicos han demostrado que una nueva forma de entregar genes de reemplazo puede ser eficaz para frenar el desarrollo de la enfermedad de Batten infantil, un trastorno neurológico raro y mortal. La clave puede ser inyectar virus que llevan los códigos para los productos genéticos en los ventrículos, que son compartimentos llenos de líquido en el centro del cerebro que funcionan como un sistema de fontanería.

  ¿QUÉ ES LA ENFERMEDAD DE BATTEN?

La enfermedad de Batten es un trastorno de almacenamiento lisosomal, uno de un grupo de patologías que causa problemas con la capacidad de una célula para degradar moléculas específicas.

LOS PRIMEROS SÍNTOMAS PUEDEN INCLUIR PÉRDIDA DE VISIÓN Y CAMBIOS DE PERSONALIDAD

Los primeros síntomas pueden incluir pérdida de visión, cambios sutiles en la personalidad y el comportamiento, aprendizaje lento, torpeza o tropiezos. Con el tiempo, los niños se quedan ciegos, postrados en cama y dementes y, por lo general, mueren dentro de la primera década de su vida. Actualmente no existen tratamientos eficaces.

   "Nuestro estudio abre la posibilidad de un tratamiento para esta forma de la enfermedad de Batten", afirma Beverly Davidson, directora del Centro de Raymond G. Perelman para Terapéutica Celular y Molecular del Hospital de Niños de Filadelfia y autora principal del estudio, que se publica en la revista 'Science Translational Medicine' y fue parcialmente financiado por los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos.

   Trabajando con científicos de la Universidad de Missouri, Columbia, Estados Unidos, el equipo de Davidson se centró en la forma infantil tardía de la enfermedad que se inicia en los niños de 2 a 4 años de edad y más a menudo es causada por mutaciones en el gen de la enzima lisosomal soluble tripeptidil peptidasa 1 (TPP1), una enzima que degrada las proteínas.

   Estos expertos demostraron que si se trata a los perros que tienen un trastorno similares inyectando un virus seguro que contiene el código del gen TPP1 en el líquido cefalorraquídeo que llena los ventrículos, los perros vivían aproximadamente dos veces más que los canes no tratados. Los síntomas como problemas con el movimiento, dilatación de la pupila y la toma de decisiones se retrasaron o, en algunos casos, no se produjeron. Sin embargo, el tratamiento no mejoró completamente la visión de los perros, lo que sugiere que la administrción al ojo en sí puede ser también necesaria.

   Cuando los científicos inspeccionaron los cerebros de los perros, encontraron que el tratamiento reduce el daño causado normalmente por la enfermedad. En comparación con los animales no tratados, los tratados poseían menos células gliales reactivas y lipofuscina almacenada, depósitos grasos que son característicos de la enfermedad de Batten y trastornos similares.

   "El doctor Davidson y su equipo llevaron a cabo un enfoque muy innovador para la terapia génica de la enfermedad de Batten --apunta Jill Morris, director del programa en el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidente Cerebrovascular de los NIH --. Estos resultados abren un camino prometedor hacia el desarrollo de tratamientos de larga duración para la enfermedad de Batten y trastornos de almacenamiento lisosomal similares".

   Otras inspecciones de los cerebros de los perros confirmaron la hipótesis de los científicos sobre cómo funcionaba la terapia, sugiriendo que las células del parénquima que recubren los ventrículos y la superficie del cerebro tomaron los genes inyectados desde el líquido cefalorraquídeo y fabricaron más proteína TPP1. Estas células secretan la proteína que, a su vez, se extendió por todo el cerebro.

Experimentos iniciales mostraron la importancia el tratamiento de los perros con el inmunosupresor micofenolato mofetil antes de inyectar el gen TPP1. El inmunosupresor impidió la producción de anticuerpos que aceleraron la limpieza de TPP1 del líquido cefalorraquídeo.