Publicado 09/04/2021 18:26CET

Sin dolor en las piernas, no hay beneficio de caminar en personas con enfermedad arterial periférica

Archivo - Gente caminando por el campo en Mallorca.
Archivo - Gente caminando por el campo en Mallorca. - GOB - Archivo

MADRID, 9 Abr. (EUROPA PRESS) -

Caminar para hacer ejercicio a una intensidad que induce dolor isquémico en las piernas (causado por la restricción del flujo sanguíneo) mejora el rendimiento de la marcha, es decir, la distancia y la duración de la marcha en las personas con arteriopatía periférica, según un estudio de Northwestern Medicine (Estados Unidos). En cambio, caminar a un ritmo lento que no induzca síntomas de isquemia en las piernas no es más eficaz que no hacer ningún ejercicio.

Este ensayo aleatorio, publicado en la revista científica 'JAMA', es el primero en demostrar que un programa de ejercicios de caminata en casa mejoró la capacidad de caminar en personas con enfermedad arterial periférica cuando el ejercicio se realizó a una intensidad alta que indujo síntomas de isquemia en las piernas, pero no cuando el ejercicio se realizó a una intensidad baja sin síntomas de isquemia en las piernas.

"Hemos demostrado que hay que caminar para provocar dolor isquémico en las piernas para obtener los beneficios. Disminuirá con el tiempo, y la mayoría de las personas acabarán siendo capaces de caminar más lejos sin molestias", explica la investigadora principal, la doctora Mary McDermott.

Si bien el ensayo no identificó los cambios biológicos que conducen a la mejora de la caminata, investigaciones previas muestran que el ejercicio intensivo estimula ciertas vías biológicas que promueven una mejor actividad mitocondrial, la fuente de energía química de la célula.

Las personas con enfermedad arterial periférica tienen obstrucciones en las arterias que ralentizan o detienen el flujo de la sangre hacia las piernas. Como resultado, tienen dolor y dificultad para caminar incluso en distancias cortas. Es comparable a la angina de pecho de las personas que padecen una cardiopatía sintomática. Existen pocas terapias para tratarla.

En el estudio, el primer mes consistió en visitas semanales en persona con el entrenador. Estas sesiones ayudaron a los participantes a conocer la diferencia entre caminar a alta y baja intensidad, les permitieron aprender a utilizar la tecnología utilizada para controlar la intensidad del ejercicio en casa y les ayudaron a empezar con su actividad física. A continuación, el programa consistía en llamadas telefónicas y seguimiento a distancia por parte de un entrenador.

Para el estudio, 305 personas con arteriopatía periférica de cuatro centros médicos fueron asignadas al azar a ejercicio de alta intensidad, a ejercicio de baja intensidad o a un grupo de control que recibió llamadas telefónicas que no trataban sobre el ejercicio. A los aleatorizados a una intervención de ejercicio se les pidió que caminaran hasta 50 minutos por sesión, cinco días a la semana.

A los de alta intensidad se les pidió que caminaran a un ritmo lo suficientemente rápido como para provocar síntomas de isquemia en las piernas durante el ejercicio. A los asignados a baja intensidad se les pidió que caminaran a un ritmo cómodo que no indujera síntomas de isquemia en las piernas.

La intensidad se controló a distancia mediante un monitor de actividad que los participantes llevaban durante el ejercicio. Estos datos se cargaron en el sitio web del estudio y fueron visualizados por los entrenadores del mismo. La caminata de seis minutos, la prueba de la cinta rodante y los resultados informados por los pacientes se midieron al inicio y a los 12 meses de seguimiento.

Los pacientes que participaron en el ejercicio de caminata de alta intensidad mejoraron significativamente la distancia que podían caminar en seis minutos en comparación con el grupo de baja intensidad o el grupo de control. El grupo de ejercicios de alta intensidad también mejoró significativamente el tiempo que podían caminar en la cinta de correr al final del estudio, en comparación con cada uno de los otros dos grupos.

"Hay que aconsejar a los pacientes con arteriopatía periférica que caminen para hacer ejercicio a un ritmo que induzca síntomas de isquemia en las piernas para obtener un beneficio. El ejercicio es la terapia no invasiva más eficaz para mejorar la marcha en estos pacientes", concluye McDermott.